Argentina y Venezuela, ¿mismo rumbo?

Abrevando ambos en el populismo como instrumento de desarrollo, chavismo y kirchnerismo, cada uno a su ritmo, insisten en recetas que llevan a sus países a crisis socioeconómicas. El personalismo y el autoritarismo que definen las formas y estilos de ejercicio de poder se nutren mucho del peronismo más lejano.



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Hace algunos años, cuando todavía vivía Néstor Kirchner, los analistas internacionales no sabían adónde ubicar a la Argentina en el contexto geoestratégico latinoamericano. Visibilizaban un bloque de países de democracias más o menos consolidadas (Brasil, Chile, Uruguay, Perú y Colombia) y otro bloque “bolivariano” bajo la hegemonía de Hugo Chávez y Raúl Castro (Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y Cuba). Sin embargo no atinaban a situar a la Argentina en alguno de estos dos espacios y la dejaban flotando en una suerte de limbo internacional.

Desde que Cristina Fernández adoptó la estrategia de “ir a por todo” la aproximación al modelo bolivariano ha ido en aumento. La decisión de expropiar YPF y en especial el modo en que se hizo –sin abonar la indemnización previa– situaron a su gobierno, al menos desde la óptica de los analistas internacionales, dentro del estilo peculiar del malogrado presidente Chávez (“¡exprópiese!”).

Recientemente, cuando se produjo el fallecimiento de Chávez, la afinidad con aquel régimen ha sido asumida sin rubor alguno por la propia presidenta. Como se apreciará a continuación, la notable semejanza de las políticas macroeconómicas, sociales y políticas adoptadas evidencian que estamos ante una aproximación que va más allá de lo casual.

La macroeconomía populista

Las políticas características de la macroeconomía populista han sido objeto de descripción en un conocido ensayo de los años 90 escrito por los profesores Rudi Dornbusch y Sebastián Edwards (“Macroeconomía del populismo en América Latina”, FCE, 1992).

Allí señalan que los regímenes populistas han intentado resolver los problemas de la desigualdad mediante el uso de políticas de sobreexpansión de la demanda, recurriendo al financiamiento deficitario y descuidando los equilibrios económicos básicos, lo que termina inexorablemente en una situación de crisis. Tanto en Venezuela como en la Argentina se aplican las siguientes políticas macroeconómicas que siguen el modelo populista:

Incentivación de la demanda mediante fuerte emisión monetaria que termina impulsando la expansión del gasto público y finalmente la elevación nominal de los salarios. El resultado es una inflación galopante, superior al 25% en ambos países, que se intenta paliar mediante el control administrativo de precios. Esto provoca inexorablemente problemas de desabastecimiento.

Subsidios generalizados a los bienes y servicios de consumo básico, lo que da lugar a un creciente déficit fiscal que en Argentina se sitúa en el 3,8% del PBI, según el FMI, y en Venezuela está en el 7,4 % del PBI, también según el FMI, aunque analistas privados lo elevan al 20%. En Venezuela el gobierno importa alimentos, autos y electrodomésticos que son luego vendidos por debajo de su precio oficial.

Los subsidios a los combustibles –la nafta vale unos cuatro centavos de dólar– equivalen a unos 11.000 millones de dólares, una cifra bastante similar al costo que tienen los subsidios al transporte, el gas, el agua y la electricidad en la Argentina, que al valor del dólar oficial alcanzan los 15.000 millones de dólares.

Retraso del tipo de cambio que se utiliza como recurso para amortiguar la inflación. Este retraso desestimula las exportaciones que no están vinculadas a los productos estrellas de ambas economías: el petróleo y la soja. La industria del petróleo le reporta el 90% de los ingresos por divisas a Venezuela, que se ha visto favorecida por el incremento de los precios del barril, que subió desde los 12 dólares cuando Chávez asumió a los 100 dólares de la actualidad. En relación con la soja aconteció algo parecido, dado que subió desde los 200 dólares la tonelada a finales del 2002 a los 535 dólares en que se cotiza en la actualidad.

Protección arancelaria para reducir las importaciones o medidas parafiscales que se aplican de modo arbitrario desorientando a las industrias locales que necesitan insumos extranjeros para no paralizar su producción.

Fuga de capitales, falta de inversión local y ausencia de inversiones extranjeras. La creciente intervención estatal y la consiguiente inseguridad jurídica estimulan la salida de capitales, que intenta ser reducida mediante el control de cambios. En Venezuela existe un rígido control de cambios desde el 2003 y el precio oficial del dólar es de 6,3 bolívares desde su devaluación en febrero, aunque en el mercado paralelo se vende por hasta 25 bolívares. Ante las dificultades para obtener divisas en el mercado oficial y el encarecimiento en el paralelo, una economía que compra en el exterior la mayor cantidad de bienes alimenticios se ha visto impedida de importar muchos productos, lo que se ha traducido en una mayor escasez. En la Argentina el dólar “blue” se cotiza ya a un 60% por encima del valor del dólar oficial.

