Bariloche cada vez tiene menos colectivos y suman problemas los usuarios

La calidad del servicio de Mi Bus está en picada. Para los sectores de menores recursos, es vital para poder hacerse de un ingreso.



La espera de un colectivo en los barrios de Bariloche, ante la quita de frecuencias, supera la hora para muchos pasajeros. Foto: Alfredo Leiva

La espera de un colectivo en los barrios de Bariloche, ante la quita de frecuencias, supera la hora para muchos pasajeros. Foto: Alfredo Leiva

La calidad del transporte público local cayó en picada en los últimos tres meses y condiciona cada vez más la vida cotidiana de los usuarios, que se ven en grave dificultad para cumplir horarios y obligaciones.

La escasez del subsidio que aportan la Nación y la provincia, sumada a las imposiciones del aislamiento social, derivó en un drástico recorte de frecuencias, para desconcierto de los pasajeros.

Desde el municipio admiten que la crisis es muy severa y el mensaje para la gente es que se abstenga de planificar su movilidad en función del transporte y lo use lo menos posible.

Para atender la situación de los trabajadores que deben viajar a diario, el criterio general es exhortar a las empresas a que aseguren por cuenta propia el traslado de sus empleados. Pero ese mecanismo sólo fue adoptado por varias constructoras y algunas clínicas y consultorios. En el comercio no tuvo mayor eco.

Otros han decidido flexibilizar el horario de ingreso porque la gente ya no sabe a qué hora salir de su casa y qué peripecias deberá afrontar para llegar a su trabajo. Entre los que suspendieron las sanciones por llegar tarde está el propio municipio.

Un buen resumen de la situación fue el que aportó Lilian Cayunao, una vecina del barrio Malvinas que un día de esta semana, al mediodía, se cansó de esperar el 61 en la avenida Herman, bajo la lluvia, y comenzó a caminar hacia el centro.

Liliana Cayunao espera el colectivo que la baje al centro de Bariloche, desde la avenida Juan Herman. Foto: Alfredo Leiva

“Entendemos la situación y los cuidados de la salud, pero hay que pensar un poco en la gente -dijo la mujer, de 60 años-. Hay muchos que no tienen auto. Y cuando llegue la nieve y el hielo ésto va a ser peor”.

Aseguró que tanto ella como su hijo suelen caminar hasta el centro de la ciudad si el clima lo permite. Les insume no menos de una hora. Cayunao afirmó que “en los horarios pico el colectivo pasa con todos los asientos ocupados, no te levanta y estás jodido, porque tenés dos horas de espera”.

Dijo que el día anterior le pasó algo así a la salida de un supermercado céntrico, cargada con sus compras, luego de esperar largo rato, decidieron compartir un remise junto a otra mujer, por el que pagaron 300 pesos.

Rocío Lera, de 29 años, también tiene que viajar a diario desde el barrio Quimey Hue hasta un centro médico por un tratamiento kinesiológico y no puede llegar tarde. Dijo que hasta el lunes el colectivo pasaba a las 14.15 “pero cambió” y a pesar de un googleo de urgencia no pudo encontrar el horario nuevo “por ningún lado”.

Rocío Lera viaja a diario desde el barrio Quimey Hue al centro. Foto: Alfredo Leiva

Admitió de que trata de tomarlo con paciencia, pero “es un poco complicado”, ya que no sabe con qué anticipación salir para no perder el turno.

En la misma parada y bajo la lluvia persistente, esperó largo rato Segundo Cayulef, quien acababa de salir de un hipermercado ubicado en la rotonda de Herman y Pasaje Gutiérrez en búsqueda de transporte para volver a su casa, en San Francisco IV. “Hay pocos colectivos y con este clima todo se pone peor -dijo resignado-. Un aguanta hasta que pasa el agua la campera”.

Cayulef está desocupado y viaja poco, sólo cuando tiene necesidad, porque “hay que cuidar la platita para comer”. Pero a veces no le queda otra, y moverse por la ciudad cuesta cada vez más porque “el colectivo pasa cada hora y media y muchas veces lo deja parado a uno”.

Retroceso

La cantidad de servicios de la empresa Mi Bus se redujo a un tercio respecto del esquema previo a la cuarentena. Por contrato la empresa tiene que cumplir un máximo de 544 mil kilómetros mensuales. Según refirieron desde el municipio, hoy el recorrido total suma apenas algo más de 200 mil kilómetros.

Las garitas de colectivos no son óptimas para esperar tanto tiempo el servicio de Mi Bus. Foto: Alfredo Leiva

Hay líneas que directamente fueron eliminadas, como la 41 y la 51, lo cual impide conectar el Alto de la ciudad con los barrios del oeste con un solo colectivo.

