Boudou pasó de negar la inflación a reconocer “tensiones” en los precios
El ministro de Economía moderó su discurso sobre el aumento de precios. Lo que sucede, para el funcionario, es que los “poderes concentrados” meten miedo para conseguir el tan temido “ajuste”.
Probablemente, cansado de tantos derrapes, Amado Boudou moderó su discurso sobre que la inflación es algo que atañe a la clase media y ahora lo cambió por otra joya de los eufemismos, ya utilizado antes por Mercedes Marcó del Pont: “tensiones de precios”. Para el ministro de Economía, lo que está sucediendo -y así lo dijo convencido por TV- es que los “poderes concentrados” le dan al tachín-tachín inflacionario para meter miedo, como si el aumento de los precios fuera una conjura mediática para conseguir que inmediatamente después se haga presente el tan temido “ajuste”. La lógica de la calle bien sabe que sólo se ajusta lo desajustado. Quizás por eso mismo, Boudou se ha tragado el sapo de haber calificado alguna vez a dos periodistas de “FMI-adictos” y sin ponerse colorado convocó a técnicos del organismo para que vengan a ver cómo se arregla aquello que desarregló la intervención de un INDEC que hace agua estadística por los cuatro costados. Político al fin, el ministro seguramente habrá pensado que como jugaba de local y era muy poca la gente que lo podía ver un domingo por la noche, se podía permitir teorizar con sus declaraciones y sin mayor peligro de imagen sobre una situación que está presente a diario, como contraste práctico de sus palabras, en las carteras, bolsillos y monederos de la gente. Es que la preocupación de los consumidores que no llegan a fin de mes porque “todo aumenta”, seguramente es más fuerte que los números de las consultoras que relevan precios o aún los titulares de los diarios que reflejan el padecer general, tal como criticó el ministro para minimizar la cuestión y trasladar las culpas afuera del Gobierno. Un poco más apegado a los libros que se estudian en la Universidad del CEMA, y como no puede decir nada del exceso de demanda, ya es un pilar básico de la actual política económica que él no diseñó, esta vez, el ministro habló como Marcó del Pont de “falta de oferta” para caracterizar el desequilibrio que intenta explicar lo que, hace sólo unas semanas, él mismo negaba de plano. Y si planchar la demanda es ajustar el cuerito de la canilla de fondos que usa el Estado para regar a discreción la economía y no se quiere hacerlo, que esté faltando oferta también es responsabilidad gubernamental, ya tiene que ver con decisiones de inversión que no se concretan porque faltan señales de mayor previsibilidad económica (y la inflación es casi la madre de lo imprevisible) y porque el discurso de la negación ya no le cabe a nadie. En todo caso, y más allá de la subestimación de la ciudadanía, el mayor pecado del modelo que defiende Boudou es hacer creer que la suba de los precios no es del todo mala porque incentiva el crecimiento. Nada más lejos de la realidad y si se mira a Brasil, Chile o el Uruguay, los ejemplos de auge económico casi sin inflación están a la vuelta de la esquina. Por Hugo E.Grimaldi Agencia DyN