Altos y bajos de la Fiesta Nacional del Teatro

Elencos de Regina y Neuquén, elogiados.




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Eduardo Rouillet

eduardorouillet@gmail.com

“La razón blindada”, la obra que representó a

Río Negro, fue destacada. Este diario habló con su director.

Bajo el lema “El teatro entre nosotros” se desarrolló la XXVII Fiesta Nacional del Teatro, que culminó en La Rioja anteayer, con una asistencia total de 11.000 espectadores.

Durante diez días la ciudad capital recibió a 33 elencos de todo el país, quienes aportaron un panorama de la actividad escénica nacional.

La fiesta concluyó con el Taller de Teatro Comunitario dictado por Raúl “Quico” Saggini y la puesta de “Apátrida, 200 años y unos meses” en el Nuevo Teatro VMC, de Rafael Spregelburd quien además la actuó y dirigió.

Entre los puntos altos fueron destacados la puesta de Spregelburd; la de Villa Regina, con “La razón blindada”; el elenco Casiopea de General Pico dirigido por Alberto Callaqueo; “Pezones mariposa”, con Lorenzo Quinteros, que debió agregar una función a pedido del público; la actriz y directora Vanina Corazza en “Febrero adentro”, por Mendoza, “La cena” de Roberto Perinelli, por el elenco Chico Prieto de Corrientes; “Tartufo o los impostores” de la Compañía –tucumana– Filodramática de Socorros Mutuos; “La escala humana”, por Los Otegui de Chubut, y “Antropomorfia”, del Elenco Patagónico de Danza Contemporánea de Neuquén, espectáculo de teatro-danza que con sencillos, claros y concisos movimientos expuso actitudes humanas tan claramente reconocibles como necesarias de seguir interrogando.

Para corregir

Entre los aspectos del festival de teatro a corregir, la capacidad de las salas –salvo dos espaciosas, con butacas fijas y comodidad para el espectador– que comprime el espacio para la puesta y el movimiento actoral; el ya histórico corrimiento de horarios a partir de la segunda función que, en este caso, hizo que algunos elencos comenzaran a actuar en las primeras horas del día siguiente; el uso de una suerte de “argentino neutro” en muchas realizaciones, ocultando el cantito regional de los actores, fácilmente audible durante los almuerzos y cenas que este enviado compartió con delegaciones participantes.

Además de los autores ya mencionados, en la FNT hubo una ponderable y nítida presencia de autores nacionales –Rafael Bruza, Alejandro Tantanián, Javier Daulte, Bernardo Cappa, Julio Chávez, entre otros– pero sin pasarlos por la necesaria mirada local, particular, identitaria.

Si como bien Guillermo Parodi –director ejecutivo del Instituto Nacional del Teatro, tras el alejamiento de Raúl Brambilla– apunta a un “cambio hacia una gestión cultural profundamente federal y acorde con el proyecto nacional de inclusión”, ello debe aparecer también en el debate, el tratamiento de los textos, en la consideración del acento territorial.

José María Muscari, que ofreció a mitad de semana su Taller de Puesta en Escena y Dirección, expresó al respecto que “está bueno trabajar con matices relacionados con la propia identidad de las personas. Siento que soy un director con un signo personal bastante fuerte y trato de transmitirlo. Básicamente intento comunicar que cada uno pueda descubrir su propio signo y apostar a sí mismo, más allá de lo que el afuera diga”.


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