Aliados, socios y ahora unidos "por el espanto"



“Con Gutiérrez y Weretilneck tenemos un acuerdo de hecho”, dice un vocero del ministerio del Interior. “Nos une el espanto de un triunfo kirchnerista”. Si ese ha sido el desafío, Neuquén podría ofrecer ahora un motivo menos de preocupación para Mauricio Macri. Sin embargo, el resultado en la provincia es una muestra, la primera, del difícil camino por el que deberá atravesar el gobierno nacional hacia las elecciones de octubre. El holgado triunfo de un aliado como Gutiérrez y la incuestionable derrota del frente kirchnerista no pueden disimular el fracaso de Cambiemos en la provincia, un proyecto que en los análisis de la Casa Rosada despertaba hasta hace no mucho la ilusión de  la gobernación. Las últimas semanas el objetivo se había reducido a mejorar la perfomance de 2015, un umbral que el gobierno también se impuso para la elección en Río Negro. Quedó lejos de aquel registro.

La experiencia de Neuquén abre para el gobierno un empinado calendario en el que sus candidatos serán desafiados en 15 provincias antes de la elección nacional. Aunque algunas lo disponen por ley, la decisión de desdoblar masivamente las elecciones locales fue una iniciativa de los gobernadores del justicialismo. Buscaban despegar sus comicios de la polarización nacional -y de la falta de un liderazgo definido en el peronismo-  y asegurar así su territorio. Una estrategia de preservación.   

Macri logró que los dos gobernadores del Pro, María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires y Horacio Rodríguez Larreta en la Ciudad, unificaran las fechas con la de la elección presidencial.  No sin un fuerte trabajo de persuasión en el caso bonaerense: las encuestas en la provincia le atribuyen a la gobernadora una intención de voto de hasta 10 puntos por encima del presidente. Para no hablar de las mediciones de imagen, que aún sitúan a Vidal  como la dirigente mejor ponderada del país.  

Producto de la crisis y de su derrumbe en las encuestas, el presidente no pudo impedir en cambio que las provincias gobernadas por el radicalismo –Jujuy, Mendoza y Corrientes, que renueva  este año su Legislatura- decidieran adelantar los comicios y lo abandonaran a su suerte en el desafío por la reelección. Los gobernadores Gerardo Morales y Alfredo Cornejo aseguran que el fenómeno de Vidal en Buenos Aires se repite en sus provincias. En el caso de Jujuy, donde Cambiemos además tiene a peronistas renovadores como aliados, Morales necesita tomar distancia de la pulseada nacional. Macri hizo un último intento para alinear a ambos en un encuentro del que también participó Larreta durante sus vacaciones en Villa la Angostura. Fue en vano.

El gobierno presentó ese revés como un acuerdo. Pero es verdad que Morales y  Cornejo podrían eventualmente  ofrecerle a Macri dos triunfos  -en junio, antes de las Paso, en Jujuy y en septiembre, antes de la general, en Mendoza- entre lo que se anticipa como largo encadenamiento de derrotas para Cambiemos.

La política siempre sorprende, pero los resultados locales no son un predictivo de la elección nacional. Sí instalan en cambio una expectativa.

La política siempre sorprende, pero los resultados locales no son un predictivo de la elección nacional".

Una victoria kirchnerista habría representado un triunfo simbólico para Cristina Kirchner en el juego de polarización con Macri. También -y sobre todo- en su búsqueda de una nueva hegemonía peronista: Neuquén ha sido la primera experiencia de la “unidad” diseñada por la expresidenta. Deberá esperar por otra prueba.

Ganar en Neuquén era en el caso de Macri un albur. No hace falta recordar que el gobierno dejó librado a su suerte al Pechi Quiroga y que el mismo Quiroga despojó su campaña de toda referencia macrista. El ministro Frigerio evitó un paso por la ciudad en su reciente visita a la región. Sólo Martín Lousteau y Alfonso Prat Gay, dos hombres del radicalismo, se contaron entre los pocos que acompañaron en Neuquén la aventura del  intendente. Las declaraciones del diputado  Leandro López Koenig en favor de un “voto útil” fueron un anticipo de lo que hemos visto hoy.  “Lo que pasó en Neuquén es una muestra de que el gobierno no sabe hacer política en las provincias”, dice un hombre que integró el gabinete de Macri y hoy juega a ciegas una apuesta política en un distrito del noroeste.  

Más allá del factor Vaca Muerta sobredimensionado en la estrategia de sembrar temor, Neuquén apenas cumple para Macri con la expectativa de evitar una victoria de Cristina en la apertura del año electoral. Un objetivo modesto para las ambiciones con las que llegó al poder. Divorciado de sus candidatos, a Macri  aún le espera un recorrido lleno de dudas sobre la viabilidad de su reelección.


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