Empezó rapeando en plazas de la Patagonia y hoy actúa en El Marginal y el fenómeno de Amor Animal
Actor y cantante nacido en Viedma, Lucas Pose Cuellar construyó un camino artístico atravesado por la música, el teatro y la búsqueda personal. De sus inicios en el rap en plazas del sur a su paso por El Marginal y su presente en Amor Animal, su historia representa identidad, esfuerzo y una forma de entender el arte como herramienta para expresarse y conectar con otros.
Nació en Viedma hace 30 años, pero su historia nunca quedó limitada a un solo territorio. Actor y cantante, Lucas Pose Cuellar construyó un camino artístico que lo llevó de las plazas patagónicas a las pantallas internacionales. Hijo de padre argentino y madre colombiana, creció con una identidad atravesada por dos culturas que conviven de manera natural en su vida cotidiana y que, con el tiempo, también se transformaron en el motor de su búsqueda creativa.
Esa doble raíz no solo le dio una mirada más amplia, sino también una sensibilidad particular. «Me siento un poco parte de toda Latinoamérica», aseguró. El contacto con distintas realidades, con pueblos originarios y con diversas formas de entender el mundo fue moldeando su forma de pensar y de crear. Hoy, ese cruce cultural aparece como un hilo conductor en su recorrido personal y artístico.
Los primeros pasos en Viedma: una infancia entre cuentos
El arte llegó temprano y de la mano de su mamá, narradora oral que hace más de tres décadas cuenta historias en Viedma. Desde muy chico, Lucas la acompañaba en presentaciones en escuelas, barrios y espacios comunitarios.
Ese vínculo con la palabra y el escenario fue su primer acercamiento a la expresión artística. Subirse a un escenario siendo niño, escuchar historias y formar parte de ese universo fue «una experiencia que dejó huella», aunque en la adolescencia decidió tomar cierta distancia para encontrar su propio camino.
Ese camino apareció en la música, particularmente en el rap. A fines de los 2000, cuando el género todavía no tenía la visibilidad actual, empezó a improvisar y escribir en las plazas de Viedma y Carmen de Patagones.

En ese entonces, la motivación no estaba puesta en la fama ni en vivir de la música, sino en la necesidad de decir. «La escritura se convirtió en una herramienta central, una forma de ordenar pensamientos, procesar emociones y narrar lo que me pasaba, afirmó».
El rap fue, y sigue siendo, un espacio de encuentro consigo mismo y con los demás. Para Lucas, compartir implica también «escuchar, generar un ida y vuelta con quienes están del otro lado». La música, en ese sentido, le permitió conectar tanto con desconocidos como con su propio entorno.
Buenos Aires y el descubrimiento del teatro
A los 17 años decidió dejar la Patagonia y mudarse a Buenos Aires. Allí, casi por casualidad, llegó al teatro. Lo que comenzó como una experiencia para probar algo nuevo se transformó en un descubrimiento profundo.
Según contó, el teatro le permitió «reconectar con lo lúdico, con el juego y con una parte más intuitiva de sí mismo». Empezó a formarse y, en poco tiempo, surgieron las primeras oportunidades.

Uno de los primeros grandes intentos fue un casting para una película protagonizada por Ricardo Darín. No quedó seleccionado, pero esa instancia abrió otra puerta: fue recomendado para una nueva audición que terminaría siendo clave en su carrera.
El salto a la pantalla con El Marginal
Así llegó a El Marginal, una producción que todavía no imaginaba el impacto que tendría tras su llegada a Netflix.
Lucas interpretó a uno de los integrantes del grupo Sub 21, un personaje que, si bien fue cambiando con el correr de las temporadas, le permitió formar parte de una de las series más importantes de la televisión argentina reciente.
La experiencia fue un punto de inflexión. No solo por la visibilidad, sino por las posibilidades que se abrieron a partir de ese trabajo. «Ahí empezó mi carrera«, resumió.
Después de ese primer gran impulso, su camino continuó con nuevas oportunidades en producciones de alcance nacional e internacional. Participó en la serie sobre Diego Maradona, tuvo un rol en Monzón y formó parte de la película Re loca, entre otros trabajos.
Cada experiencia sumó herramientas, contactos y aprendizajes, consolidando un recorrido que se fue construyendo paso a paso.
«Amor Animal», un desafío emocional
Su presente lo encuentra en Amor Animal, una producción reciente que logró posicionarse entre las más vistas en distintos países de Latinoamérica.

