Del galpón abandonado a la casa soñada: 5 claves para reciclar grandes estructuras en la Patagonia

Tras el impacto de un reciclaje que se convirtió en un boom en Buenos Aires, la arquitecta Mariana Carnevale —quien restauró una barraca centenaria en San Antonio Oeste— explica qué hay que saber sobre aislación, vientos y diseño para que la aventura no se convierta en una pesadilla térmica: el clima del sur no perdona errores.

Por Redacción

En Ferre, provincia de Buenos Aires, Yesica y David transformaron un galpón en su hogar de 150 m2 e inspiraron a muchos otros a intentarlo. Foto: @casagalpon

En la última edición del suplemento de Arquitectura y Diseño publicábamos la transformación de un galpón en el hogar soñado de 150 metros cuadrados de Yesica Sequeira y David Vallaco en Ferrer, un pequeño pueblo de 3.500 habitantes rodeado de campos en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. El informe despertó el interés de la audiencia y en muchos casos la pregunta de qué habría que tener en cuenta en el norte de la Patagonia para emprender una aventura constructiva así. En busca de la respuesta consultamos a la arquitecta Mariana Carnevale, autora del proyecto y la dirección de obra (con la colaboración de su colega Emma Liliana Montenegro) de la restauración de una centenaria barraca lanera en San Antonio Oeste, cerca del histórico puerto en la costa de Río Negro. Aquí, comparte cinco claves.


1. Sostenibilidad: por qué reciclar es mejor que demoler


Refuncionalizar edificios existentes como galpones de almacenamiento, naves industriales o graneros es una tendencia de la arquitectura contemporánea que se inició en los años 70 y presenta un valorable aporte en la reducción de la huella de carbono en comparación con demoler y volver a construir. El aprovechamiento de lo ya construido representa un “ahorro” que tiene su correlato en la eficiencia de los recursos.

Es importante destacar que el acompañamiento profesional en la construcción aporta una mirada formada para lograr la mayor eficiencia posible, en cuanto al uso de los recursos y en cuanto al aprovechamiento del emplazamiento, lo que inevitablemente repercute en la calidad de vida. Un profesional formado, es capaz de evaluar cómo dar la mejor respuesta arquitectónica a los factores climáticos de cada sitio (vientos, asoleamiento, salinidad, humedad, entre otros).


2. Aislación térmica: cómo evitar la condensación


Ante la amplitud térmica que tenemos en la Patagonia, entre estaciones o dentro de un mismo día, es muy beneficiosa la cámara de aire que se puede generar entre la cubierta y el cielorraso, dada la altura libre de este tipo de estructuras.

Es importante que esa cámara de aire permanezca ventilada y que por encima del cielorraso se coloque una barrera de vapor para disminuir la condensación en la chapa.

La aislación térmica debe colocarse por encima de la barrera de vapor, para evitar que la humedad interior del ambiente moje tal aislación y comprometa su rendimiento.


Antes y después: la centenaria barraca de un pionero francés recuperada en San Antonio Oeste.

En cuanto a los cerramientos verticales, en caso de ser de ladrillo común o chapa, es imprescindible bajar su transmitancia térmica.

Una opción es revestir los cerramientos en su cara interior con placas de yeso, colocando entre perfiles algún aislante homologado.

Cuando la envolvente está materializada en ladrillo cerámico hueco, la transmitancia térmica es mucho menor, pero también es importante aislarlo.

Esto mejora la calidad de vida y disminuye la dependencia de sistemas de climatización artificial.


3. Orientación norte: el sol como calefactor en el invierno


Sabemos que la iluminación y ventilación de los ambientes es clave para la habitabilidad del edificio, por eso es un gran acierto trabajar con patios internos que aporten luz natural y ventilación cruzada.

En estas latitudes, la orientación norte es muy beneficiosa para plantear grandes acristalamientos dado que el sol rasante del invierno aporta calor y el sol del mediodía en verano se puede controlar con pequeños aleros.


4. El «hall frío»: escudo contra el viento


El viento predominante en nuestra zona es el noroeste, aunque el más agresivo suele ser el sureste.

Es importante tener esto en cuenta a la hora de plantear los ingresos a la edificación, que en caso de quedar en alguna de estas orientaciones es bueno trabajar con los espacios que llamamos hall frío o que en otros lugares llaman mudroom, algo similar al antiguo zaguán, que si bien no son exactamente lo mismo, son espacios de transición entre el exterior y el interior de la vivienda.

Restauración artesanal para devolverle el brillo perdido a la antigua barraca de San Antonio Oeste. Aquí funcionaba el depósito de lana.

Por supuesto que para garantizar la estabilidad del edificio es fundamental revisar los anclajes de la estructura original y reforzarlos en caso de ser necesario.

Estos anclajes sufren por el movimiento de las estructuras que produce el viento, por la dilatación de los materiales propia de zonas con amplitud térmica y en los sectores costeros, también por la salinidad del aire.


5. Estrategia de diseño

Refuncionalizar espacios en desuso es una respuesta arquitectónica consciente y situada en nuestro territorio, una oportunidad de reapropiarse de esa espacialidad generosa que sería difícil de replicar en construcciones nuevas.

Convertir una gran cáscara vacía en un hogar confortable requiere una estrategia de diseño que entienda al clima y el contexto sociocultural, reinterpretando la herencia constructiva de la Patagonia para proyectar un futuro responsable, eficiente y con identidad.


Mini bío

La Arq. Carnevale se graduó en la FAPyD, facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario en el 2006. Antes de radicarse en San Antonio Oeste para integrarse al estudio familiar, entre otras experiencias profesionales trabajó en el de Mario Corea en Barcelona y en el de Llonch Vidallé en Rosario.

Contacto: https://www.instagram.com/arq.marianacarnevale/


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