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Cambiar realidades: familias de infancias y juventudes trans en Roca

Un grupo de familias se reúne cada 15 días para poner experiencias en común y resolver las situaciones que surgen con sus hijas e hijos. Luchan por mantener el consultorio inclusivo.

Reunión de familiares de infancias y juventudes trans de Roca. (Foto: Andrés Maripe)

Reunión de familiares de infancias y juventudes trans de Roca. (Foto: Andrés Maripe)

Es el único espacio que existe en Roca. Actualmente lo conforman unas 15 familias, aunque activamente asisten sólo tres.

“Siempre tratamos de ponerle onda al grupo, traemos algo dulce para acompañar los mates, nos mantenemos en contacto en la semana por mensajes y nos reunimos acá cada quince días”, contaron las mujeres y resaltaron que muchas veces se dificulta la participación de las familias, por lo que alientan también a la participación de niños, niñas y jóvenes.

El grupo funciona de forma paralela a la Asociación de Trans y Trabajadoras Sexuales (ATTS) y uno de los objetivos en común es el funcionamiento del consultorio inclusivo. Actualmente, se reúnen en el ex centro comunitario de las 250 viviendas ya que por la pandemia tuvieron que ceder el espacio ubicado en el Hospital López Lima.

La mayoría de quienes integran el espacio son mujeres. Estas madres se acercaron a la asociación porque tenían muchos inconvenientes a la hora de gestionar trámites en el registro civil, hospitales, obras sociales y escuelas.

Uno de los objetivos principales del grupo es poder crear un registro con todas las experiencias y situaciones que fueron sobrellevando, para que las nuevas personas que se acerquen cuenten con más recursos y herramientas para resolverlas.

“Ahora el objetivo a corto plazo es poder volver a utilizar el espacio del consultorio principalmente, pero también nos interesa que se sumen más padres y madres al espacio para seguir construyendo colectivamente”, indicó Virginia, mamá de Sara.

La presencia de la familia es una prioridad, para que verdaderamente pueda funcionar como un espacio de contención y, por qué no, como descarga de las emociones; un lugar en el que las madres puedan compartir sus experiencias y luchas del día a día.

La idea es plantear inquietudes y tratar de solucionarlas, además de compartir experiencias y sentar las bases para resolver situaciones futuras. Allí hablan de las problemáticas que surgen y cómo las van resolviendo, porque hay conflictos que se repiten una y otra vez con obras sociales y mutuales, que muchas veces no quieren cubrir los tratamientos hormonales, cirugías, consultas médicas generales-; con la gestión del consultorio inclusivo.

También con las escuelas -cuando no quieren cambiar el nombre viejo de los estudiantes, que está contemplado en la Ley de identidad de género 26.743-; situaciones de acoso y maltrato por parte de docentes, directivos y algunas veces, de los mismos compañeros; del registro civil que no informa correctamente sobre los trámites del cambio registral, o hay demoras excesivas en la gestión de los trámites.


Cuidados y acompañamiento familiar


“Después de un tiempo, una está más canchera, pero cuando recién te enteras a veces es difícil de aceptar, por más abierta que seas. Es un proceso que lleva a enfrentarte muchas veces con tu familia que no lo quiere aceptar.”, aseguró la mamá de Sara.

“A mi con mi hijo no me costó aceptarlo, pero sí me costó la mirada del otro. Hay días en que me duele más que otros. Ir a comprar a la vuelta de casa y que la gente lo mire mal y lo juzgue es horrible”, aseguró Viviana, madre de Martín.

“Hay gente que piensa que como son menores de edad no tienen derecho a elegir, que uno está fallando como padre porque no está poniendo límites. Otros te dicen ‘es una etapa, ya se le va a pasar’, pero no es así. Cuando recién nos mudamos al barrio, una vecina sin conocernos vino a preguntar por mi hija: ¿es nena o nene? Hay gente que sigue teniendo estas actitudes muy retrógradas que no suman”, añadió Virginia.

