Brasil, resacas de carnaval
El carnaval es un rito de pasaje de un temporada a otra, de un cambio en el espíritu por la llegada de la primavera; la última gran comida antes de la espera a la maduración de la cosecha de la temporada estival. En el hemisferio sur, por el contrario, se despide el verano y, si bien en el norte también tiene una asociación explícita con abandonar roles dentro de la sociedad, Febo hace su parte. Sin embargo, este año Brasil puede estar haciendo mucho más que simplemente dejar un verano atrás. Con candidaturas a definirse durante el feriado que corona al rey Momo, podemos estar frente a un importante paso para el ingreso de una nueva generación política al planalto.
Entre las dificultades cada vez mayores para que la candidatura de Lula logre superar el filtro de la justicia electoral y los sondeos, ahora ya explícitos, por parte de un sector del PSDB para que el conductor televisivo Luciano Huck se presente a competir por un lugar en Brasilia, el país estaría en condiciones de, finalmente, plantearse un Ejecutivo sin los nombres que dirigieron el retorno de la democracia y la constitución de 1988.
La novedad
Luciano Huck es quizás el nombre nuevo en esta disputa y claramente su rol es del outsider que entra por la puerta grande. Muchas veces comparado con Marcelo Tinelli en la Argentina, salvo el hecho de ser millonarios conductores de televisión su paridad se agota en ese dato.
Su programa, “Caldeirão do Huck” es un show semanal de variedades que en algún momento se pareció a un show musical pero hoy, tras casi 18 años en el aire, se asemeja más al Sorpresa y media de Julián Weich de hace unos años, un programa que apunta a la sensibilidad del público y a la realización de sueños. Por otro lado, Huck pertenece a una familia de la elite política paulista,
Su padre, Hermes Marcelo Huck, es doctor en derecho, profesor visitante en Berkeley y Harvard, y representante del Ministerio de Relaciones Exteriores en el Mercosur. Si bien el conductor lleva años deshojando la margarita de su ingreso a la política, la ausencia de candidatos con intención de voto relevante fuera del PT dió un nuevo impulso a su nombre.
Pese a haber declarado en una entrevista televisiva reciente que no se sumaría a la lista de candidatos en esta ocasión, tras declaraciones de Fernando Henrique Cardoso, donde dijo ver su candidatura como algo positivo, reverdecieron sus posibilidades. Luego, Cardoso y Huck mantuvieron una entrevista, lo que creó ciertos resquemores en las filas del PSDB; en particular con el hasta ahora precandidato Geraldo Alckmin.
Ante el aumento de los rumores, la cadena Globo dio un ultimátum que aceleró los tiempos para que su conductor estrella defina sus planes. Tanto él como su esposa, Angélica, tienen programas en el canal y, en caso de lanzarse a la presidencia, deben abandonarlos de acuerdo a las leyes electorales.
Huck, cara conocida para el electorado gracias a su cuarto de siglo en la pantalla, es la nueva esperanza blanca, literal, frente al fracaso del ensayo que resultase el actual prefecto de San Pablo, João Doria.
Elenco repetido
Con apenas poco más de un año al frente de la ciudad más grande del país, Doria paso de ser un nuevo modelo de gestión a potencial candidato presidencial. Sin embargo, la erosión por la desatención al día a día no tardó en llegar y Doria pasó de ser el primer prefecto en ser elegido en primera vuelta desde 1985 a ver caer su imagen estrepitosamente.
El escenario electoral brasileño lleva años con un elenco que solo repetía sus nombres.
Serra, Lula, Neves, Alckmin, Cardoso, Lula, Collor, Temer; todos nombres que pertenecen tanto a los libros de historia pre 1988 como al presente de Brasil.
Son pocos los que han logrado ingresar en este circuito cerrado.
Esto sin considerar las planas estaduales, donde en algunos caso pareciera que la “política de los coroneles”, característica de la primera mitad del siglo XX, nunca hubiera desaparecido.
Una combinación de juicios flojos de papeles, tanto de acusados como acusantes, con partidos que no han sabido resolver la sucesión de sus liderazgos, ya sea esta unipersonal (PT) como colegiada (PSDB), han llevado al país a este cuello de botella político.
Los ensayos por romper este “oligopolio” han sido infructuosos, Marina Silva por fuera del PT, o potencialmente peligrosos, Bolsonaro y su prédica chauvinista.
Brasil parece dilatar la resolución de sus conflictos políticos para el último momento, cuando ya no quedan alternativas, y todas las opciones se vuelven subóptimas.
Mientras la candidatura de Lula encuentra cada vez más dificultades en la justicia electoral, el PSDB sondea con fuerza la postulación del animador televisivo Luciano Huck.
Datos
- Mientras la candidatura de Lula encuentra cada vez más dificultades en la justicia electoral, el PSDB sondea con fuerza la postulación del animador televisivo Luciano Huck.