Bariloche ante un momento clave: abrir la temporada invernal para sobrevivir

Los actores estatales y del turismo de la ciudad cordillerana aúnan esfuerzos para presentar una propuesta de apertura.  Sin gestos de Nación, el destino podría no sobrevivir. Las alarmantes cifras del impacto económico y social.

La postal de la Patagonia está ante una encrucijada. La afirmación no para de surgir de boca de los más diversos referentes estatales, privados y sindicales de Bariloche, desde el más encumbrado empresario hasta el trabajador temporario de un hotel: la ciudad podría no sobrevivir a un nuevo invierno sin temporada turística.

Quien haya visitado Bariloche alguna vez sabe que detrás de los centros de esquí, las cervecerías boutique y los restaurantes listados en la Guía Michelin hay trabajadores y trabajadoras que no pueden resistir otro invierno sin salida laboral.

Durante 2020, el año sin temporada invernal pudo paliarse con una importante asistencia de la Nación a través de instrumentos como los ATP, el IFE, el APTUR y los REPRO, y del Gobierno de Río Negro con líneas de crédito y subsidios que fueron invalorables para que empresas y trabajadores pudieran salir adelante. Pero en 2021 el panorama en este sentido no será el mismo que el año pasado, y los temores de que no haya cómo compensar la falta de ingresos parecen más que justificados.

Pérdidas millonarias y bolsillos vacíos

Los números oficiales del impacto económico de la pandemia en la ciudad son escalofriantes. La Municipalidad, a cargo del intendente Gustavo Gennuso, realizó un relevamiento de las declaraciones juradas de ingresos del sector productivo y comercial (que se presentan mes a mes para valuar la Tasa de Inspección, Seguridad e Higiene). El trabajo estadístico que realizó la Secretaría de Producción, Innovación y Empleo municipal refleja los ingresos reales entre enero de 2019 y abril de 2021, y una estimación de valores para el tramo de mayo a diciembre de 2021.

Empresarios y autoridades municipales reunidos con un eje común: abrir la temporada.

Las caídas más abruptas -promediando todos los rubros productivos- se produjeron previsiblemente entre abril y septiembre de 2020, con pérdidas de ingresos promedio de entre el 40 y 50%, con sectores cuya caída alcanzó el 90%. Esto equivalió a entre 2.500 y 3.400 millones de pesos mensuales (según el mes) que no entraron en la ciudad. Pero las proyecciones para 2021 son aún más alarmantes: se estiman pérdidas de entre 3.200 y 4.700 millones de pesos mensuales para los próximos meses. Tanto en la realidad concreta de 2020 como en la proyección de 2021, los picos de pérdida se concentran entre julio y agosto, la temporada invernal fuerte.

Pueden parecer cifras frías, incluso migajas en términos de los números que puede manejar un conglomerado multinacional -que los hay-, pero lo cierto es que esos números significan una tragedia productiva y social: trabajadores en la calle, jefes y jefas de hogar que no pueden llevar un sustento a su familia, pymes que quiebran sin posibilidad alguna de recuperación, después de más de un año de inactividad y acumulación de deudas e intereses de créditos de salvataje.

Teniendo en cuenta que la suma total de las pérdidas de 2020 fue de más de 20.300 millones de pesos, Bariloche no podría enfrentarse a las pérdidas totales estimadas para 2021: 26.800 millones.

Sin turistas, Bariloche estima pérdidas millonarias.

El Municipio también relevó, a través de su Secretaría de Desarrollo Humano Integral, la cantidad de módulos alimentarios que han ido distribuyendo desde la comuna, con una importante asistencia financiera de la Provincia, para la población más vulnerable de la ciudad. Con una cifra de módulos que se ajusta a la demanda que surge de la misma comunidad a través de los centros territoriales de la Municipalidad, el año pasado esa demanda llegó (entre mayo y septiembre) a un pico de casi 23.000 módulos por mes. Con la gradual apertura de actividades la necesidad fue disminuyendo, y con la concreción de una limitada pero exitosa temporada turística de verano descendió a un mínimo de alrededor de 15.000. Pero en mayo, con la llegada de nuevas restricciones y aislamiento preventivo, la cantidad de personas que solicitaron módulos alimentarios se incrementó en un 12% respecto al mes anterior y ya se están entregando nuevamente alrededor de 22.000 módulos mensuales. Se espera que esa tendencia se profundice con la llegada del invierno.

Es que las pérdidas de ingresos se dan en los sectores que más trabajo generan en la Bariloche actual. La caída promedio reflejada por los relevamientos del Municipio se acentúa en dos rubros en particular: el sector de la hotelería y restaurantes, y el sector del comercio al por mayor y menor.

