“La fruticultura nos atañe a todos”

Por Redacción

Desde hace varios días las provincias de Río Negro y Neuquén viven una situación de excepcionalidad con sus principales rutas de acceso cortadas por los productores en reclamo de soluciones para enfrentar la crisis de la fruticultura, ante la evidente inacción de las autoridades políticas nacionales y provinciales que son quienes tienen los medios para encontrar las alternativas eficaces para superarla y a quienes parece no afectarles el conflicto no obstante su gravedad. Y esa suerte de indiferencia –con la que se busca el desaliento y el desgaste de los que reclaman– es una vieja táctica de los gobernantes que no escuchan y no son capaces de establecer mecanismos democráticos de discusión y de análisis para encontrar solución a problemas reales de la sociedad que afectan con, en este caso, las condiciones de vida de miles de productores y trabajadores. Lamentablemente, esta deliberada sordera motiva reacciones desesperadas en su afán de que sus reclamos tengan eco en los funcionarios, motivando decisiones problemáticas que, como el corte de ruta, generan molestias, dificultades y roces con otros sectores de la población, circunstancia que no es desconocida por los gobernantes y con la que también especulan. La fruticultura, pilar y motor de la economía del Alto Valle, se encuentra con serias dificultades, atravesada por una profunda crisis cuyas consecuencias se harán sentir negativamente en la región, en un futuro no muy lejano, tanto en lo económico como en lo social. Para salir de este estado de cosas y evitar que el proceso se deteriore aún más no alcanza con subsidios que son simples paliativos, se requieren medidas de fondo que están en manos de las autoridades nacionales y provinciales, quienes a la fecha muestran una total insensibilidad y falta de interés para encontrarle solución al problema. La situación que atraviesa la fruticultura no sólo afecta a ese segmento. Es una cuestión que nos atañe a todos los hombres y mujeres que habitamos el Alto Valle y no podemos ni debemos permanecer ajenos a esta digna lucha que llevan adelante los productores. Pensar lo contrario no sólo es egoísta sino también políticamente incorrecto. Sería como pensar que los problemas de la educación sólo les afecta a los maestros, o los de la salud pública a los médicos y enfermeros. Carlos Segovia, LE 7.304.065 – Cipolletti