Bergoglio es el nuevo papa Francisco I

Así lo resolvió el cónclave que reunió a 115 cardenales en la Capilla Sixtina. El argentino pidió que “el nuevo camino que comienza la Iglesia sea fructuoso para la evangelización”. Rezó por Benedicto XVI.

Redacción

Por Redacción

VATICANO

El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio se convirtió hoy en el papa Francisco I, el primer americano y jesuita en ocupar la Cátedra de Pedro, en una elección que resultó sorpresiva y que motivó felicitaciones en todo el mundo.

Tras la fumata blanca en el Vaticano que reveló la elección del Papa argentino en la quinta votación del cónclave, Bergoglio salió al balcón de la basílica de San Pedro y, en italiano, agradeció a los cardenales que “me vinieron a buscar al fin del mundo”.

“Gracias por el recibimiento”, agregó frente a la multitud, entre la que se podían divisar algunas camisetas y banderas argentinas.

La presidenta Cristina Fernández saludó a Francisco I a través de una breve carta de tono formal y le deseó una “fructífera tarea pastoral, desempeñando tan grandes responsabilidades en pos de la justicia, la igualdad, la fraternidad y de la paz de la humanidad. Le hago llegar a Su Santidad mi consideración y respeto”.

En el texto, señaló que “en mi nombre, en el del gobierno argentino y en representación del pueblo de nuestro país, quiero saludarlo y expresarle mis felicitaciones con ocasión de haber resultado elegido como nuevo Romano Pontífice de la Iglesia Universal”, expresó.

El secretario de Comunicación de Presidencia, Alfredo Scoccimarro, ya confirmó que la mandataria asistirá al acto de asunción que se realizará en Italia el próximo martes 19, pese a las diferencias que mantuvo durante toda su gestión con el arzobispo de Buenos Aires y que incluso la llevaron a evitar los tradicionales Tedeum en la Catedral Metropolitana.

Bergoglio, de 76 años, mantiene posiciones contrarias al matrimonio homosexual, el aborto y la despenalización del consumo de drogas, y siempre tomó una postura cercana a las clases menos favorecidas y las víctimas de la trata de personas.

En su primer mensaje, el flamante pontífice pidió después rezar por el papa emérito Benedicto XVI: “Oremos para que el Señor lo bendiga y para que la Virgen María lo proteja”.

Francisco I pidió también a la multitud que “recen por mí”, como acostumbraba hacer con cada persona que se encontraba en la calle o cuando tomaba el subterráneo para recorrer las parroquias porteñas.

“Oremos los unos por los otros y todos por el mundo, para que haya una gran fraternidad”, exhortó.

El nuevo pontífice rezó un Padrenuestro y un Avemaría ante la multitud que clamaba y gritaba su nombre.

En la plaza de San Pedro se pudieron ver varias banderas argentinas y muchos de los presentes le gritaban que dijera unas palabras en castellano, pero que no hizo.

En tanto, en Buenos Aires muchas personas se acercaron a las plazas principales.

Su designación generó una ola de repercusiones en todo el mundo, de los más importantes líderes, entre los que se destacó el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quien celebró la elección del “primer Papa de las Américas”.

También difundieron sus felicitaciones los Reyes de España, Juan Carlos y Sofía; el presidente de Francia, Francois Hollande; su par de España, Mariano Rajoy, y referentes regionales como los mandatarios Rafael Correa (Ecuador), Juan Manuel Santos (Colombia) y Enrique Peña Nieto (México), entre otros.

A las 15.05 hora de Buenos Aires, el humo blanco salió de la chimenea de la Capilla Sixtina, del Vaticano, indicando que los católicos tenían nuevo Papa.

Casi 50 minutos después el cardenal protodiácono, el francés Jean Louis Taurán, anunciaba al mundo en latín “habemus papum” y daba a conocer el nombre del argentino Bergoglio.

Las especulaciones en torno a quién sería el sucesor de Benedicto XVI cobraron nuevo empuje a la luz de las cuatro primeras infructuosas votaciones.

En ese contexto, la figura del arzobispo porteño volvió a tomar fuerza, tal como sucedió en 2005 cuando resultó el segundo cardenal más votado, después de Joseph Ratzinger. (DyN)


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