Analizando los datos de las declaraciones juradas de ingresos de abril de 2021, y comparándolas con las estimaciones de ingresos que se hubieran tenido en condiciones pre-pandemia, el rubro hotelero y gastronómico tuvo una caída del 55%, que representa 415 millones de pérdida.

Y el rubro del comercio (que tras la temporada de verano había tenido en marzo un repunte económico que lo llevó a superar en un 16% sus ingresos proyectados), en abril volvió a tener un revés, con una caída del 10% respecto de los ingresos proyectados. Al ser uno de los sectores de mayor actividad, ese 10% significó 307 millones de pesos en pérdidas, que se traducen en cierres y desempleo.

El rubro de los servicios sociales, comunitarios y personales también tuvo un impacto de reducción de ingresos del 59%, que representa 150 millones de pesos que no han llegado a los bolsillos de los trabajadores del sector.

En total, entre todos los rubros sólo en abril se perdió un estimado de 974 millones de pesos en ingresos económicos a la ciudad. Si bien estos números se guían tanto por ingresos concretos como por proyecciones, sirven para ilustrar el impacto que otro invierno sin temporada turística podría tener para Bariloche, su matriz productiva y, sobre todo, su población trabajadora que se encuentra en su punto de vulnerabilidad máxima.

Un pedido unánime en la diversidad: poder abrir

Desde hace meses, el intendente Gennuso se propuso convocar a todos los sectores posibles para evaluar y consensuar una propuesta de apertura turística invernal que se pudiera elevar al Gobierno Nacional, con el acompañamiento de la Provincia.

La trayectoria de pandemia ha generado, entre sus pocos efectos positivos, un ejercicio permanente de diálogo y búsquedas de consenso entre el sector estatal y el privado de Bariloche, con el norte común de poder encontrar una salida a la crisis económica que provocó el virtual congelamiento del turismo.

El Municipio y la Provincia de Río Negro, siempre con las estadísticas sanitarias en la mano e implementando las medidas y restricciones dispuestas por las autoridades de salud nacionales que fueron surgiendo, han tendido puentes con las cámaras de Turismo y de Comercio, con los más diversos sindicatos, las asociaciones y colegios profesionales, e incluso con otras localidades que comparten el cartel de “destino de nieve”, para poder lograr una visión integral, equilibrando factores que a veces parecen irreconciliables, pero de cuya combinación depende literalmente la supervivencia de la ciudad.

El intendente Gennuso junto al jefe de gabinete, Marcos Barberis y la vicejafa Marcela Abdala encabezan las gestiones.

Entre los pedidos principales a Nación figuran la autorización de más vuelos para activar la temporada (la Secretaría de Turismo local tiene un muy buen vínculo con Aerolíneas Argentinas, y a la ciudad también viajan varias low-cost), la llegada de vacunas para los trabajadores del sector turístico (que el Ministerio de Turismo provincial evaluó que en cantidad no representaría una cifra difícil de alcanzar), una articulación entre provincias para organizar un calendario de vacaciones de invierno que incluso contemple un escalonamiento para una temporada segmentada, con menor flujo simultáneo de turistas pero distribuidos durante más tiempo.

También generó expectativa el anuncio del Ministrio de Turismo de la Nación, Matías Lammens, respecto de la reapertura del programa Pre Viaje, además de la intensificación de la asistencia económica a través de los Repro.

A su vez, la ciudad plantea profundizar los controles de ingreso, el incremento de testeos -tanto previos al viaje como durante la estadía-, y continuar con los protocolos sanitarios para el funcionamiento de locales, hoteles y restaurantes que demostraron su efectividad durante el verano.

El problema es que el tiempo corre, y la falta de previsibilidad tiene un impacto directo en la cantidad de reservas para el invierno (que rondan actualmente el 8% para julio y el 15% para agosto). La intención del sector turístico de Bariloche de abrir su temporada para el 1 de julio requiere que sin más demoras se pueda asegurar desde Nación que la apertura es posible, que se flexibilizarán las restricciones de movimiento aéreo y terrestre, que el calendario de vacaciones y de feriados se pueda concretar.

En el Municipio estiman que con un 40% de ocupación turística, que equivaldría a la llegada de alrededor de 100.000 turistas, la supervivencia sería posible. Con dificultades, con necesidad de ayuda externa, pero posible. Sin esa seguridad, o en su defecto sin una ayuda económica que virtualmente duplique las líneas de asistencia desplegadas en 2020, el invierno de 2021 podría significar el fin de Bariloche como corazón del turismo patagónico.


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