En esta serie interpreta a «Marqui», un personaje complejo, atravesado por conflictos personales y situaciones de gran carga emocional. A lo largo de la historia, su rol se vuelve cada vez más intenso, con escenas que implicaron un gran desafío actoral.
«Me preguntaba cómo iba a hacer para sostener ese nivel de emoción», contó. El proceso implicó explorar matices, trabajar en profundidad cada escena y apoyarse en el equipo de dirección para construir un personaje creíble.
Para Lucas, este papel marcó «un antes y un después en su carrera», ya que le permitió desarrollar un personaje con mayor profundidad y complejidad.
Más allá de la pantalla, uno de los hitos más significativos de su recorrido artístico se dio en el teatro independiente. Protagonizó la obra A.K.A. (Also Known As), un intenso trabajo unipersonal que marcó un punto de inflexión en su carrera. Por esa interpretación fue distinguido como Revelación Masculina 2023 en los Premios Hugo, consolidando su crecimiento y proyección dentro de la escena teatral.
El proyecto combinó actuación, música y movimiento, y se sostuvo de manera cooperativa. Durante ese tiempo, Lucas alternaba los ensayos y funciones con trabajos como repartidor, pedaleando para sostener su economía.
A pesar de las dificultades, la obra creció, recorrió distintas ciudades del país y obtuvo reconocimiento en los Premios Hugo, donde ganaron dos estatuillas. Esa experiencia fue clave para reafirmar su vocación y descubrir hasta dónde podía llegar con su propio esfuerzo.
Entre la pasión y el oficio
Lucas entiende que el camino artístico no es lineal. La actuación se convirtió en su herramienta profesional, aquello que «le permite vivir», aunque reconoció que muchas veces «depende de las oportunidades que aparecen».
La música, en cambio, ocupa un lugar más personal. Es el espacio donde «tiene control total sobre lo que quiere decir y cómo decirlo». Por eso, siente que está más arraigada a su identidad. Parte de ese material forma parte de un proyecto audiovisual disponible bajo el nombre Zero – “Honguito, agüita y limón”, donde continúa explorando su faceta musical.
Aun así, sigue apostando a la actuación con la misma pasión, entendiendo que ambas disciplinas se complementan.
En otro momento de su vida decidió emprender un viaje en bicicleta por la cordillera. Durante meses recorrió distintos lugares, trabajando como artista callejero y vendiendo pulseras para sostenerse.
La experiencia fue transformadora. Le enseñó a confiar en los procesos, a soltar el control y a entender que no todo depende de la planificación. «Las cosas se dan, no hay que forzar tanto desde la cabeza», reflexionó.
Mirar hacia atrás y seguir
Si pudiera hablar con su versión más joven, Lucas lo tiene claro: «Le diría que confíe más en su intuición, que no se enrosque con los resultados y que cuide su bienestar en todos los aspectos», agregó.
También «le recordaría la importancia de experimentar, de animarse y de no rendirse, incluso cuando el camino se vuelve incierto».
Hoy, con nuevos proyectos en marcha y la posibilidad de que su personaje en Amor Animal continúe desarrollándose, Lucas Pose Cuellar sigue construyendo su historia.
Nació en Viedma hace 30 años, pero su historia nunca quedó limitada a un solo territorio. Actor y cantante, Lucas Pose Cuellar construyó un camino artístico que lo llevó de las plazas patagónicas a las pantallas internacionales. Hijo de padre argentino y madre colombiana, creció con una identidad atravesada por dos culturas que conviven de manera natural en su vida cotidiana y que, con el tiempo, también se transformaron en el motor de su búsqueda creativa.
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