Brasil: Temer movilizó a los militares y los camioneros levantaron los piquetes

Los bloqueos de ruta en todo el país llevaban ya cinco días y golpeaban a la economía: industrias paralizadas, vuelos cancelados, desabastecimiento y una disparada de precios.




Uno de los principales sindicatos brasileños de camioneros en huelga desde hace cinco días pidió a sus adherentes levantar los bloqueos de carreteras, después que el gobierno anunciara la movilización de tropas para poner fin al movimiento.

“La Abcam (Asociación Brasileña de Camioneros), preocupada por la seguridad de los camioneros, les pide públicamente que retiren las obstrucciones en las carreteras, pero que mantengan las manifestaciones de manera pacífica, sin bloquear las vías”, indicó en un comunicado ese sindicato, que dice representar a 700.000 camioneros autónomos.

El presidente Michel Temer movilizó ayer a “fuerzas federales de seguridad” contra “una minoría radical” de camioneros que ignoró un acuerdo para poner fin a una huelga que desde hace cinco días colapsa a la economía de Brasil.

La crisis, a menos de cinco meses de las elecciones presidenciales, obligó ya a cancelar vuelos por falta de combustible en el aeropuerto de Brasilia, paralizó la totalidad de las cadenas de montaje de automóviles, redujo la actividad de grandes frigoríficos de esta potencia agropecuaria y provocó una disparada de precios de los carburantes y los alimentos.

En Sao Paulo, el alcalde decretó incluso el estado de emergencia para poder requisar combustible.

Como ocurre en numerosas ciudades del país, los productos frescos son cada vez más escasos en los supermercados de esta megalópolis de 12 millones de habitantes. Y los que hay, muchas veces duplican su precio habitual.

“Accioné a las fuerzas federales de seguridad para desbloquear carreteras”, dijo Temer en una breve comunicación desde el Palacio de Planalto, en Brasilia.

“Muchos camioneros están haciendo su parte, pero desafortunadamente una minoría radical ha bloqueado carreteras impidiendo que muchos camioneros lleven adelante su deseo de atender a la población”, agregó, endureciendo el tono.

Los cuerpos movilizados incluyen a la Policía Federal, la Policía Caminera y las Fuerzas Armadas, según varias fuentes de gobierno, que no supieron sin embargo detallar cuál será la participación de los militares en la operación.

“La propuesta del gobierno de convocar a las Fuerzas armadas como instrumento de represión es querer apagar el fuego con gasolina: va a instigar el conflicto y dificultar una solución equilibrada”, afirmaron en un comunicado conjunto las principales centrales sindicales del país, que se ofrecieron a mediar para encontrar una solución.

Presión sobre movimientos

Junto al anuncio del gobierno de recurrir a la fuerza, el movimiento sufrió este viernes otras presiones: la Policía Federal abrió investigaciones por posibles delitos de asociación “contra la organización del trabajo, la seguridad de los medios de transporte y otros servicios públicos” y la Abogacía General de la Unión (AGU) pidió a la corte suprema que ordene el desbloqueo de las carreteras, cuya obstrucción ha generado un “cuadro de verdadero caos”.

La ciudad de Sao Paulo, capital económica y financiera del país, decretó el estado de emergencia, una medida que le permitirá entre otras cosas requisar o aprehender bienes privados, como el combustible almacenado en una gasolinera. La escasez no afecta únicamente a la comida. En algunos barrios humildes de Sao Paulo los pequeños comercios ya no venden las bombonas de gas que se emplean en numerosos hogares brasileños para cocinar.

En un supermercado del barrio popular de Parque Independencia, en la zona este de la ciudad, los clientes que se apresuraban a comprar provisiones se encontraban con grandes paneles que les avisaban que algunos productos no estaban disponibles debido a la huelga de camioneros.

“Faltan algunas cosas porque no están consiguiendo llegar. El mercado está vacío, nos están faltando verduras, y las que hay subieron mucho de precio”, afirmó Dina Goes, una vecina de 41 años.

“Espero que lo resuelvan pronto porque la situación se está poniendo muy difícil”, reclamó.

La crisis de abastecimiento ha provocado también la proliferación de un nuevo tipo de mercado negro. Frente a una gasolinera cerrada por falta de combustible, un operario ofrecía sus propias alternativas a los conductores.

“Tengo un bidón guardado, si quieres”, proponía.

La mayoría de las estaciones de servicio allí y en Rio de Janeiro estaban a seco.

Acuerdo precario

El gobierno y sindicatos de transportistas llegaron el jueves a un acuerdo para suspender por 15 días el movimiento desencadenado por las fuertes subidas del precio del diésel, en contrapartida de concesiones fiscales.

Pero algunos gremios no se dieron por satisfechos y el viernes el movimiento se mantenía con fuerza, con más de 500 bloqueos en 24 de los 27 estados de este país de dimensión continental.

Luciano Constant, un camionero autónomo de 43 años que participa en un bloqueo de la carretera BR040 en Duque de Caxias (estado de Rio de Janeiro), afirma que quienes participaron en las negociaciones de Brasilia “están creando reglas para ellos, y nuestras reglas son otras”.

“Hoy en día, por un flete de 1.000 reales para ir a Sao Paulo, uno gasta 400 reales en diésel y 400 de peajes. Con los 200 que le quedan ¿cómo va a comer? ¿Qué le va a quedar para su familia?”, dijo a la AFP.

- Gobierno debilitado -

En las negociaciones, el gobierno se comprometió a suprimir un gravamen (denominado Cide) sobre el diésel y a crear un sistema de subvenciones para prolongar la reducción de 10% del precio del diésel a la salida de las refinerías anunciada por Petrobras, inicialmente limitado a quince días.

Pero suprimió cualquier mención al Pis/Cofins, que tiene un mayor impacto que el Cide en la composición de precios, ante las reticencias del ministerio de Hacienda.

Las acciones de Petrobras se derrumbaron el miércoles un 14% en la Bolsa de Sao Paulo, debido a los temores de los inversores de injerencias políticas en la estatal que estuvo en los últimos años en el centro del peor escándalo de corrupción de Brasil. El viernes por la tarde, las acciones preferenciales de la empresa cedían aún 1,39% y las ordinarias 0,52%.

La crisis cuestiona la capacidad de articulación política del gobierno hasta el traspaso de poder en enero próximo y de dar un respaldo eficaz a su candidato, el exministro de Hacienda Henrique Meirelles.

La movilización “pone más en evidencia la debilidad de este gobierno y va a tener un impacto electoral, porque el gobierno va a ser como un leproso: cuando trate de acercarse a cualquier candidatura, todos van a huir de él”, dijo a la AFP el analista político André César, de la consultora Hold.


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