Argentina: paraíso de sindicatos, infierno de empresas
Miguel H. Schindler *

Con fascinación observamos en un noticiero de la época la toma de la cervecería de Bemberg, en Quilmes, durante el primer peronismo. Los obreros y sindicalistas festejaban con fruición el atropello como si fuera una devolución al pueblo de lo que legítimamente le pertenecía.
De la misma manera, los medios oficialistas aprueban con alborozo patriótico la intervención de Vicentin o la retirada de Latam de las rutas de cabotaje. El sindicalista Pablo Biró se cree con derecho de solicitar la confiscación de los aviones basado en su eficaz y extorsiva contribución en destruir la compañía.
El gobierno suspendió por DNU la aplicación de la Ley de Contrato de Trabajo impidiendo aplicar la fuerza mayor para acordar con los empleados, imponiendo doble indemnización y forzando al pago del 100% de los salarios. Como lo reconoció con honestidad el expresidente izquierdista José Mujica, “no es factible” obligar a las empresas la suspensión de los despidos (y renunció a su cobro como senador). Con toda certeza, sin trabajar ni facturar esto no es humanamente posible sin perjudicarlas y sin conducir a la ruina a gran parte de las empresas.
La ideología preponderante en el gobierno y estas acciones de chavismo explícito no permiten imaginar otro panorama que no sea el frío y sombrío de la actualidad.
Quisiera plantear, sin embargo, otro escenario fantástico, inconcebible en el nuestro, pero natural y corriente en casi todos los demás países.
Un escenario propicio para la existencia de las empresas.
Listo cuatro factores que considero indispensables para este objetivo: entorno, reglas de juego, moneda, relaciones laborales.
Entorno propicio
Es necesario mejorar la imagen pública de la empresa privada para que el electorado no favorezca opciones en su contra. Conseguir que la sociedad reconozca y comprenda que la empresa privada es fundamental para generar trabajo genuino y reducir la pobreza. Entender que el crecimiento y el desarrollo coinciden con la aceptación de la propiedad privada, las inversiones y el ahorro y que para esto tenemos que aceptar la desigualdad de ingresos y de ahorros.
Reglas de juego claras, estables y simples
– No puede haber discriminación, no puede haber ventajas para uno sobre otros. En especial resultan muy distorsivos y dañinos los privilegios otorgados por el poder político y la intervención del Estado. Las personas que medran con estas prácticas, que tienen la vaca atada o que corren con el caballo del comisario, debieran ser catalogadas en la prensa según la especialidad delictiva que profesen y no como “empresarios”.
– La discriminación positiva también es discriminación. A largo plazo termina siendo contraproducente y siempre es injusta para los demás. Las moratorias, promociones, créditos especiales y subsidios deben ser muy cuidadosos. En realidad lo que se necesitaría es la reducción de impuestos uniformemente para todos.
– Es necesario desenredar la maraña de trabas y barreras listadas en interminable número de leyes y regulaciones, deliberadamente confusas, en las que siempre hay algún lugar para la multa, el permiso y la barrera.
Moneda
La inflación es un fraude que permite a los políticos gastar más de lo que disponen.
La inflación es en realidad una falsificación moralmente inaceptable. Es una estafa que diluye el valor de la moneda a costa de los que tienen ahorros o son acreedores de deudas.
El trabajo y la mano de obra no pueden ser un costo fijo para las empresas. Contratar a una persona no puede ser equiparado a un trámite de adopción.
No es verdad que afecta más a los que menos tienen. Afecta a todos, especialmente a los que no pueden gastar todos los pesos inmediatamente y tienen que conservarlos forzosamente.
Las empresas desgraciadamente no pueden desprenderse de todos los pesos y deben conservarlos para pagar más impuestos, salarios, y guardar para mañana.
La inflación causa grandes pérdidas a las empresas por los depósitos y cuentas a cobrar, pero también por impuestos anticipados. Por amortizaciones no actualizadas. Por diferencias de cambio.
Relaciones laborales
El trabajo y la mano de obra no pueden ser un costo fijo para las empresas. Contratar a una persona no puede ser equiparado a un trámite de adopción.
La opinión pública cree que las fuentes de trabajo son sagradas y que hay que mantenerlas a toda costa.
En realidad estas relaciones rígidas que se transforman en forzadas son un inconveniente para generar nuevos empleos y para el funcionamiento de las empresas.
* Ingeniero. Presidente de DeltaP S.A.