Tejas nazis, balas y otras sorpresas: lo que encontró un carpintero argentino al restaurar casas de 200 años en Suiza

De la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca y Neuquén a los Alpes suizos. En la segunda nota sobre las aventuras en Europa de Facundo Bassi, hoy cuenta el detrás de escena de su trabajo como carpintero en la montaña: símbolos nazis, proyectiles de la Segunda Guerra y secretos de casas con dos siglos de historia    

Por Javier Avena

Facundo Bassi en una obra en los Alpes suizos. Mientras esperaba que la grúa elevara los tirantes, un compañero le tomó esta foto.

Instalado en la ciudad suiza de Brig junto a su novia Magui cerca de la frontera con Italia, Facundo Bassi pasa sus semanas a dos mil metros de altura en los Alpes. Llega en helicóptero con sus compañeros para una misión tan artesanal como exigente: restaurar estructuras de madera y piedra que superan los dos siglos de historia.

Lejos de las comodidades de la ciudad, cada jornada de trabajo en estas cabañas alpinas combina técnicas y materiales de hoy con un minucioso trabajo artesanal. Pero lo que vuelve única la rutina del carpintero bahiense es lo que aguarda detrás de cada puerta cerrada.

Facu y Magui en un centro turístico en los Alpes suizos.

Abrir los áticos y techos de estas construcciones centenarias se transformó en una sorpresa tras otra. Entre tirantes de madera maciza y aislamiento de musgo vegetal, el equipo suele toparse con los ecos de la Segunda Guerra Mundial: desde bolsas enteras con municiones de infantería hasta tejas marcadas a fuego con la esvástica nazi.

Hasta ese oficio en la alta montaña llegó Facundo, quien se crió en el barrio Villa Mitre de Bahía Blanca, vivió en Neuquén (fue empleado un año de la Cooperativa Obrera) y emigró en 2018 con una visa de trabajo que lo llevó a formarse como carpintero en Alemania antes de instalarse en Suiza.


Por qué perduran las casas construidas hace dos siglos

«Un compañero me decía que en esos tiempos podían demorar dos años en hacerlas. Cortaban los árboles y con un serrucho, entre dos, hacían las tablas, las vigas y todo lo que necesitaban. Imaginate: todo el día a todo pulmón para sacar solo algunas piezas», cuenta Facundo al comenzar el relato.

«Y después seguía todo el largo proceso de secado. Lo increíble es que hoy muchas de esas casas siguen de pie. Hay cabañas acá que tienen 200 años o más y ahí están. Son de madera alpina, árboles que crecen muy despacio por el clima y por eso es muy buena y resistente», continúa el carpintero, que hoy hace tres cursos universitarios en forma virtual y está anotado en otros tres cuando los termine.

Muchas de las antiguas construcciones de madera que maravillan al carpintero tienen base de piedra.

Un eficaz sistema antiratas sigue vigente.

También permanecen en pie pequeñas cabañas ventiladas donde se guardaba heno.

«Trabajaban con piezas enormes de madera, vigas y tirantes que hoy ni usaríamos porque sería carísimo. Y algo que ayudó mucho son los techos. Muchas de estas casas tienen aleros larguísimos, entonces la fachada queda bastante . Y la ventilación también es muy importante: la madera puede mojarse, pero si después tiene la posibilidad de secarse y respirar, dura muchos años», dice Facundo.

A la derecha, una de las antiguas casas que Facundo restauró con todo el equipo en Alpe Nessel.

Detalle de la diferencia de la madera alpina de la zona y la nueva. Depende de la pieza, puede ser importada.

Las restauraciones son artesanales y la premisa es preservar las fachadas originales, un detalle que el carpintero bahiense valora en ese mundo de madera y piedra que le encanta. Con detalles técnicos que lo asombran: “En algunas construcciones encontrás musgo, fibras vegetales o materiales naturales puestos entre las maderas. Y estuvieron así durante generaciones, sin nada parecido a los aislantes que tenemos hoy«, dice.

Ya es tiempo de contar el detrás de la escena de los hallazgos cuando se mete en las entrañas de estas estructuras centenarias.


Tejas con símbolos nazis y proyectiles abandonados

Abrir esas puertas es entrar a un mundo de sorpresas: desde tejas marcadas con símbolos nazis hasta proyectiles militares olvidados, sueltos o guardados en cajas, que resumen el trágico eco de la Segunda Guerra Mundial en medio de la montaña.

Así lo cuenta Facu: «Encontrar balas es bastante común. Pistolas por ahí no tanto, pero municiones aparecen bastante en áticos, techos o incluso enterradas en alguna casa», dice.

«Por ejemplo, en una obra que hicimos en la montaña encontramos en el techo una bolsa llena de municiones. Para cargar a un compañero polaco le dije ‘llevate una caja de recuerdo’. Y me mira y me dice entre risas: ‘Estás loco, si justo me para la policía y me encuentra una caja de municiones en el auto el polaco va preso directo'».

La tenebrosa esvástica nazi en una teja.

En otra obra, en un pueblo que se llama Ried-Brig, encontraron municiones de mayor tamaño. «Aparentemente eran de armamento antiaéreo«, dice Facu. Y agrega detalles sobre el contexto: «Tampoco hay que olvidarse que acá el servicio militar sigue siendo obligatorio para muchos hombres. Entonces es normal ver soldados por las calles, movimientos militares, vehículos blindados y aviones militares. A veces ves pasar un Panzer enorme por la ruta como si nada. O estás trabajando y de golpe escuchás un ruido terrible en el aire y es un jet militar que acaba de pasar».

¿Qué fue lo más interesante que hallaron? «Una teja vieja que tenía marcado un sello con la esvástica nazi. Esa la tienen guardada todavía en el taller. Más allá de todo lo terrible que representó esa época, como objeto histórico llama muchísimo la atención porque estás trabajando en una construcción antigua, sacás una pieza que estuvo ahí durante décadas y de golpe aparece algo que te conecta directamente con ese momento de la historia», dice Facu.

«Acá hay casas de 200 ó 300 años. No sé cuántas habremos renovado, pero la última, en la montaña, era una cabañita chiquita y tenía, no te miento, seis camas, una cama cucheta y arriba tenía dos camas de paja, ahí sobre el techo. Era de un cazador que se la pasaba todo el invierno ahí arriba, aunque es invivible. Aunque Suiza fue neutral en la Segunda Guerra, estamos cerca de la frontera y siempre encontramos algo que nos sorprende».

Podés seguir acá a Facu y sus aventuras en la construcción en Europa.


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Facundo Bassi en una obra en los Alpes suizos. Mientras esperaba que la grúa elevara los tirantes, un compañero le tomó esta foto.

Instalado en la ciudad suiza de Brig junto a su novia Magui cerca de la frontera con Italia, Facundo Bassi pasa sus semanas a dos mil metros de altura en los Alpes. Llega en helicóptero con sus compañeros para una misión tan artesanal como exigente: restaurar estructuras de madera y piedra que superan los dos siglos de historia.

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