La estancia abandonada que tuvo su propia moneda y ahora es un rincón de la Argentina detenido en el tiempo
Llegó a tener más de 4.600 hectáreas, una colonia de familias rurales y hasta un sistema de pago propio basado en la producción de lana.
Estancia abandonada “El Rincón" de la localidad de Salto, Buenos Aires.
Entre pastizales altos y construcciones que resisten el paso del tiempo, existe una antigua estancia argentina que guarda una historia tan singular como poco conocida: llegó a tener su propia moneda.
Se trata de la Estancia El Rincón, un establecimiento fundado en 1907 por Pedro Extramou, integrante de una familia vasco-francesa que llegó al país a mediados del siglo XIX. En su época de mayor esplendor, la propiedad alcanzó las 4.600 hectáreas, una superficie equivalente a unas 5.000 canchas de fútbol.
A pesar del abandono, la construcción principal todavía conserva parte de su identidad original. La arquitectura italianizante se refleja en su fachada simétrica, los muros sólidos, las amplias habitaciones y las altas aberturas. En uno de sus muros aún permanecen dos antiguos cuadros de cerámica que sobrevivieron intactos al paso de las décadas.
La estancia que creó su propia moneda
Uno de los aspectos más llamativos de la historia de El Rincón fue su sistema de pago interno. Allí circulaban fichas que llevaban la inscripción «Estancia El Rincón – Pedro Extramou – Cinco vellones».
El vellón es la lana obtenida de una oveja tras la esquila. En consecuencia, cada ficha equivalía a la producción de cinco ovejas esquiladas.

Los trabajadores utilizaban esas fichas como una especie de moneda local. Posteriormente podían canjearlas por mercadería o por parte de su salario, en un sistema que vinculaba directamente el trabajo realizado con la producción del establecimiento.
De estancia a colonia agrícola
La historia de El Rincón cambió radicalmente en 1946, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón. En ese contexto, la propiedad fue expropiada y dividida en lotes destinados a 55 familias rurales.

Así nació una colonia agrícola donde durante años hubo producción, trabajo y una intensa vida comunitaria.
Sin embargo, el paso del tiempo transformó nuevamente el lugar. Las nuevas generaciones comenzaron a migrar hacia los centros urbanos en busca de otras oportunidades laborales y estilos de vida diferentes. Muchos campos fueron vendidos o arrendados, mientras la actividad original perdió protagonismo.
Un paisaje cargado de memoria
Hoy, las construcciones abandonadas y los amplios terrenos recuerdan una época en la que la estancia funcionaba como un pequeño universo autosuficiente.
Entre las paredes desgastadas, los antiguos galpones y los restos de una colonia que alguna vez estuvo llena de movimiento, todavía sobreviven historias de trabajo, producción y arraigo rural.
La antigua moneda de vellones, la arquitectura centenaria y el silencio que domina el paisaje convierten a la Estancia El Rincón en uno de esos lugares donde el pasado parece haberse quedado suspendido en el tiempo.
Entre pastizales altos y construcciones que resisten el paso del tiempo, existe una antigua estancia argentina que guarda una historia tan singular como poco conocida: llegó a tener su propia moneda.
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