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Algunos ejemplos de reforestación pos-incendio en la cordillera

Las experiencias desarrolladas por el INTA sirven para acelerar el proceso de recuperación y crear conciencia.





oportunidades para rehabilitar el ecosistema

Durante su prolongado ciclo de vida, un ecosistema boscoso se ve sometido naturalmente a diferentes tipos de disturbios que impactan en su sostenibilidad ecológica, entre los que se destacan los incendios forestales, por constituir eventos catastróficos de gran impacto. Su frecuencia, intensidad y duración dependen de varios factores naturales como la cantidad de combustible (material seco dentro del bosque), la duración de los períodos de sequía y la frecuencia del origen de la ignición.

A nivel mundial, las causas naturales por las que se inician los focos, generalmente rayos que ocurren durante las tormentas eléctricas, representan sólo el 5% de los casos, mientras que el 95% de los incendios forestales lo origina el hombre, ya sea intencionalmente, en un 60 a 70%, o por negligencia, en un 15 a un 25% de los casos.

Durante el 2011, los bosques andino-patagónicos registraron 1.414 incendios, de los cuales 307 obedecieron a la negligencia, 896 fueron intencionales, 15 a causas naturales y 196 vinculados con causas desconocidas, es decir, en el 85% de ellos por el factor humano.

En la zona boscosa de la Patagonia Norte, el fuego forma parte de la dinámica natural, favoreciendo la regeneración de algunas especies y estableciendo un balance de competitividad entre las mismas. Esta coevolución fuego-bosque en la región originó adaptaciones al fenómeno en varias de las especies arbustivas y arbóreas.

Paisajes de cuentos, bajo amenaza

En la provincia de Río Negro es donde se producen más incendios por año y el departamento de Bariloche es el de mayor cantidad dentro de ella. Neuquén registró 157 focos durante el 2011, mientras que Río Negro tuvo 1.130, de los cuales 1.063 ocurrieron en los alrededores de San Carlos de Bariloche.

Sin embargo, la superficie alcanzada por cada foco de incendio es en promedio pequeña, lo que, entre otros motivos, indica que el combate es verdaderamente efectivo. Demuestra el grado de avance en lo organizacional, en el equipamiento para el combate (aún escaso) y en la formación y dedicación de los brigadistas de las diferentes instituciones como el Splif (Servicio de Prevención y Lucha contra Incendios Forestales), ICE (Incendios, Comunicaciones y Emergencias) de Parques Nacionales, Bomberos Voluntarios de Bariloche y zonas aledañas y el Programa Nacional de Manejo del Fuego, entre otros.

Investigación al servicio de la restauración de bosques

El primer programa orgánico y sistemático sobre conservación y uso de los recursos genéticos forestales nativos para la restauración de ecosistemas boscosos degradados y para plantaciones de producción de madera de alta calidad, comenzó en INTA Bariloche en 1993 con algunas de las especies de los bosques andino-patagónicos. La acción fue posible gracias a una interacción entre la Estación Experimental de INTA en Bariloche y el Parque Nacional Lanín.

A partir de los primeros estudios con raulí y roble pellín, se dio una continuidad de trabajo con ciprés de la cordillera, araucaria araucana, ñire y lenga. En el centro y norte del país, el INTA trabaja con otras especies de alto valor maderero y cultural tales como cedros, algarrobos, peteribí, palo santo, pino paraná, lapacho, etc. El programa citado es financiado por la institución y otras fuentes nacionales e internacionales, en el que se logró un importante desarrollo tecnológico de fuerte vinculación con el territorio.

Ejemplos de reforestación

En enero de 1996 tuvo lugar un incendio forestal en el cerro Catedral que afectó unas 704 hectáreas de bosque, matorrales y pastizales, en los alrededores del centro de esquí. De la superficie quemada, unas 197 ha correspondían a bosque de ciprés (Austrocedrus chilensis) y 14 ha a bosque ciprés-coihue.

Desde la EEA Bariloche se analizaron propuestas para mitigar el daño provocado por el incendio. El Grupo de Genética Ecológica y Mejoramiento Forestal de la institución trabajó en estudios de diversidad genética y en el inicio de un programa de domesticación de especies forestales nativas, entre las que se incluyó el ciprés de la cordillera.

El objetivo de esos estudios fue, y lo es aún hoy, la conservación del bosque nativo mediante dos estrategias. Por un lado se identifican aquellas poblaciones de mayor diversidad y/o con particularidades genéticas que ameriten ser priorizadas en programas de conservación.

Por otro lado se pretende cultivar algunas especies forestales nativas para restaurar ecosistemas boscosos degradados y, fuera del área de distribución natural, establecer plantaciones comerciales, de modo de que en el futuro la madera se extraiga de allí y no del bosque nativo.

