“Quiero creer que están confundidos”

Redacción

Por Redacción

Soy abogada de profesión y mediadora por convicción y deseo aportar algunas reflexiones acerca de la publicación en este prestigioso diario sobre el tema de la mediación y algunas consideraciones al respecto. La nota me ha dejado estupefacta y creo que lo mismo le ha sucedido al resto de mis compañeros mediadores. De todas maneras, quiero creer que quizá fue nada más que una cargada de mal gusto para todos aquellos que ejercemos a diario nuestra profesión. La ejercemos con el orgullo de saber que las partes de un conflicto, a través de nuestro trabajo, pueden volver a sus hogares pensando que al fin y al cabo alguien los escuchó detenidamente por primera vez, que se les dio la oportunidad de hablar, de escuchar y de escucharse y que pueden solucionar de una manera rápida y eficaz los problemas que les afligen. La mediación no tiene horario, una audiencia puede durar desde 15 minutos hasta 4 horas, podemos volver cuantas veces sea necesario, podemos hacer que el caso efectivamente se controle a través de nuevas audiencias donde simplemente se pregunta a las partes si siguen necesitándonos o ya las cosas se acomodaron, como el carro y sus melones (como decía mi abuela). Por todo esto, los mediadores trabajamos prácticamente gratis. Es decir, nuestros honorarios no sólo están congelados, sino que los cobramos con una espera de tres a seis meses, no se nos abona la Caja Forense y en muy pocos casos se tiene en cuenta nuestra situación ante el fisco. Asimismo, necesitamos permanentemente estar actualizados y, si bien tenemos talleres gratuitos, lo que se estudie fuera de esta provincia debe ser solventado de nuestro propio bolsillo. Nos consideran proveedores del Estado, como quienes proveen del papel, y cuando me refiero a papel digo todo el papel que se utiliza en el Poder Judicial. Por ello me da vergüenza ajena que alguien diga por ahí que nuestra actividad es costosa. Quiero creer que están confundidos, que no saben de qué hablan. Quiero creer en lo que creo, que es nada más y nada menos que en la simpleza de la palabra y de la comunicación entre los seres humanos, el resto es pura cháchara. Somos profesionales que no solamente queremos cobrar por nuestro digno trabajo de todos los días en tiempo y forma, sino que necesitamos, como cualquier hijo de vecino, ser respetados por nuestros colegas y por los miembros del Poder Judicial. La sociedad ya hace rato que nos respeta y considera. Alicia Lumelli, DNI 11.481.046 – Roca


Soy abogada de profesión y mediadora por convicción y deseo aportar algunas reflexiones acerca de la publicación en este prestigioso diario sobre el tema de la mediación y algunas consideraciones al respecto. La nota me ha dejado estupefacta y creo que lo mismo le ha sucedido al resto de mis compañeros mediadores. De todas maneras, quiero creer que quizá fue nada más que una cargada de mal gusto para todos aquellos que ejercemos a diario nuestra profesión. La ejercemos con el orgullo de saber que las partes de un conflicto, a través de nuestro trabajo, pueden volver a sus hogares pensando que al fin y al cabo alguien los escuchó detenidamente por primera vez, que se les dio la oportunidad de hablar, de escuchar y de escucharse y que pueden solucionar de una manera rápida y eficaz los problemas que les afligen. La mediación no tiene horario, una audiencia puede durar desde 15 minutos hasta 4 horas, podemos volver cuantas veces sea necesario, podemos hacer que el caso efectivamente se controle a través de nuevas audiencias donde simplemente se pregunta a las partes si siguen necesitándonos o ya las cosas se acomodaron, como el carro y sus melones (como decía mi abuela). Por todo esto, los mediadores trabajamos prácticamente gratis. Es decir, nuestros honorarios no sólo están congelados, sino que los cobramos con una espera de tres a seis meses, no se nos abona la Caja Forense y en muy pocos casos se tiene en cuenta nuestra situación ante el fisco. Asimismo, necesitamos permanentemente estar actualizados y, si bien tenemos talleres gratuitos, lo que se estudie fuera de esta provincia debe ser solventado de nuestro propio bolsillo. Nos consideran proveedores del Estado, como quienes proveen del papel, y cuando me refiero a papel digo todo el papel que se utiliza en el Poder Judicial. Por ello me da vergüenza ajena que alguien diga por ahí que nuestra actividad es costosa. Quiero creer que están confundidos, que no saben de qué hablan. Quiero creer en lo que creo, que es nada más y nada menos que en la simpleza de la palabra y de la comunicación entre los seres humanos, el resto es pura cháchara. Somos profesionales que no solamente queremos cobrar por nuestro digno trabajo de todos los días en tiempo y forma, sino que necesitamos, como cualquier hijo de vecino, ser respetados por nuestros colegas y por los miembros del Poder Judicial. La sociedad ya hace rato que nos respeta y considera. Alicia Lumelli, DNI 11.481.046 - Roca

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