Asunciones

En la Provincia casi no habrá cambios luego del 10. Weretilneck arma una agenda para Nación.

Por Redacción

La semana que comienza estará signada por las asunciones. La que domina el interés político es la de Mauricio Macri en la Presidencia de la Nación y, como en Río Negro será una formalidad porque el gobernador, el vice y la inmensa mayoría del gabinete provincial continúan, los cambios más evidentes serán en las ciudades más pobladas donde los oficialismos perdieron: Bariloche y Cipolletti. Para el peronista Martín Soria y el radical José Luis Foulkes éste no será un mes de cambios. Lograron sus reelecciones en Roca y en Viedma y, más allá del armado hacia el futuro, la gente que los votó espera que poco (o nada) cambie. El gobernador Alberto Weretilneck no puede borrar las huellas de los pasos políticos ¿en falso? que dio en el último año, cuando se abrazó a la candidatura presidencial de Sergio Massa para luego, cuando el exintendente de Tigre se caía de la segunda vuelta electoral, sellar una alianza un tanto inocua y al final efímera con el Frente para la Victoria versión Daniel Scioli. El gobernador cree que no fueron decisiones ni apresuradas ni equivocadas y en privado defiende los movimientos. Después de todo, estamos hablando de un dirigente que en los 80 levantó las banderas de la “socialización de la cultura, la riqueza y el poder” del Partido Intransigente y a finales de los 90 terminó como aliado del peronismo de Carlos Menem y Remo Costanzo, y el radicalismo de Pablo Verani. No es nuevo: Weretilneck asegura que se pegó a Massa cuando sintió que el Frente para la Victoria de Pichetto y Martín Soria no le daba aire para su sueño de reelección y que luego adhirió a Scioli como una manera de terminar su primer mandato sin sobresaltos. “A mí no me preocupa la política, sino la economía –le dijo a un grupo de dirigentes del Frente Grande de Bariloche–. Yo estuve con los Kirchner, mirá si no voy a estar con Macri”. El diputado nacional electo Sergio Wisky (Cambiemos) se ofrece como nexo con el gobierno nacional, pero está por verse si les sirve a Weretilneck o los intendentes de las ciudades con mayor cantidad de habitantes. El gobernador tiene un pliego de varios puntos para defender y reclamar ante el nuevo gobierno nacional: • Invap. Hay contratos que le garantizan a la empresa estatal rionegrina trabajo para sus 1.400 empleados hasta el 2020. Puede parecer un horizonte amplio pero, como cada desarrollo requiere de años y el flujo de recursos debe ser estable, Weretilneck pretende consolidar al Estado nacional como principal cliente (satélites, radares, antenas de televisión digital) y sumar otros externos en materia nuclear. • Universidad de Río Negro. Como la creó el kirchnerismo a imagen y semejanza de las nuevas universidades del conurbano bonaerense y en la etapa de crecimiento en la que está precisa recursos, teme que el macrismo reduzca o elimine los envíos. • Rutas. La pavimentación de la 23 tiene ritmo lento pero no deja de avanzar. En cambio, exaspera la lentitud en el ensanche de la 22. • Viviendas y obras escolares. El gobernador espera que Río Negro logre cupos en los próximos financiamientos. Gennuso y Tortoriello Las experiencias de Gustavo Gennuso en Bariloche y de Aníbal Tortoriello en Cipolletti son bien diferentes, pero tienen la similitud de que ninguno de los dos proviene de la política. Gennuso es un ingeniero nuclear con amplia militancia social en Bariloche como cofundador de la fundación Gente Nueva, una entidad que, con ayuda del Estado, hace funcionar escuelas en barrios pobres y marginales de la ciudad, además de fomentar la creación de líderes y emprendedores sociales. En una ciudad donde la alternancia es la norma, la elección de Gennuso no desentonó. Tortoriello es un empresario del transporte que tomó los camiones que su padre manejaba, multiplicó la flota y transformó el emprendimiento familiar en un emporio al servicio la industria del petróleo. En silencio, formó parte de un movimiento de solidaridad con los más necesitados, más espontáneo que organizado, con gestos que replicó con sus empleados. Con Tortoriello se quiebra la hegemonía que con nombres distintos (PI, MPP, Frente Grande, Alianza, FpV) conformó lo que podría llamarse el “partido de Cipolletti” y que viene gobernando la ciudad desde 1987 (con la excepción de los cuatro años de Jorge Ocampo), con Rudy Salto, Julio Arriaga, el propio Weretilneck y Abel Baratti. A Gennuso y Tortoriello los unen, sin embargo, la fe y hasta cierta militancia católica. Grupos parroquiales del sacerdote Juvenal Currulef fueron la semilla de la que surgió la fundación de Gennuso (las primeras escuelas incluso pertenecían al Obispado de Viedma) y Tortoriello forma parte de la comunidad del padre Rueda, en el barrio del Trabajo de Cipolletti, a la que también adhieren otros empresarios importantes de la ciudad. El cipoleño se decidió por Macri en la segunda vuelta y lo hizo explícito. El barilochense se cuidó de no revelar a quién votó en el balotaje (“ni a mi hija se lo dije”), luego de haber optado por Margarita Stolbizer en la primera instancia. “Si lo ayudo a Gennuso, ¿qué hago con Tortoriello?”, razona Weretilneck. Son situaciones bien diferentes. Cipolletti tiene un déficit acumulado a septiembre de casi cinco millones de pesos y una deuda de otro tanto (consolidada y flotante). Recauda entre el 73 y el 59% de las tasas que factura. Hasta septiembre, este año había tenido gastos globales por 332 millones de pesos Bariloche termina cada mes con un déficit de entre 12 y 15 millones de pesos y acumula una deuda de 185 millones. El municipio gastó hasta el 30 de septiembre pasado 929 millones, el triple de lo que registró la comuna cipoleña. Lo saben de sobra Gennuso y el gobernador: diciembre es, desde los saqueos del 2012, un mes caliente para Bariloche.

panorama de río negro

Martín Belvis martinbelvis@rionegro.com.ar