Buitres al ataque

A menos que la Argentina logre asegurarse el blindaje político supuesto por el acuerdo con el FMI y EE. UU., quedará a merced de los "fondos buitres" y sus aliados.

Por Redacción

Nos guste o no, en el mundo hay muchos personajes poderosos que no vacilarían un solo minuto en condenar a millones de argentinos a la miseria más absoluta, destrozando a familias, eliminando empleos útiles y sembrando hambrunas, si de este modo consiguieran ganar más dinero. Se trata de los vinculados con los llamados «fondos buitres», que se especializan en lucrar con las penurias de los países económicamente vulnerables. Ultimamente, los dirigentes de la «Emerging Markets Creditors Association», organización que reúne a tenedores de la deuda de nuestro país y otros en circunstancias similares, se han puesto a amenazar con excluir a la Argentina del mercado financiero internacional «por diez años» a menos que el gobierno les dé el mismo trato a todos los acreedores, sin privilegiar a los locales. En principio, tal exigencia parece razonable, pero en términos prácticos no lo es porque el país no está en condiciones de soportar una confrontación prolongada y rencorosa con todos los acreedores sin declararse formalmente en «default», alternativa que por muchas razones el gobierno preferiría evitar.

Defenderse contra estos «buitres» no será nada fácil. Cuentan con recursos financieros envidiables y ejércitos de abogados astutos que serían más que capaces de poner sitio al país en los tribunales estadounidenses hasta obligar al gobierno a ceder, lo cual, huelga decirlo, significaría que otros acreedores no tardarían en emular a los triunfadores, como en efecto ya sucedió cuando el Perú intentó una maniobra comparable. Aunque una declaración explícita de que la Argentina está en bancarrota podría servir para mantenerlos a raya, los costos a mediano y a largo plazo, de hacerlo, serían muy elevados. He aquí el motivo por el que es tan importante que el gobierno del presidente Fernando de la Rúa alcance un acuerdo firme con el Fondo Monetario Internacional y el gobierno de Estados Unidos: a menos que la Argentina logre asegurarse el blindaje político así supuesto, quedará a merced de los «buitres» y sus aliados.

Desafortunadamente, la mayoría de los dirigentes políticos no parece entender que si cometemos demasiados errores en las próximas semanas, los perjuicios resultantes podrían ser sumamente graves. Si bien sería natural que al intensificarse las embestidas de «los buitres», políticos, sindicalistas, eclesiásticos y otros reaccionaran con indignación patriótica, denunciándolos y proponiendo transformar lo que ya es una negociación complicada en un enfrentamiento total, en tal caso los derrotados no serían los acreedores más combativos que están especulando con un «default», sino los habitantes virtualmente indefensos del país. Asimismo, no faltan quienes se han convencido de que cualquier esfuerzo por manejar las finanzas nacionales con un mínimo de disciplina es una forma de agredir al pueblo, de suerte que sería deber de todos resistirse a cualquier corte que se plantee. Desde el punto de vista de los que piensan de esta manera, el FMI y el gobierno de Estados Unidos integran la banda enemiga, motivo por el que procurar congraciarse con ellos sería contraproducente. También hay quienes dicen creer que la Argentina ya ha pagado todos los costos de un «default», de suerte que no tiene razones para inquietarse: es de esperar que dicha tesis no se vea puesta a prueba.

Puede que el caso argentino sea sui géneris por ser fruto de una cultura política que ha hecho de la irresponsabilidad sistemática una ideología, pero es de prever que andando el tiempo habrá otros países que por las razones que fueran se encuentren incapaces de pagar sus deudas. Así las cosas, convendría a todos, tanto a los «pobres» como a los «ricos», que se establecieran mecanismos institucionales que, sin otorgar premios a los irresponsables, posibilitaran la «reestructuración» civilizada de las deudas sin que los países afectados tuvieran que hacer frente a dilemas tan crueles como los afrontados por la Argentina y sin que sirvieran para brindar oportunidades a «fondos buitres» manejados por individuos tan obsesionados por la posibilidad de conseguir ganancias extraordinarias que lo demás -la vida de millones de personas- no les interesa del todo.