ARA San Juan



Mar del Plata

Un viejo dicho dicta: “Cuando escuches a algún mortal culpar con sobrado esmero a quien ha muerto de su suerte, sabrás cuán culpable es él de ella”, y el ministro de Defensa Oscar Aguad no parece querer dejar margen de duda.

A un año y medio del hundimiento del submarino ARA San Juan, aquel 15 de noviembre del 2017, en el que perdiera la vida toda su tripulación, decenas de anécdotas oídas de boca de quienes ya no pueden defenderse se replican en las calles de una ciudad marítima, esa que fuera la morada de tan controvertida nave y de Comando, el perrito que aún sigue mirando el horizonte esperando el más improbable arribo.

Hablan de destreza, de dedicación, y de preocupación extrema. Hablan del valor de abordar una nave en estado dudoso, que seguramente es la única culpa que a los submarinistas les cabe.

Me pregunto cómo harán para borrar la verdadera historia de la memoria de los argentinos, esa que aunque se esforzaron por no contar conoce la gente.

Karina Zerillo Cazzaro

DNI 21.653.863


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