Bolivia elige hoy presidente entre dos modelos muy distintos

Quien gane, para ser presidente en primera vuelta deberá superar el 40% de los votos y sacar al menos el 10% de diferencia al segundo. El favorito es Luis Arce, ministro de Economía de Evo Morales, aunque hay muchas dudas sobre si llegará al porcentaje necesario.





Las encuestas favorecen a Luis Arce y la apuesta es ganar en primera vuelta para evitar alianzas posteriores en la oposición.

Las encuestas favorecen a Luis Arce y la apuesta es ganar en primera vuelta para evitar alianzas posteriores en la oposición.


Un total de 7.332.925 bolivianos están habilitados para elegir presidente y otros cargos, como corolario de un proceso electoral atravesado por la crisis económica y el coronavirus, en el que se enfrentan en un clima tenso varios candidatos que representan sustancialmente dos modelos antagónicos de país: uno estatista y plurinacional y otro neoliberal y de élites.

Bolivia llega a esta elección luego de un año dramático, que comenzó con la indefinición de las presidenciales de 2019, con acusaciones de fraude para reelegir a Evo Morales, que fueron avaladas por la Organización de Estados Americanos (OEA) y sirvieron para forzar su renuncia, el 10 de noviembre, y la instalación de un gobierno de transición.

En ese marco de tensión, con al menos 33 personas muertas durante el golpe, la pandemia de coronavirus forzó la postergación de dos fechas electorales, en medio de denuncias contra el gobierno de Jeanine Áñez de intentar utilizar la crisis sanitaria para socavar las posibilidades del Movimiento Al Socialismo (MAS), cuyos principales dirigentes están bajo acoso judicial por diversos cargos.

El candidato del MAS, Luis Arce, aparece en los sondeos como el probable ganador, aunque deberá alcanzar el 40% de los votos con 10 puntos de diferencia de su seguidor para ganar directamente en esta primera vuelta.

En caso de ir a segunda vuelta, convocada para el 29 de noviembre, las chances del MAS de volver al gobierno son menos ciertas. Por esta razón, la apuesta es a todo o nada para este domingo.

Tal como en las frustradas elecciones del año pasado, el segundo en las intenciones de voto es el expresidente Carlos Mesa, candidato de Conciencia Ciudadana, un liberal moderado que representa a las élites del oriente boliviano.

Y el tercero, que puede incidir en el resultado, es el exprefecto de Santa Cruz de la Sierra Luis Fernando Camacho, que se postula por Creemos y representa a la derecha más radical y elitista.

Todo el espectro viene presionando a Camacho para que respalde a Mesa, porque consideran la unión del voto de derecha “es la única forma de evitar que gane el MAS”, según dijo la presidenta Jeanine Áñez, al retirar su propia postulación, al ver que no convocaba al electorado.

El resto de los candidatos son Chi Hyun Chung, del Frente para la Victoria; Feliciano Mamani, del Partido Acción Nacional Boliviana, y María de la Cruz Bayá, de Acción Democrática Nacionalista.

Además de presidente y vice se eligen 36 senadores y 130 diputados, entre otros cargos.

Una de las pocas certezas en este proceso es que quien pierda difícilmente se resigne a aceptar el resultado. En caso de que gane el MAS tendría que ser muy amplia su ventaja para ahogar los previsibles reclamos de los sectores más radicalizados, con Camacho como figura sobresaliente.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) el desempleo urbano se duplicó en la medición interanual y llegó al 8,4% en el segundo trimestre de 2020, con el consiguiente impacto en los niveles de pobreza de un país donde el 62% de los trabajadores están en negro.



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