“Fracaso del asistencialismo y las promesas”
Ante todo quiero aclarar que provengo de una familia peronista, y más allá de tener mis propias convicciones políticas he podido ver cómo mis padres y sus amigos actuaban en aquellas épocas en cuanto al hecho de hacer política. Todos trabajaban y le robaban tiempo a su vida cotidiana para brindárselo a los que menos tenían. Hoy son pocos los que trabajan, pero ciertamente roban, y no hablo sólo del robo de cosas o dinero, sino del robo a la esperanza, de la verdad por la mentira, el robo de un futuro, que son mucho más importantes que el latrocinio que nos hace ver a un dirigente que no sabe por dónde se agarra una pala, y sin embargo anda en autos lujosos, compra propiedades y lleva una vida de la que difícilmente pueda comprobar su origen a la hora de ser investigada. Las manifestaciones que llevan a cabo jóvenes y no tan jóvenes luego de finalizado un partido de la selección argentina en Bariloche tienen mucho que ver con políticas que han fracasado, o simplemente por falta de políticas. Hoy muchos dirigentes se preguntan cómo parar a estos grupos, que en algunos casos no llegan a tener más de 14 años de edad, cuando se enfrentan a la realidad de una violencia donde la primer lectura parece indicarla como irracional, porque si hablamos de festejar un triunfo deportivo no se entiende por qué salen con piedras a romper vidrieras, robar y molestar a quienes quieren expresar su alegría de forma pacífica. Las políticas de asistencialismo hacia los que menos tienen no son privativas del actual gobierno local, provincial o nacional. Desde el menemismo en adelante todo fue vender lo que nos pertenecía y nos producía, seguir generando una deuda externa impagable e ilegítima, y todo a cambio de parar la miseria que se devenía de esas acciones con planes y más planes sociales, cuya inconsistencia era muy fácil de prever, ya que no apuntaban a mejorar una situación, sino a esclavizar a ese ciudadano y hacerlo adicto a los planes, manteniéndolo en la miseria y la pobreza “controlable”. De esto también se contagió el radicalismo que gobernó Río Negro por más de 25 años, y hasta el día de hoy se sigue con políticas similares que al no dar respuestas serias dejan el camino libre a una inclusión de la que nadie se quiere hacer cargo: la droga y el alcohol. ¿Quién o quiénes permiten que este flagelo que compra a todos y todas las voluntades que se le cruzan por el camino siga su derrotero atrapando a nuestros jóvenes ? ¿A quién se le ocurre que unos chicos de 10, 11, 12 ó 14 años sean capaces de armarse con piedras y hacer desmanes en el centro de Bariloche, sin pensar que tienen apoyo logístico y una organización atrás que los usa especialmente por su condición de menores…? Preguntas sin respuestas que obedecen también a promesas incumplidas de verdadera contención social, generación de oportunidades y, por sobre todo, de luchar en contra de aquello que los enloquece y los mata –porque también nos mata a nosotros y a nuestros hijos–. Y allí sale nuestro espíritu individualista pidiendo severos castigos a pibes a los que en realidad habría que contener y sacar del ámbito en donde son usados como carne de cañón. Los hechos de violencia de estas horas se asemejan al tren de Viedma a Bariloche: todos se subieron a este logro, que en definitiva descarrila cada vez que se pone en marcha, y así es como descarrilan las frases, las promesas, y lo único que permanece en la vía y crece sin parar es el consumo de alcohol y drogas, junto con la corrupción, y el mirar para otro lado buscando respuestas que están tan cerca de cada uno y tan alejadas de la voluntad de llevarlas a cabo. Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche
Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche
Ante todo quiero aclarar que provengo de una familia peronista, y más allá de tener mis propias convicciones políticas he podido ver cómo mis padres y sus amigos actuaban en aquellas épocas en cuanto al hecho de hacer política. Todos trabajaban y le robaban tiempo a su vida cotidiana para brindárselo a los que menos tenían. Hoy son pocos los que trabajan, pero ciertamente roban, y no hablo sólo del robo de cosas o dinero, sino del robo a la esperanza, de la verdad por la mentira, el robo de un futuro, que son mucho más importantes que el latrocinio que nos hace ver a un dirigente que no sabe por dónde se agarra una pala, y sin embargo anda en autos lujosos, compra propiedades y lleva una vida de la que difícilmente pueda comprobar su origen a la hora de ser investigada. Las manifestaciones que llevan a cabo jóvenes y no tan jóvenes luego de finalizado un partido de la selección argentina en Bariloche tienen mucho que ver con políticas que han fracasado, o simplemente por falta de políticas. Hoy muchos dirigentes se preguntan cómo parar a estos grupos, que en algunos casos no llegan a tener más de 14 años de edad, cuando se enfrentan a la realidad de una violencia donde la primer lectura parece indicarla como irracional, porque si hablamos de festejar un triunfo deportivo no se entiende por qué salen con piedras a romper vidrieras, robar y molestar a quienes quieren expresar su alegría de forma pacífica. Las políticas de asistencialismo hacia los que menos tienen no son privativas del actual gobierno local, provincial o nacional. Desde el menemismo en adelante todo fue vender lo que nos pertenecía y nos producía, seguir generando una deuda externa impagable e ilegítima, y todo a cambio de parar la miseria que se devenía de esas acciones con planes y más planes sociales, cuya inconsistencia era muy fácil de prever, ya que no apuntaban a mejorar una situación, sino a esclavizar a ese ciudadano y hacerlo adicto a los planes, manteniéndolo en la miseria y la pobreza “controlable”. De esto también se contagió el radicalismo que gobernó Río Negro por más de 25 años, y hasta el día de hoy se sigue con políticas similares que al no dar respuestas serias dejan el camino libre a una inclusión de la que nadie se quiere hacer cargo: la droga y el alcohol. ¿Quién o quiénes permiten que este flagelo que compra a todos y todas las voluntades que se le cruzan por el camino siga su derrotero atrapando a nuestros jóvenes ? ¿A quién se le ocurre que unos chicos de 10, 11, 12 ó 14 años sean capaces de armarse con piedras y hacer desmanes en el centro de Bariloche, sin pensar que tienen apoyo logístico y una organización atrás que los usa especialmente por su condición de menores...? Preguntas sin respuestas que obedecen también a promesas incumplidas de verdadera contención social, generación de oportunidades y, por sobre todo, de luchar en contra de aquello que los enloquece y los mata –porque también nos mata a nosotros y a nuestros hijos–. Y allí sale nuestro espíritu individualista pidiendo severos castigos a pibes a los que en realidad habría que contener y sacar del ámbito en donde son usados como carne de cañón. Los hechos de violencia de estas horas se asemejan al tren de Viedma a Bariloche: todos se subieron a este logro, que en definitiva descarrila cada vez que se pone en marcha, y así es como descarrilan las frases, las promesas, y lo único que permanece en la vía y crece sin parar es el consumo de alcohol y drogas, junto con la corrupción, y el mirar para otro lado buscando respuestas que están tan cerca de cada uno y tan alejadas de la voluntad de llevarlas a cabo. Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche
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