Auditoría en peligro
Puede que sean injustas las sospechas que han sido motivadas por la decisión del jefe actual de la Unión Cívica Radical, Mario Barletta, de desplazar a Leandro Despouy de su puesto como presidente de la Auditoría General de la Nación, pero dadas las circunstancias es comprensible que muchos la hayan atribuido a su presunta voluntad de congraciarse con el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Según quienes piensan así, Barletta ha elegido pactar con el oficialismo, pero hasta ahora nadie ha dicho lo que recibiría a cambio. Sea como fuere, por ser cuestión de uno de los escasos puestos realmente influyentes de los que dispone el radicalismo –conforme a la Constitución que se reformó en 1994, la presidencia de la AGN corresponde a la persona designada por el partido opositor con más legisladores–, a Barletta no le convendría en absoluto figurar como el máximo responsable de debilitar, por razones misteriosas, lo que es el organismo de control más importante. En diez años al frente de la AGN, Despouy se ha ganado la reputación de ser un investigador tenaz e independiente que no se deja impresionar por los obstáculos que ponen en su camino los reacios a permitirle enterarse de lo que están haciendo ciertos funcionarios que no se destacan por su respeto por los detalles legales. Si bien Despouy ha tenido buenos motivos para quejarse de lo difícil que le ha resultado avanzar en sus esfuerzos por rastrear los millones de dólares que fueron otorgados a la empresa constructora de las Madres de Plaza de Mayo que fue en efecto dirigida por Sergio Schoklender, aclarar asuntos turbios como los protagonizados por personajes como Claudio Uberti, el de la “embajada paralela” en Caracas, y el ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, o llamar la atención a las irregularidades que se han cometido en el manejo, según pautas netamente políticas, de las sumas cuantiosas invertidas, por decirlo así, en planes sociales que a su juicio resultaron ser “herramientas del clientelismo”, el consenso es que, dadas las circunstancias, ha cumplido su tarea con un grado excepcional de eficacia y objetividad, razón por la que la voluntad de Barletta de reemplazarlo por alguien que no molestaría tanto al gobierno de Cristina ha ocasionado tanta preocupación. Mal que bien, no puede haber una buena relación entre el Poder Ejecutivo y los organismos encargados de controlarlo, pero sucede que en los años últimos el gobierno se las ha arreglado para neutralizar, para no decir domesticar, a todos los demás que, en teoría por lo menos, deberían estar en condiciones de asegurar que la corrupción sea meramente anecdótica y no, como es el caso en nuestro país desde hace muchos años, un fenómeno ubicuo que afecta a virtualmente todos. Aunque Barletta dijo que Despouy mismo quería renunciar, parecería que la terminación de su gestión, fijada para el 21 de marzo, como titular de la AGN habrá tenido menos que ver con su eventual deseo de dejar el cargo después de tanto tiempo, que a la evolución de la siempre agitada interna radical, ya que por sus propios motivos el nuevo jefe del partido pensaba en dar el puesto a un aliado suyo, Mariano Candioti. Es ésta la opinión no sólo de muchos afiliados, en especial los de la fracción encabezada por el ex candidato presidencial Ricardo Alfonsín, sino también de otros dirigentes opositores que reaccionaron ante el anuncio formulado por Barletta con una mezcla de sorpresa y desdén. Según Hermes Binner, la “oposición responsable sufre un duro golpe”, un punto de vista que comparten no sólo los socialistas sino también los seguidores del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y miembros de lo que aún queda de la Coalición Cívica. Así, pues, como consecuencia de las protestas de sus propios correligionarios y de otros políticos opositores, Barletta se encuentra en una situación incómoda. Si insiste en nominar a Candioti, el que a juicio de sus críticos cuenta con demasiados amigos kirchneristas como para ser el hombre indicado para controlar el accionar del gobierno nacional, se desacreditará a sí mismo antes de que haya logrado consolidar su posición como líder del radicalismo, razón por la que sus adversarios internos creen que le convendría optar por candidatos más prestigiosos, como Rodolfo Terragno o Javier González Fraga.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 945.035 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 19 de febrero de 2012