El diagrama actual cubre malamente la extensa geografía de Bariloche y está comprendido por 14 líneas. En total son 134 servicios diarios, con intervalos que varían entre una y dos horas, según el recorrido. Los horarios también se comprimieron, al punto de que los primeros colectivos salen a la calle alrededor de las 7.30 (salvo alguno que fue anticipado a pedido de los trabajadores de salud) y los últimos servicios corren entre las 20 y las 21.


Los sindicatos, en alerta


Las quejas por la precariedad del transporte repercuten también en los sindicatos, especialmente los que agrupan a los trabajadores de actividades “esenciales” y de otras que fueron habilitadas en las últimas semanas, por ejemplo la construcción.

El secretario gremial de la Asociación de Empleados de Comercio, Alberto Arabarco, dijo que es “un tema problemático” porque muchos trabajadores del sector “no tienen auto y dependen del transporte, que está difícísimo”.

A su juicio, “lo tiene que arreglar el municipio, porque el trabajador esencial tiene que viajar sí o sí y lo padece”. Arabarco dijo conocer casos de empleados de comercio que gastan abultadas sumas en remise, ante la falta de alternativas. Pidió “que amplíen las frecuencias o que las empresas adapten los horarios del personal”. Puso como ejemplo que en Invap hay 50 trabajadores de la limpieza que ingresaban a las 7 y ante la falta de transporte, la semana pasada acordaron ingresar a las 9.

Los trabajadores de salud enfrentan problemas similares. El secretario general de ATSA, Esteban Romero, dijo que llevaron la demanda a la mesa de Transporte, “pero las soluciones no aparecen”. Aseguró que algunos sanatorios le pagan el remise a los trabajadores y otros los trasladan en vehículo propio. “Se reclama y lo contemplan, pero es un trastorno”, señaló.

Dijo que son frecuentes los casos de empleados que llegan tarde y si bien hay cierta tolerancia de la patronal debido a la falta de transporte, se genera un conflicto con quien estuvo de guardia toda la noche y pretende que su reemplazo llegue en horario.

Desde la Uocra, el secretario general Nicanor Espinosa dijo que las empresas constructoras en general “ponen movilidad a su cargo o pagan el viático de combustible para el que tiene auto propio”. Aseguró que el sistema está contemplado desde que se aprobó la reactivación del sector y “funciona bien” especialmente en las obras públicas. Algunas firmas contrataron vehículos de transporte escolar.

Los choferes de los colectivos también experimentan el enojo de los pasajeros y tienen su propia postura. Pablo Figueroa, secretario gremial de la UTA, dijo que “por seguridad” tratan de no trasladar pasajeros parados, pero “faltan servicios y todo se desmadra”. Refirió que el trabajador a veces levanta igual a la gente “porque es consciente de que si no tienen que esperar horas” hasta subir a otro colectivo.

Figueroa dijo que a veces los pasajeros sentados no quieren que admitan más gente a bordo y “se han dado algunas situaciones de enojo, pero no pasaron a mayores”.

El dirigente dijo que con la reactivación progresiva de las actividades económicas, Bariloche “va a tener que llegar una solución para el transporte”.


El municipio espera respuestas de Nación


El Jefe de Gabinete, Marcos Barberis, apeló a un argumento reiterado una y otra vez las últimas semanas. Dijo que el transporte enfrenta una crisis extrema y que la única salida sería una mayor transferencia de fondos del gobierno nacional.

Aseguró que hasta la semana pasada la situación era aún peor, pero “ahora al menos hay un acuerdo firmado pro cuatro meses”, que mantiene el subsidio para Bariloche en 14 millones de pesos. Esa suma a otra equivalente de la provincia y la compensación extra que pueda aportar el municipio. La venta de boletos es ínfima.

Barberis explicó que un colectivo hasta marzo pasado podía trasladar a 62 personas si iba colmado y ahora el cupo se redujo un 50%. “El consejo es tratar de usarlo lo menos posible -señaló Barberis-. Para los que van a trabajar, lo que proponemos es que los empleadores se hagan cargo del traslado por otras vías”.

Dijo que la sustentabilidad del transporte urbano a futuro es una preocupación permanente del municipio y mantienen gestiones con el gobierno nacional para hallar una solución. “Hoy el sistema está caído y los recursos que faltan tendrían que surgir de un reparto más equitativo entre el Área Metropolitana de Buenos Aires y el interior del país”, afirmó.


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