En otra vereda
El presidente electo del Uruguay, José “Pepe” Mujica, parece resuelto a no desaprovechar ninguna oportunidad para diferenciarse de los Kirchner. La semana pasada, en Punta del Este, el ex tupamaro aseguró a mil empresarios, entre ellos 400 argentinos, que les convendría invertir en su país porque “acá no te la van a expropiar” ya que sabemos muy bien la importancia de que haya “leyes claras y tangibles, y un análisis objetivo que propicie un clima de inversión”. También subrayó Mujica que “no podemos generar riqueza con decisiones legislativas; es hija de la inversión y el trabajo”, y que no sirve para nada asfixiar a los empresarios abrumándolos de impuestos, de este modo matando “a la gallina de los huevos de oro”. Fue su forma de invitar a quienes temen que, en un intento desesperado por restaurar la fortuna política que han dilapidado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su marido ubicuo procuren “profundizar el modelo”, con consecuencias calamitosas para el país, a trasladar sus operaciones a un país vecino en que, siempre y cuando acaten la ley, serán bien tratados. Según se informa, muchos ya lo están haciendo. Aun antes de encargarse Mujica de eliminar las dudas ocasionadas por la trayectoria como guerrillero tupamaro que lo llevó a pasar muchos años en la cárcel, docenas de empresarios argentinos habían manifestado su interés en invertir en Uruguay, mientras que luego de escucharlo muchos otros optaron por emularlos. A la larga, sería mejor para Uruguay que la Argentina prosperara tanto que fueran los uruguayos los que pensaran en la conveniencia de invertir aquí, pero puesto que tendrían que transcurrir algunos años antes de que ello ocurriera, es lógico que Mujica se haya puesto a intentar sacar provecho de nuestra vocación autodestructiva. El contraste con la actitud agresiva, cuando no punitiva, hacia los inversores que es característica del llamado “estilo K” difícilmente podría ser más nítido. Desde mayo del 2003, tanto Néstor Kirchner como Cristina han tratado a los empresarios, en especial los extranjeros, como enemigos del pueblo que merecen ser castigados por haber prosperado en los años noventa. Los únicos que han estado a salvo de sus diatribas demagógicas han sido los integrantes privilegiados de lo que fingen tomar por una incipiente “burguesía nacional”, o sea, los dispuestos a colaborar con un “proyecto” que, lejos de ser progresista, se basa en el “capitalismo de los amigos” que es típico de los países más corruptos del Tercer Mundo. Las consecuencias de tanta mezquindad ya están a la vista. A pesar de contar con un sinnúmero de ventajas naturales, la Argentina no parece estar en condiciones de crecer tanto en los años próximos como Chile, Uruguay, Brasil y Perú. A juicio de la mayoría de los especialistas, si tiene suerte le esperará un período prolongado de “estanflación” y si no la tiene estará por caer nuevamente en un abismo hiperinflacionario. En Uruguay, como en Chile y Brasil, dirigentes políticos de origen izquierdista entienden que es más que inútil intentar sustituir a los empresarios auténticos por cortesanos venales, burócratas y funcionarios vengativos como el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, ya que la creación de riqueza, y por lo tanto de los recursos necesarios para financiar programas sociales, depende casi por completo del sector privado. Como diría Mujica, para que una vaca produzca leche hay que alimentarla bien, razón por la que los gobiernos socialistas de Suecia y otros países avanzados siempre se han preocupado por el clima de negocios. Asimismo, el régimen nominalmente comunista de China sabe que la mejor forma, acaso la única, de luchar con éxito contra la pobreza consiste en aprovechar al máximo los instintos emprendedores de los empresarios. Se trata de verdades de Perogrullo que los Kirchner, habituados como están a anteponer sus propios intereses personales a los del conjunto, siguen siendo reacios a reconocer. Han podido actuar así porque en nuestro país los prejuicios antiempresarios son más fuertes que en el resto de América Latina y porque, a diferencia de lo que ha sucedido en Chile y Uruguay, muchos políticos e intelectuales influyentes se niegan tercamente a abandonar las ideas izquierdistas o populistas que estaban de moda medio siglo atrás.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 768.803 Director: Julio Rajneri Co-directora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación de Editorial Río Negro SA – Jueves 18 de febrero de 2010