Boca, Alfaro y el regreso a las fuentes



Hay un cambio evidente en la política de incorporaciones de Boca. Después de un par de mercados donde acumuló talento y nombres, con la llegada de Gustavo Alfaro como DT y de Nicolás Burdisso como dirigente, el concepto para reforzar el plantel es distinto a los tiempos de Guillermo Barros Schelotto o Rodolfo Arruabarrena.

Si bien la inversión sigue siendo importante y permanece el componente de poder de Daniel Angelici (cuya influencia excede lo deportivo), las decisiones de las posiciones a reforzar y los intérpretes que se buscan se han modificado.

Luego de la salida de jugadores como Pablo Pérez y Fernando Gago en enero y de Nahitan Nández o Darío Benedetto en julio, arribaron Jan Hurtado, Eduardo Salvio y Alexis MacAllister.

Incluso lo de Franco Soldano va por la misma línea que los mencionados. Se buscó un reemplazante natural de Benedetto pero de semblante completamente opuesto al que tuvo el Pipa: perfil bajo, sin pasado por equipo de alta exposición y con menos humos en la cabeza.

La calidad de los futbolistas que llegaron en otro tiempo es innegable. Algunos partieron, como Edwin Cardona, Daniel Osvaldo, Ricardo Centurión, y otros permanecen en el plantel como Mauro Zárate o el propio Carlos Tevez.

Si bien el nivel de los refuerzos parece ser adecuado para Boca, no se trata de jugadores cuya adaptación esté garantizada.
A excepción de Daniele De Rossi, ninguno de los que firmó en este mercado de pases pasó por un equipo grande.

Si, Salvio jugó un mundial y ya mostró destellos. Pero en Benfica no era titular y por algo eligió volver desde el viejo continente, donde tenía un contrato alto.

La llegada del volante italiano es un caso aparte. Representa un salto de calidad en términos futbolísticos y una gran movida de márketing, de esas que un club como Boca necesita para marcar presencia en el mundo.

Es clara la depuración de plantel: de los 11 titulares en la final contra River en Madrid, en el último partido por Libertadores arrancaron apenas 3. Siguen jugando Esteban Andrada, Emmanuel Más y Carlos Izquierdoz. El resto, entre que perdieron su lugar o partieron a otros equipos, ya no forman parte de la primera plana xeneize.

El equipo de la Ribera sigue teniendo 25 jugadores que serían titulares en cualquier otro club, pero el once inicial de Alfaro usa más overol que smoking. Ganó presencia de jugadores del club con Marcelo Weigandt y Nicolás Capaldo, algo que el Mellizo había descartado sin tapujos.

Ha crecido desde lo futbolístico, ganó solidez porque no depende tanto del arquero y está más emparentado con su historia. Ahora va en busca de títulos, porque, como dijo el propio entrenador ‘‘acá no hay purgatorio’’.


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