Beatas de balotaje
Una historia breve basada en hechos reales, escrita por Emilio Di Tata Roitberg, mención especial en el Premio Clarín Novela 2014.
LITERATURA
Por Emilio DiTata Roitberg
Las beatas de la Medalla Milagrosa estaban a punto de la novena, dedicada a las vocaciones sacerdotales (el padre Ramón ya estaba muy viejito y tenían que encontrarle un reemplazo cuanto antes). Habían pasado diez minutos de las nueve y las “chicas” no sabían si arrancar ahí mismo o esperar un rato más a Graciela, la cuarta mosquetera del grupo, veterana catequista y voluntaria todo terreno desde hacía más de veinte años en la parroquia. Era el día después del balotaje y las tres hablaron un rato de las elecciones, en qué escuela habían votado, si había mucha gente. Como Graciela no llegaba tomaron asiento y pelaron los rosarios. La que estaba sentada en la punta empezó: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre… No habían terminado la primera decena cuando apareció Graciela, hecha una tromba, y sin siquiera persignarse les gritó: “¡Estarán contentas, ahora!” Se quedaron las tres con la boca abierta, sin entender lo que pasaban. “Estarán festejando, ahora que ganó Macri. ¡No saben la que les espera! Ya van a ver cuando saque los subsidios, los planes, las jubilaciones!” La más viejita del grupo dijo: “Graciela, por favor. Este no es lugar” Pero la beata oficialista estaba lanzada. “¡Ustedes lo votaron, desagradecidas, traidoras! ¡Si hasta el Papa Francisco pidió que votaran a Scioli!” Nunca la habían visto así. Parecía que le iba a dar un ataque. Tras un momento de silencio la más viejita tomó asiento y arrancó: Dios te salve María, llena eres de gracia… Las otras dos volvieron a sentarse, y Graciela también. Ruega por nosotros por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte… Sin embargo, antes de llegar al primer misterio, Graciela se puso de pie (con una agilidad notable para una señora de su corpulencia) y sin decir palabra encaró para la puerta. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo… Una beata apagó la luz, lotra echó llave. “Tiene dos hijos en la Cámpora”, explicó la tercera. “A uno lo colocó en el Inadi y a otro en el Sedronar”. “¿En qué?” “La oficina de lucha contra la drogacción”. “¿Al gordito? ¡Si ese es alto falopero!” Y siguieron cuchicheando, como si rezaran.
(*) El escritor fue finalista y obtuvo una mención especial en el Premio Clarín de Novela 2014 por “González Catán”.
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