Amistad
en clave de y
MARÍA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com
Felizmente, trasciende el “Día del Amigo” (y “la Amiga”, debo decir, sobre todo en el caso de cientos y cientos de grupos de amigas que florecen). Por alguna razón, o por varias, justificadamente, se me ocurre que es de las pocas efemérides del tipo no patriota, por la que no hace falta decir “todos los días deberían ser día de”. Lo que sea, el medio ambiente, la madre, lo que usted busque. Puesta a rememorar, los amigos, y sobre todo las amigas, han tenido presencia permanente. Y han sido el sostén de más de una situación difícil, y la contención de la rutina de los días. En tren de verdades, más de una vez he sido, y soy, injusta con amigos y amigas cuyas manos tendidas he soltado de a poco. Quizás usted sepa de esto –y si no sabe, bien por usted, las manos están unidas–. Motivos, o pretextos, sobran: no tengo ganas, estoy muy ocupada, gracias, nos vemos pronto, va a ser un plomo, va a estar fulana y no… Un barco frágil de papel parece, a veces, la amistad, entona Alberto Cortez. Y sí, necesita cultivarse aún en momentos de esos pesados de sobrellevar, o diré mejor, sobre todo en esos momentos pesados de sobrellevar, porque quizás no me haya dado cuenta, ellos, ellas, estuvieron y están en mis momentos pesados. Entonces soy ingrata. No importa. Porque lo bueno que tiene la amistad es que los puentes se retoman fácilmente. Lo bueno que hoy me propongo, y le propongo, es no volver a soltarlo, porque si miramos el ayer y el hoy, esta gente amiga, yo, usted como tal, somos expresión de lo mejor del ser humano. Me parece que es así porque no responde a costumbres o hábitos o alianzas genéticas: es un acto voluntario, que muchas veces no necesita ponerle palabras. Un encuentro se convirtió en ese lazo, un favor dio inicio a la amistad… vaya a saber. Lo rutinario o casual devino en un acuerdo implícito, que se hace explícito en cada encuentro, cada llamada, cada correo. Y si los lazos de sangre devienen en amistad, si el hermano o hermano es además amigo, amiga, la relación toma una riqueza inagotable, surtida de cunas comunes que crecen en sentido, reinventan la historia, la nutren de la perspectiva de los años y la experiencia. Tengo hermanos y hermanas constructoras de este milagro. Es hermoso. Sobre ese acuerdo, la amistad, se ha escrito y pintado y cantado mucho. Yo quiero compartir con usted lo que, aseguran, es el pilar de una antigua civilización mesoamericana, los toltecas. Está resumido en “Los cuatro acuerdos”. Como usted verá, tienen familiaridad con otras corrientes de pensamiento, antiguas y contemporáneas. Investigar sobre su origen y veracidad es fascinante, pero, ¿qué importa ahora? Ahora importa que sobre estos acuerdos se puede construir y sostener la amistad, y aún una vida amistosa. Los ha recopilado sobre todo el mexicano Miguel Ruiz. Ahí van: Sé impecable con tus palabras. No te tomes nada personalmente. No hagas suposiciones. Haz siempre lo máximo que puedas. El libro, “Los cuatro acuerdos” es de lectura fácil y, a la vez, inusitadamente compleja. Cada palabra, si una quiere, si se detiene, “habla”, como hacen las palabras cuando las escuchamos. Brillan y trasmiten, refieren a cuestiones a veces dolorosas de admitir, generalmente sencillas y audaces. Si acepta el regalo, ¡que lo disfrute!