“El gran desafío es llevar el nombre de Río Negro a un proyecto abarcativo, pluralista”
Es reconfortante que una agrupación política tome como lema representativo el nombre de la región donde pretende actuar. Es una poderosa idea dado que alude al terruño, a la parroquia chica y a toda una identidad cultural que esa zona representa; además de encumbrar en una frase un bien no sólo perdido sino resignado en la política argentina: el federalismo. Uno de los peores males que aquejan a la Nación es el atropello de las autonomías provinciales y municipales vulnerando los valores republicanos establecidos en la Constitución Nacional. Por eso es importante recuperar ese concepto primario de la defensa de los intereses provinciales y calificar a los legisladores nacionales con un mandato claro de no inclinarse ante el poder central de turno en temas tan importantes como la coparticipación de impuestos, protección del medioambiente, cuestiones limítrofes y otras que hacen a la soberanía de un Estado provincial. El nombre de Río Negro no sólo nos identifica, sino que nos abarca a todos como habitantes de esta bendita arcadia donde “fluye toda fuente y grandeza”. El nombre de ese río caudaloso de la Patagonia, que nacido de la confluencia con el Limay vivifica con sus aguas a toda una región de feraces tierras y que los pioneros convirtieron en verdadero vergel. Provincia continente, con riquezas primarias de excepción, un espacio vitivinícola singular, paisajes que son únicos en el mundo, clima variado y benigno, un litoral marítimo de riqueza ictícola como pocos, subsuelo pródigo en hidrocarburos, materia gris internacionalmente reconocida y una herencia cultural que es la argamasa de un pueblo que respeta su pasado y avizora su provenir. Río Negro tiene todo. Pero en especial su gente, la que merece un destino mejor porque la eligió como su patria chica, su lugar en el mundo y en su seno acogedor se ha abrigado; a pesar de que también, como en toda la región patagónica, afortunadamente les ha exigido una fortaleza de ánimo y templanza de carácter pocas veces vista. Río Negro tiene todo y también mucho por hacer. Su mayor debilidad ha sido la clase gobernante que, salvo algunas excepciones, no ha estado a la altura de las circunstancias, ya sea en gobiernos democráticos o de facto. No se ha sabido plasmar en su territorio una visión integradora de sus diferentes perfiles ni sostener a largo plazo los proyectos estratégicos que le permitan despegar conforme a sus grandes potencialidades. Tampoco la clase política dirigente supo formar estadistas ni tuvo la grandeza de espíritu para gobernar con hombres y mujeres que son los que más saben en cada área, fueran de la idea política fueran. No se percataron de que lo que realmente importa es el desarrollo de la provincia y el bienestar de sus habitantes y no sus ambiciones personalistas. Las listas legislativas son un premio a la portación de apellido, el trabajo de los punteros, el nepotismo; y no a la capacidad de las personas para detentar cargos de importancia. Tampoco han sabido defender los valores provinciales y en el parlamento nacional se han doblegado a los caprichos de sus propios partidos, levantando sus manos muchas veces en detrimento del territorio que dicen gobernar. En nuestra historia ha habido espacios políticos que aluden de alguna forma al nombre de Río Negro, pero han terminado desmerecidos por el tiempo y convertidos en un sello de goma que algunos utilizan en su propio beneficio. El gran desafío es que, al llevar el nombre de Río Negro, sea un proyecto abarcativo, pluralista, no excluyente y que una vez instalado en el gobierno no se convierta en la aparcería de un partido político, porque no hay peor cosa que gobernar para una facción (cosa que tarde o temprano –nos enseña la historia– termina mal). Por otra parte, “somos” significa pertenencia, identidad, voluntad, pluralidad. Evidencia que sabemos de dónde venimos para saber hacia dónde vamos. Aquel “somos” de las máximas del general José de San Martín a su hija Merceditas: ser lo que debemos ser y si no no ser nada, como varias veces ha pasado en Río Negro. “Somos Río Negro” contempla una actitud de identificación con un territorio y con su destino. Es un lema que en pocas palabras aspira a mucho. Lograr plasmar en un proyecto político esa idea será un trabajo arduo y exigente. Consistirá en aunar a hombres y mujeres de buena voluntad que aspiren a un destino superior y –esto es muy importante– que no se sientan defraudados, porque nuestra gente no puede permitirse ser llevada a un nuevo fracaso. Jorge Castañeda DNI 8.569.045 – Valcheta
Jorge Castañeda DNI 8.569.045 – Valcheta