“Ahora hay más motivos que nunca”
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MADRID (DPA).- “Hay más motivos para la indignación que nunca”. En su primer aniversario, los indignados volvieron a tomar la Puerta del Sol de Madrid, símbolo y epicentro de las protestas de hace un año, que ahora, según clamaron, son más necesarias, en una España en la que la crisis se ha agravado y los ciudadanos sufren ya las consecuencias de los profundos recortes del gobierno. “Vuestra crisis no la pagamos”, gritaron los indignados en el kilómetro cero de Madrid, abarrotado y desbordado por miles de manifestantes. “Todos tenemos una responsabilidad con la política, aunque nos hayan educado para ser simples espectadores”, decía Carlos, de 31 años, que trabaja en una ONG de cooperación al desarrollo. “Parece que habíamos olvidado que la política es algo que pertenece a la ciudadanía y ahora estamos despertando”, decía mientras avanzaba por la calle Atocha en su intento de llegar en una de esas cuatro marchas al kilómetro cero de la capital. “Todavía hay tiempo para cambiar el sistema”. Un helicóptero de la policía sobrevolaba mientras la zona, en la que una marea humana exigía un cambio en el modelo político, social y económico, en medio de un ambiente festivo, a ritmo de batucadas y animado por algunos grupos de teatro que realizaban performances. Gritaban contra la corrupción, el bipartidismo, la polémica reforma laboral impulsada por el gobierno de Mariano Rajoy y los ajustes del gasto que, en un intento del Ejecutivo de reducir el abultado déficit público de España, afectan también a pilares básicos del Estado de bienestar como la sanidad y la educación. “Contra los recortes, no te cortes!”, coreaban muchos, alternando el cántico con el ya clásico “Oe, oe, oe, lo llaman democracia y no lo es”. “Nos van comiendo los derechos”, se alertan entre ellos El día del regreso de los indignados a las calles de Madrid aparecieron también consignas y pancartas nuevas, que hacían referencia a acontecimientos recientes en el panorama español, como la nacionalización de Bankia, la cuarta entidad financiera del país y la más expuesta al sector del ladrillo, o la polémica por el viaje del rey Juan Carlos a Botsuana en un viaje de caza. “No a la monarquía, sí a los elefantes”, se escuchó. Entre los manifestantes ondeaban algunas banderas de Grecia en apoyo a los ciudadanos de un país que está sufriendo de forma muy dura la crisis económica y financiera. Jóvenes, adultos, parejas con niños afrontaron el reto de demostrar que el movimiento ciudadano que se extendió al margen de partidos y sindicatos sigue vivo un año después, en una España en la que las cosas han ido a peor. La economía ha vuelto a entrar en recesión, el desempleo sigue creciendo y ya afecta a uno de cada cuatro trabajadores, con más de 5,6 millones de personas sin empleo. “Creo que hace falta protestar y demostrar en la calle que estamos hartos todos”, decía a DPA Daniel, de 32 años. Y mientras, su amigo Carlos miraba ya al futuro de una posible nueva ola de protestas. “Habrá que seguir viniendo para ejercer un derecho fundamental a la participación política”, decía. “Si no, nos van a ir comiendo todos los derechos”. Durante cuatro días los manifestantes se proponen organizar una “asamblea permanente” en abierto desafío a la prohibición oficial. “Es importante mostrar que seguimos aquí, que hay miles de personas que quieren un cambio y que están dispuestas a trabajar para ello”, dijo Marina Santos, una manifestante de 23 años y empleada en una oficina, a su llegada a la plaza de Cibeles, uno de los puntos de concentración.
Los jóvenes temían desmanes por la fuerte custodia policial que los cercó en Madrid.
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