La política de expropiaciones

Desde que asumió el poder, Chávez dispuso la adquisición forzosa de empresas petroleras, eléctricas, siderúrgicas, bancos y telefónicas. En este sentido el gobierno de Venezuela lleva una enorme delantera al gobierno argentino, puesto que se calcula que han sido 1.100 las empresas expropiadas por Hugo Chávez durante sus 14 años en el poder frente a un número menor de expropiaciones ordenadas por el gobierno argentino, entre las que se destaca YPF. Se calcula que el Estado venezolano adeuda a empresas locales y extranjeras que fueron expropiadas unos 23.000 millones de dólares, al haber sólo cancelado 11.000 millones de los 34.000 millones de la deuda total. Argentina, por su parte, afronta en el Ciadi demandas formuladas por 42 empresas que le exigen indemnizaciones por 65.000 millones de dólares.

Políticas sociales

Según la Cepal, en el año 1999 la pobreza en Venezuela afectaba al 49% de la población. En el 2011 se redujo al 30% de la población, pero para tener un elemento comparativo debe señalarse que en el mismo período la pobreza en Chile pasó del 21% al 11% de la población. Esto quiere decir que, luego de 14 años de gobierno bolivariano, Venezuela tiene una tasa de pobreza que triplica la de Chile. La falta de sustentabilidad del proyecto bolivariano se evidencia en la elevada tasa de informalidad que ha pasado del 53% en 1999 al 40% en el 2010.

Chávez ha implementado políticas sociales mediante las denominadas “misiones”. Sin embargo, estas políticas no han conseguido disminuir los elevados niveles de criminalidad: en el 2012 se registraron 16.000 homicidios, lo que ofrece una tasa de asesinatos de 56 por cada 100.000 habitantes. Venezuela es el segundo país más violento del mundo después de Honduras.

En la Argentina las políticas asistenciales como la Asignación Universal por Hijo son meros paliativos que no alcanzan a sacar a los pobres de su situación. Como además vienen aderezadas de un trade-off clientelar, se han convertido en herramientas de movilización política para llenar plazas y estadios de adherentes forzados.

Políticas institucionales

Tanto los gobiernos de Argentina como de Venezuela han recibido la delegación de facultades extraordinarias por parte del Congreso. También ambos países han aprobado sendas reformas a la ley de Medios que buscan silenciar a la prensa independiente y crear un denso tejido de medios oficiales. Chávez cerró 29 emisoras que osaron criticarlo y no le renovó la licencia a Radio Caracas Televisión, el canal más importante de la tevé venezolana, que tuvo que cerrar. La imposición de multas y sanciones ha terminado por agotar la paciencia de los propietarios de Globovisión, el otro canal independiente, que ya anunciaron que finalmente será vendido a empresarios afines al gobierno venezolano.

La hostilidad del gobierno argentino a los diarios “Clarín” y “La Nación” es de sobra conocida.

Tanto el gobierno de Argentina como el de Venezuela abusan sistemáticamente del uso de la “cadena nacional” para hacer propaganda de los actos de gobierno y mediante el manejo de la publicidad oficial han logrado cooptar una nutrida red de medios privados paraoficiales.

Ambos gobiernos llevan a cabo una campaña sistemática de deslegitimación de la oposición. Tildada de “escuálidos”, “oligarcas” o simplemente “derecha”, pretenden situarla en el campo de la “antipatria”, vendida a las corporaciones o gobiernos extranjeros.

Hacen uso profuso del maniqueísmo más infantil, jugando con la oposición pueblo-antipueblo, nación-antinación, amigos-enemigos. Al invocar el nombre del pueblo desprecian los límites marcados por la institucionalidad y utilizan profusamente los recursos del Estado para financiar actividades partidarias.

Política exterior

Venezuela cultiva buenas relaciones internacionales con los países que han recibido condenas por reiteradas violaciones de los derechos humanos, como Cuba, China, Siria, Libia, Bielorrusia e Irán. Argentina, a partir del Acuerdo con Irán por el caso AMIA, parece haber experimentado una mayor aproximación a la política exterior venezolana.

En las cuestiones vinculadas a Latinoamérica el alineamiento ha sido total en los conflictos internos que afrontaron Honduras y Paraguay. Venezuela viene siendo denunciada por prestigiosas organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional por sus violaciones constantes a la libertad de expresión y otros derechos de las minorías.

Conclusión

A modo de resumen puede afirmarse que ambos gobiernos populistas han fracasado en generar condiciones para acabar con la persistente y obstinada desigualdad.

La mala praxis en la aplicación de políticas económicas ha instalando a ambos países a las puertas de una crisis inexorable por agotamiento del modelo.

Los estilos autoritarios basados en fuertes liderazgos y en la apropiación partidista de amplios recursos del Estado han dado lugar a una democracia degradada, que impide o limita severamente la posibilidad de la alternancia. Como señala Loris Zanatta, la proclamada izquierda latinoamericana, al rechazar el espíritu democrático y la letra del constitucionalismo liberal para hacerse dueña de todo el poder, deja de ser tal, es decir deja de ser izquierda.

ALEARDO f. Laría

aleardolaria@rionegro.com.ar

El cuadro que Chávez pintó alguna vez en homenaje a su amigo y gran aliado Néstor Kirchner, regalado a Cristina luego de la muerte del santacruceño.

peronismo y chavismo

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