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Cambiar el mundo comiendo: lo dice Agostina, de Ancha Cocina

En pleno siglo XXI donde todo llega envuelto en plástico, vaya a saber desde qué puerto, sembrar y cocinar son prácticas revolucionarias. Este proyecto nace en Córdoba e invita a generar una red transformadora, antes que sea tarde.




Por Victoria Rodriguez Rey
@victoriarodriguezrey

Desde hace un tiempo hasta esta parte, las cocineras y cocineros se encuentran revisando su rol dentro de la cadena de producción y consumo de alimentos. Cada vez son más quienes sienten la necesidad de generar una reconexión alimentaria cultural, se inquietan por encontrar formas que reduzcan el desperdicio en sus ámbitos de trabajo (sobre la cantidad de alimentos que terminan en el tacho), fomentan la inclusión social, el cuidado ambiental y a la visibilización de la desigualdad de género que se maneja en el ámbito gastronómico.

Agostina Codes Saldivar, es una de ellas. Sanjuanina por naturaleza, cordobesa por elección y a pesar de su temprana edad, siente un profundo compromiso con su profesión de cocinera. Está segura de que modificando las formas de producir y consumir se transita un proceso de transformación cultural. Como sabe que es posible cambiar el mundo comiendo, armó su proyecto Ancha Cocina.

Nada se tira, todo se aprovecha.

¿Qué es la gastronomía social?

“Es una herramienta, donde se le da cierto poder a la cocina para poder protagonizar cambios de transformación social, económica, cultural, ambiental. Hace muy poco tiempo nos dimos cuenta que tenemos que cambiar nuestras formas de socializar, de consumir, de producir, y la alimentación tiene un rol importante.”

“La gastronomía no es sólo hacer platos divinos y usar los productos de otras partes del mundo, sino poder entenderla como componente de culturalidad. Es una herramienta para aportar posibles soluciones a las crisis climáticas, sociales, económicas, políticas. Porque el alimento es algo que nos atraviesa en todos los planos de nuestra vida, desde una necesidad, hasta su componente de convivencialidad, en cada encuentro hay comida de por medio. Es por eso que la alimentación debe pensarse”.

“En ese sentido los y las profesionales gastronómicas tenemos que tener un rol importante ahí, en la lucha contra el hambre, el avanzar en la igualdad de derechos dentro de la gastronomía que es una deuda pendiente. Trabajar por la disminución de desperdicios de alimentos que es lo que se da en la etapa del comercio minorista y de los hogares. Para mí, la gastronomía social, es una excusa hermosa porque encontré la veta entre la gastronomía y la militancia”.


¿Qué es Ancha Cocina?

“Ancha Cocina es un proyecto para hacer gastronomía social. Lo pensé como una cocina de ideas, donde todo el tiempo se está en contacto con otras personas, otras instituciones, trabajando siempre en red. Ningún proyecto prospera en soledad. En este trabajo colectivo se aborda la educación en gastronomía social, la cultura y la comunicación en temas alimentarios”.

“Ancha cocina nace con el objetivo de difundir y generar proyectos desde la gastronomía social. Entendemos que la gastronomía social es una herramienta con la que le damos poder a la cocina para generar transformaciones sociales y aportar posibles soluciones al problema alimentario que involucra directamente el aspecto ambiental”.

“Ancha cocina se basa en los principios de Soberanía Alimentaria y la igualdad de derechos abordando temas de género, la erradicación del hambre y la educación alimentaria accesible y de calidad”.

“Por suerte nos estamos dando cuenta que la educación alimentaria no es solo enseñar recetas. Y más en este momento en el que tanto se habla de comida, en las redes sociales hay un bombardeo constante de comida, que tienen que ver más con el disfrute solamente y no desde una conciencia alimentaria de decir, ¿qué estamos comiendo?”.

“¿Qué es ese chocolate erotizante que chorrea y ese queso cheddar que me están proponiendo las redes sociales? Ahí está faltando educación alimentaria, porque nos estamos dejando guiar por las tendencias del mercado a la hora de adquirir alimentos que en verdad son ultraprocesados. Ahí es donde veo el hueco de la falta de educación y cultura alimentaria”.


¿Por qué lo que ponemos en el plato es una decisión política?

“Yo he crecido escuchando gente que decía que era apolítica. Y no me puedo imaginar que es lo apolítico, porque justamente es la forma de debatir ideas y de proponer soluciones en la sociedad a la que pertenecemos. Por eso no me imagino algo que no sea político. Y claramente la alimentación es una decisión política. Si vamos a comprar papas fritas en una bolsa solamente por las estrategias de marketing que me proponen, es una decisión política. Si en vez de eso elijo abastecerme de las ferias agroecológicas, de productores locales, que apelan al trabajo justo a la economía solidaria, también es una decisión política. Que dejemos de cocinar en casa y que comamos por delivery, es una decisión política. En este sentido me parece que faltan políticas públicas alimentarias. Hemos crecido creyendo que la alimentación es apolítica y esto tiene que ver con los avances que tiene el mercado en nuestra vida cotidiana, en nuestra intimidad. Lo que ponemos y no ponemos en el plato es una decisión política”.

“La educación alimentaria tiene que enseñar la estacionalidad, tiene enseñar que no se puede tirar tantos alimentos. Hay que saber que todo tiene una consecuencia social, ambiental, económica y cultural. Hay que poner especial atención a la formación de los futuros profesionales gastronómicos para prevenir y mitigar los efectos de los desperdicios de alimentos. La gastronomía social debe ser la base de los programas educativos.”


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