Bajofondo fue rock
La banda colmó el Cine Teatro Español neuquino el martes y recibió baile y una ovación a cambio.
Todo empezó con suavidad, como avisando que llegaron, casi gentiles y con la delicadeza del inicio de “Intro”, pero eso duró poco. Como en ese primer tema de la última placa del grupo, que va “in crescendo” hasta que explota, así empezó el concierto de Bajofondo.
Fue como si “Presente” estuviera amplificado, multiplicado, potenciado (sonaron todos sus temas y más, puesto que tocaron más de dos horas sobre el escenario del Teatro Español). No sólo por el volumen lógico del vivo, sino por las versiones de los temas que la banda compartió con el público, más poderosas, en las que el juego, intercambio lúdico entre los ocho integrantes, casi no dio respiro a la platea (ni a ellos mismos, claro).
Y así se fueron abrazando, como si el espacio se transformara en un único disco, los temas “Código de barra”, “Monserrat” (de la placa “Bajofondo Tango Club”), “Sabelo”, “Borges y Paraguay”, “Pulmón” (estos dos últimos de “Mar dulce”) y “Segundos afuera”.
Hasta ahí, antes del intervalo que duró unos veinte minutos, los saltos de los músicos y las ovaciones del público tras cada final de tema (traducidas y aplausos y gritos de aliento), transformaron a la primera parte del show en antesala de fiesta electrónica (seguramente, si el espacio no hubiera sido un teatro con butacas alineadas, la fiesta hubiera sido otra). Gustavo Santaolalla había anticipado antes de la pausa que en la segunda parte invitarían al público a bailar. “Nos gusta estar acá y nos gusta que el público baile” o algo así dijo el músico, quien no paró de saltar, bailar y correr de un lado al otro del escenario.
No fue el único. Se notaba que la banda completa disfrutaba. La comunicación entre los músicos fue todo. Tanto, que conectaron con la platea de esa manera que tienen quienes viven los recitales como esos momentos irrepetibles y lo transmiten. El espacio fue un solo track esa noche. Pero sigamos.
“Pena en mi corazón” fue la primera enteramente coreada por el público. Siguió “Pide piso” (el primer sencillo del disco “no tan sencillo, porque llevó bastante trabajo”, recordó Santaolalla), entre varios otros, y no importó si se trataba de hip hop, tango, milonga, jazz o candombe.
Ya en la segunda parte, fue el turno de “Cuesta arriba”, “Grand guignol”, “Lluvia”, “Circular”, “La trufa y el sifón”, el hitazo “El mareo” que el público cantó entero, “Pa’ bailar” (ambos de “Mar dulce”) y “Los tangueros”, entre otros y bises.
Los músicos intercambiaron instrumentos e interpretaciones; se agradecieron unos a otros con gestos y “se sacaron el sombrero” imaginario, y lo mismo le tocó a la audiencia. Una única energía potente hermanó público, música e intérpretes. Talento, calidad y calidez; magníficos juegos de luces y proyecciones de imágenes; ovaciones y bailes (sobre y bajo) el escenario. Dicen que un recital está muy bueno cuando, una vez finalizado, seguís con ganas de seguir escuchando esa música. Entonces, Bajofondo, el martes, fue rock.
Matías Subat
El grupo potenció su “Presente” y llenó la sala.
PAULA GINGINS
pgingins@rionegro.com.ar