Puede que sean injustas las sospechas que han sido motivadas por la decisión del jefe actual de la Unión Cívica Radical, Mario Barletta, de desplazar a Leandro Despouy de su puesto como presidente de la Auditoría General de la Nación, pero dadas las circunstancias es comprensible que muchos la hayan atribuido a su presunta voluntad de congraciarse con el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Según quienes piensan así, Barletta ha elegido pactar con el oficialismo, pero hasta ahora nadie ha dicho lo que recibiría a cambio. Sea como fuere, por ser cuestión de uno de los escasos puestos realmente influyentes de los que dispone el radicalismo –conforme a la Constitución que se reformó en 1994, la presidencia de la AGN corresponde a la persona designada por el partido opositor con más legisladores–, a Barletta no le convendría en absoluto figurar como el máximo responsable de debilitar, por razones misteriosas, lo que es el organismo de control más importante. En diez años al frente de la AGN, Despouy se ha ganado la reputación de ser un investigador tenaz e independiente que no se deja impresionar por los obstáculos que ponen en su camino los reacios a permitirle enterarse de lo que están haciendo ciertos funcionarios que no se destacan por su respeto por los detalles legales. Si bien Despouy ha tenido buenos motivos para quejarse de lo difícil que le ha resultado avanzar en sus esfuerzos por rastrear los millones de dólares que fueron otorgados a la empresa constructora de las Madres de Plaza de Mayo que fue en efecto dirigida por Sergio Schoklender, aclarar asuntos turbios como los protagonizados por personajes como Claudio Uberti, el de la “embajada paralela” en Caracas, y el ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, o llamar la atención a las irregularidades que se han cometido en el manejo, según pautas netamente políticas, de las sumas cuantiosas invertidas, por decirlo así, en planes sociales que a su juicio resultaron ser “herramientas del clientelismo”, el consenso es que, dadas las circunstancias, ha cumplido su tarea con un grado excepcional de eficacia y objetividad, razón por la que la voluntad de Barletta de reemplazarlo por alguien que no molestaría tanto al gobierno de Cristina ha ocasionado tanta preocupación. Mal que bien, no puede haber una buena relación entre el Poder Ejecutivo y los organismos encargados de controlarlo, pero sucede que en los años últimos el gobierno se las ha arreglado para neutralizar, para no decir domesticar, a todos los demás que, en teoría por lo menos, deberían estar en condiciones de asegurar que la corrupción sea meramente anecdótica y no, como es el caso en nuestro país desde hace muchos años, un fenómeno ubicuo que afecta a virtualmente todos. Aunque Barletta dijo que Despouy mismo quería renunciar, parecería que la terminación de su gestión, fijada para el 21 de marzo, como titular de la AGN habrá tenido menos que ver con su eventual deseo de dejar el cargo después de tanto tiempo, que a la evolución de la siempre agitada interna radical, ya que por sus propios motivos el nuevo jefe del partido pensaba en dar el puesto a un aliado suyo, Mariano Candioti. Es ésta la opinión no sólo de muchos afiliados, en especial los de la fracción encabezada por el ex candidato presidencial Ricardo Alfonsín, sino también de otros dirigentes opositores que reaccionaron ante el anuncio formulado por Barletta con una mezcla de sorpresa y desdén. Según Hermes Binner, la “oposición responsable sufre un duro golpe”, un punto de vista que comparten no sólo los socialistas sino también los seguidores del jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, y miembros de lo que aún queda de la Coalición Cívica. Así, pues, como consecuencia de las protestas de sus propios correligionarios y de otros políticos opositores, Barletta se encuentra en una situación incómoda. Si insiste en nominar a Candioti, el que a juicio de sus críticos cuenta con demasiados amigos kirchneristas como para ser el hombre indicado para controlar el accionar del gobierno nacional, se desacreditará a sí mismo antes de que haya logrado consolidar su posición como líder del radicalismo, razón por la que sus adversarios internos creen que le convendría optar por candidatos más prestigiosos, como Rodolfo Terragno o Javier González Fraga.
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