Entre ripio y nieve, un rally que no deja de crecer
Emiliano, organizador del evento, repasó los logros, desafíos y momentos únicos de una edición récord.
El crecimiento del rally Locos de la Patagonia no pasó desapercibido en su última edición. Con 127 vehículos en ruta —entre autos, motos y camiones— y más de 250 participantes, el evento alcanzó un nuevo techo en convocatoria. Sin embargo, para su organizador, Emiliano, el verdadero logro no estuvo en los números.
“El principal logro fue que, a pesar de la cantidad de participantes, se mantuvo el espíritu de los rallies anteriores”, explicó en diálogo con Río Negro. Ese espíritu, según detalló, se construye en pequeños gestos: compartir almuerzos, improvisar paradas al costado del camino, organizar asados en galpones o reencontrarse en pueblos perdidos de la estepa. “Se sigue buscando caminos nuevos, se mantiene la camaradería entre los equipos y esa esencia de viajar con autos antiguos por la Patagonia”, agregó.

La esencia del rally: comunidad y aventura
Uno de los rasgos más distintivos del evento es la solidaridad entre los participantes. Para Emiliano, las mejores escenas no están en la llegada, sino en el camino. “Estar en el medio de la ruta, que se rompa un auto y que todos paren a ayudar, eso resume lo que es el rally”, describió.
En esos momentos, lejos de la competencia, aparecen los valores que definen la travesía: compartir herramientas, conocimientos y hasta comida. “Ahí mismo se arma una picada, se comparten repuestos y cada uno aporta lo que sabe”, contó. Ese clima también se traslada a la previa. El evento, según explicó, empieza mucho antes de la largada: “La gente se junta meses antes, compra un auto, lo arma, lo prepara. El rally empieza en ese proceso”.

Tramos extremos y decisiones al límite
En esta edición, el desafío estuvo marcado por rutas exploratorias y decisiones que implicaron asumir riesgos. Uno de los momentos más exigentes fue un tramo alternativo entre Río Mayo y Los Antiguos, evitando la Ruta 40.
“Nos decían que no estaba bueno para pasar, menos en mayo, pero algunos se animaron”, recordó Emiliano. Ese recorrido, por caminos rurales que en el futuro podrían formar parte de la traza de la Ruta 41, exigió determinación y preparación.

Una caravana de unos 20 vehículos logró completar el trayecto entre Lago Blanco y el Lago Buenos Aires. “Fue un día para tener en cuenta, por lo que implicó y por todo lo que generó en los participantes”, señaló. A eso se sumó el recibimiento en cada localidad: “Los momentos en los pueblos, con la gente, también son parte fundamental de la experiencia”.
En cuanto a los vehículos, el rally volvió a destacarse por su diversidad y su impronta histórica. Este año hubo una mayor presencia de autos de las décadas del 30 y 40, algo que no era habitual en ediciones anteriores.

“Antes había uno o dos autos de los años 30, este año hubo varios”, contó. Entre las historias más llamativas, destacó la participación de familias completas: “Hubo equipos con tres generaciones: abuelo, padre e hijo, todos arriba de autos antiguos”. Uno de esos casos fue el de una camioneta Chevrolet 1938, que reunió a tres generaciones en la misma cabina. “Eso también forma parte del espíritu del rally”, remarcó.
El crecimiento del evento abre un nuevo interrogante de cara al futuro. De seis autos en sus inicios a más de 120 en la actualidad, la logística comienza a ser un desafío.

“Muchos dicen que hay que poner cupos o hacerlo más exclusivo, pero la idea es que no quede nadie afuera”, sostuvo Emiliano. En ese sentido, adelantó que se evalúan alternativas para sostener la esencia sin limitar la participación: dividir caravanas, organizar comidas en distintos puntos o distribuir recorridos.
“El objetivo es mantener el espíritu: la incertidumbre, elegir caminos, que el auto se rompa, que haya que arreglarlo”, explicó. Lejos de ser una competencia tradicional, el rally propone otra lógica. “Esto no es un Dakar, es un desafío personal”, aclaró. Las cifras lo reflejan: de los más de 120 vehículos que largaron, poco más de la mitad completó el recorrido.

“No todos estaban preparados o simplemente les alcanzó con lo que vivieron”, indicó. Aun así, el dato más revelador es otro: todos quieren volver. “Todos confirmaron que van a estar en la próxima edición, y eso es lo que realmente genera el rally”, concluyó.
El crecimiento del rally Locos de la Patagonia no pasó desapercibido en su última edición. Con 127 vehículos en ruta —entre autos, motos y camiones— y más de 250 participantes, el evento alcanzó un nuevo techo en convocatoria. Sin embargo, para su organizador, Emiliano, el verdadero logro no estuvo en los números.
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