Aprovechando los conocimientos en cosecha de semillas, limpieza y almacenamiento, siembra y manejo en vivero de ciprés de la cordillera, se propuso en la primera experiencia una plantación demostrativa de esta especie a una escala de varias hectáreas. A fines de los veranos de 1996 y de 1997 se cosecharon semillas de árboles sobrevivientes próximos a la zona quemada. Por tratarse éstas del mismo bosque a rehabilitar, se aseguró la adaptación de los cipreses plantados a las condiciones del sitio quemado y, además, se evitaba la “contaminación genética” en zonas vecinas del Parque Nacional Nahuel Huapi, cuando los árboles plantados produjeran semillas y polen, ya que no se modificó el acervo genético del bosque.

Durante los otoños de 1999 y 2000 se plantaron unos 15.000 cipreses, criados en maceta, en un área de unas 12 hectáreas, en cuatro sectores, con diferentes calidades de sitio. El método de plantación utilizado fue bajo protección de plantas nodrizas, utilizando arbustos nativos que rebrotaron después del incendio.

La plantación en el cerro Catedral fue en ese entonces la más importante de una especie forestal nativa. En forma simultánea también la Dirección de Bosques de la provincia de Río Negro efectuó algunos ensayos de plantación de cipreses en menor escala y la Asociación Civil Sembrar realizó, y continúa haciéndolo, una valiosa tarea de difusión sobre el cuidado y restauración del bosque nativo que involucra a alumnos y docentes de colegios primarios y secundarios en las actividades de plantación.

Evaluaciones posteriores de prendimiento y crecimiento indicaron que el trabajo resultó sumamente exitoso en esta primera experiencia de plantación masiva de una especie forestal nativa.

Transcurridos quince años de aquella plantación, hay individuos que ya superaron los cuatro metros de altura.

En el área quemada, donde rebrotaron los arbustos, prácticamente no se observa regeneración natural de ciprés de la cordillera, por lo que se confirmó que los trabajos de restauración son necesarios para acelerar los tiempos de recuperación parcial del ecosistema.

En 1999 se produjeron varios incendios en la región, uno de ellos afectó aproximadamente 200 hectáreas de bosque de ciprés de la cordillera (Austrocedrus chilensis) en la reserva forestal “Loma del Medio – Río Azul”, creada en 1948 y administrada en la actualidad por el INTA Bariloche desde el Campo Forestal General San Martín, Las Golondrinas, Chubut.

Los trabajos para la recuperación del área quemada fueron iniciados inmediatamente después de ocurrido el incendio por parte del grupo de técnicos y profesionales del CFGSM del INTA, con la colaboración de personal del Servicio Forestal Andino de Río Negro.

Luego de utilizar diferentes tipos de plantas y distintos métodos y densidades de plantación finalmente se confirmó que la mejor forma era plantar con protección de nodriza y controlar durante los primeros años el crecimiento de las herbáceas que pudieran llegar a ahogar a las plantas de ciprés.

Se pasó de una sobrevivencia del 50% en las plantaciones del 2004 a una del 80% en los años siguientes. Se tuvo especial atención en la elección del sitio y la ubicación de las plantas en el terreno, procurando que el “efecto nodriza” fuera efectivo, siendo mejores aquellos lugares con cobertura masiva de los arbustos.

En cuanto a las densidades de plantación se comenzó en los primeros años con unas 500 plantas por hectárea. En el 2007 se habían plantado ya unas 30.000 plantas de ciprés, cubriendo aproximadamente unas 25 hectáreas del área quemada, llegando al 2011 a más de 50.

En marzo del 2009 se desató un incendio en la zona Tromen del Parque Nacional Lanín (PNL). Se pudo contener recién un mes después y la superficie total afectada fue de 2.976 hectáreas.

A sólo meses de finalizado el siniestro, se procedió a plantar unas 900 araucarias de 4, 5 y 6 años de edad, generadas con semillas procedentes del mismo bosque.

Las plantas utilizadas se produjeron en el vivero experimental de la Unidad de Genética Ecológica y Mejoramiento Forestal del INTA Bariloche, en el marco de un proyecto de investigación ejecutado por INTA-APN y Bioversity International.

Durante el 2011 y 2013 se reforestó con plantas del mismo origen, procedentes de semillas de los sobrevivientes adultos del incendio. La disposición espacial de las mismas en el terreno fue irregular, imitando la disposición natural.

Con estas intervenciones se busca asistir a la recuperación de la cubierta vegetal, priorizando revertir el impacto visual negativo producto del incendio, la oportunidad de realizar educación ambiental hacia alumnos de escuelas rurales y la difusión de estas acciones hacia los grupos sociales que utilizan el sector en forma recreativa.

Las plantaciones se realizaron con la participación de alumnos de dos establecimientos educativos de la zona, el Cepem Nº 7 de Junín de los Andes y la Escuela Agrotécnica perteneciente a la Fundación Cruzada Patagónica. Desde el PNL participaron el Área Forestal Técnica, los departamentos de Conservación y Manejo y del ICE (Incendios Comunicaciones y Emergencias) y Guardaparques.

Leonardo Gallo

EEA Bariloche INTA


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