En este sentido, las mujeres acordaron en que la aceptación, muchas veces pasa por la educación, por las experiencias que uno vivió y por un sentido de empatía y respeto hacia el otro, que se entrecruzan con los prejuicios e imposiciones de la sociedad. “Es algo cultural, son construcciones que se hacen a diario”, agregaron.


El tiempo pasa, los problemas se repiten



Todas las historias que comparten las madres coinciden en lo mismo: infancias, jóvenes y adultos trans atraviesan las mismas problemáticas de acceso a los espacios de salud, educación, instituciones estatales y privadas, entre otras. Si bien a modo general hay similitudes en las experiencias que se atraviesan, las mujeres indicaron que los más pequeños suelen necesitar un acompañamiento más cercano y mayor seguimiento de las familias.

“Nos tuvieron a las vueltas en el registro civil para hacer la rectificación de la partida de nacimiento -un paso fundamental para poder concretar el cambio registral- y pudimos solucionarlo rápidamente con la ayuda de un abogado, cuando nos acercamos a la asociación'', relató la mamá de Martín.

A lo largo de la reunión, las madres reiteraron que en todas las edades pasan las mismas cosas. La desinformación y resistencia en los colegios a cambiar los nombres en los listados es moneda corriente, “aunque no es necesario tener hecho el cambio en el DNI porque hay una ley que lo ampara, siempre hay que estar luchando para que lo modifiquen”, explicaron.

“A nosotros nos costó bastante hacer los trámites en el registro civil y nos pasó que cuando llegó el nuevo documento estaban mal los datos: seguía teniendo el nombre viejo pero la casilla de “sexo” estaba actualizada”, contó María Clara, mamá de Ulises.

Ana, integrante de ATTS que también acompaña al grupo, relató que acompañó a una joven de la asociación a hacer el cambio registral. “Nos anunciamos en ventanilla para hacer el trámite y nos hicieron esperar 2 hs reloj; cuando finalmente nos llamaron, nos dijeron que ese trámite no se hacía en esa dependencia y que teníamos que ir a otro lugar. Es mucho maltrato institucional todo el tiempo”, sentenció.

“En el sistema de salud niegan la entrega de turnos y repetidas veces tienen malos tratos para con personas trans. Las obras sociales, las mutuales, la atención al público en centros de salud no son excepciones”, confirmaron las madres. En estos casos, son los mismos pacientes o sus familiares quienes tienen que dar explicaciones de por qué asisten a una determinada consulta médica, cuando el mismo personal de salud debería estar capacitado e informado sobre el tema.


El motor del grupo: el consultorio inclusivo



El consultorio inclusivo para personas trans abrió sus puertas en el año 2018 con un espacio fijo en el hospital López Lima de la ciudad, aunque funcionaba de manera itinerante desde el 2010.

Según relataron las mujeres, durante ese año un grupo de familiares junto a ATTS comenzaron a presentar notas a las autoridades para que garanticen los tratamientos hormonales en el hospital, pero no eran atendidos.

Tiempo después, las familias lograron comenzar a acceder a los tratamientos, pero aún sin contar con un espacio físico en el que pudieran nuclear todas las necesidades de la comunidad. En un principio consiguieron un espacio ambulatorio y funcionaban en pasillos, patios y salas de espera del hospital, de donde también los iban cambiando de lugar porque había mucha resistencia a la presencia de las familias.

Finalmente, en 2018 pudieron establecerse en la entrada del hospital en un salón pequeño que tuvieron que acondicionar ellos mismos porque estaba en desuso. Hasta principios del 2020, con el comienzo de la pandemia, en el consultorio se gestionaron, de la mano de profesionales de la salud, tratamientos hormonales, órdenes médicas, análisis, cirugías, entre otros, además de funcionar como un espacio de contención para personas trans y familiares.

Convocatoria para las familias

Desde el grupo recordaron que está abierta la convocatoria para familiares que quieran comenzar a participar del espacio y adelantaron que el próximo encuentro será el jueves 22 de abril a las 15.

Las reuniones se realizan un jueves y un sábado de cada mes, cada quince días, en el salón de la asociación ubicado en calles Paraná, entre Epifanio y Panamá. Pueden comunicarse a través del Facebook o Instagram de ATTS para coordinar o despejar dudas.


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