Buenas ondas

De no haberse prolongado la recesión, el gobierno no se hubiera arriesgado impulsando medidas para reducir los costos de la política.

Por Redacción

Para el alivio evidente del presidente Fernando de la Rúa y de los integrantes de su gobierno, sobre todo el ministro de Economía, José Luis Machinea, los densos nubarrones que durante buena parte del año pasado cubrieron el horizonte se han visto reemplazados por una neblina a través de la cual es por fin posible vislumbrar el sol. De más está decir que el cambio de clima que según parece está produciéndose es resultado de algo más que los esfuerzos de los propagandistas oficiales por difundir lo que ellos mismos han llamado “buenas ondas”. Si bien no cabe duda de que las afirmaciones de los voceros gubernamentales inciden en el estado de ánimo de la ciudadanía, lo hacen no tanto por las palabras que usan, cuanto por el grado de confianza que sus declaraciones parecen reflejar: como saben los asesores de imagen, a un gobernante le será sumamente difícil convencer a “la gente”, para no hablar de los inversores locales y extranjeros, si él mismo no cree firmemente en lo que está diciendo. Mientras que seis meses atrás la mayoría reaccionó con cierta incredulidad ante cualquier vaticinio formulado por el presidente o por el ministro de Economía que no fuera negativo, cuando no apocalíptico, a partir de la llegada del “blindaje” salvador son cada vez más los dispuestos a tomar en serio la idea de que la economía pudiera estar por salir de la recesión para emprender un proceso de crecimiento más fuerte que el pronosticado hace apenas un mes por los inefables “gurúes de la City”.

Por fortuna, están colaborando con “operativo buenas ondas” las máximas autoridades del FMI, banqueros y funcionarios extranjeros prestigiosos. En el curso de la reunión internacional que se celebró en la localidad alpina de Davos, una serie de referentes de esta clase coincidió en que la Argentina ya comenzaba a recuperar el brío perdido. Aunque según ellos los problemas económicos del país se debieron menos a factores internos que a un panorama mundial antes muy poco favorable que está modificándose con rapidez a raíz de la pérdida de dinamismo de los Estados Unidos, fenómeno que ha llevado a la Reserva Federal a reducir las tasas de interés, debilitando así el dólar y fortaleciendo el euro, es de esperar que el gobierno no llegue a la conclusión de que las desgracias de su primer año en el poder deberían achacarse a nada más que la mala suerte. Después de todo, aun cuando la coyuntura del 2000 haya sido adversa, esto no significa que de ahora en adelante la situación internacional siempre nos será más favorable. Si, como muchos prevén, al país le toca disfrutar de un período menos exigente, convendría que el gobierno lo aprovechara para concretar las reformas básicas que cree precisas, en vez de postergarlas apostando a que los buenos tiempos no terminarán nunca, recayendo así en el mismo error que perpetró el presidente Menem después de su triunfo en las elecciones de 1995.

Mucho dependerá de la incidencia a largo plazo en el gobierno de las duras enseñanzas que le habrá dejado su primer año en el poder. Si sabe aprender de la experiencia, la larga recesión habrá contribuido a mejorar las perspectivas frente al país al obligar tanto a los funcionarios como a muchos empresarios a esforzarse más. Ultimamente, el presidente De la Rúa y sus colaboradores más valiosos han hecho gala -después de meses de incertidumbre- de un grado de realismo que ya ha impresionado a sus interlocutores en el exterior. Asimismo, de no haberse prolongado la recesión el gobierno no se hubiera arriesgado impulsando medidas que de prosperar servirían para reducir drásticamente los “costos de la política” y de este modo intentar sanear la vida pública del país. Puesto que una de las causas principales del pesimismo de una proporción muy importante de la ciudadanía en cuanto al futuro del país consiste precisamente en la sensación generalizada de que la calidad de la “clase política” deja mucho que desear, aunque sólo fuera por su incapacidad patente para proponer “soluciones” presuntamente viables para los problemas económicos, iniciativas destinadas a curarla de sus vicios más flagrantes ayudarán no sólo a atenuar las deficiencias en aquel ámbito, sino también en muchos otros.