Canasta cooperativa de emergencia

Paulatinamente se incrementa la desproporción entre el precio de alimentos imprescindibles para cubrir necesidades físicas básicas y los bajos ingresos de la inmensa mayoría de trabajadores activos y pasivos, puntualmente en lo concerniente a la adquisición y abastecimiento nutritivo y decoroso de los mismos.


En efecto, según los últimos índices de precios al consumidor en materia de alimentos suministrados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), con la aceleración de diciembre, la canasta básica alimentaria aumentó 45,5% en 2020. Por citar solo algunos de sus componentes, el precio de las verduras trepó un 58%, el de la carne un 56,9% y el de las frutas un 64,4%, etc.


Concordantemente, según el relevamiento del último semestre 2020 realizado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), desde que el trigo sale del campo hasta el pan que se vende el precio se multiplicó por siete veces, la carne cuatro veces y la leche triplicó su precio en tanto el de verduras y frutas ya resulta inauditamente extravagante.


Así las cosas, aun cuando se incrementara –tardía y por ende deficitariamente– un 50% o más la tarjeta alimentaria, no alcanzaría; cuando inflación, desocupación, impuestos, combustibles y tarifas –singularmente en este tiempo extraordinario del coronavirus– son implacables e incesantes con el deterioro del poder adquisitivo tanto de asalariados, jubilados o pensionados ordinarios como de los propios beneficiarios de dicha tarjeta alimentaria.


Tal desproporción se explica en parte por la brecha entre el precio que percibe cada productor agrícola por un litro de leche o un kilo de carne o cereales (vg. harina, lentejas, avena, maíz, yerba, etc.) y lo que debe abonar por ellos cada consumidor, fundamentalmente por abusos de intermediaciones puramente mercantilistas en la cadena productiva y/o relación de consumo. A esto mismo debemos señalar y añadir negativamente insensibles pretensiones tributarias estatales (nacional, provincial o municipal) cuanto injustificables aumentos sucesivos (de hasta cinco veces en los últimos 30 días) en el precio de combustibles de uso imprescindible y permanente en el sector agrícola.


Lo paradojal de todo eso es que, a la fecha, los sujetos esenciales en tal cadena o relación –digo “productor y consumidor”– son los más perjudicados por los efectos perversos propios de desproporcionalidades semejantes.


A propósito, las estimaciones presupuestarias o tarifarias públicas sobre la participación contributiva que el productor rural debe tener en el reparto de impuestos, tasas, tarifas y servicios no debieran omitir en adelante que “los rendimientos del sector agrario” se conforman más lentamente y con más riesgos que en otros sectores de la economía.


La opción alimentaria cooperativa de emergencia, traducida en bienes y servicios a precio justo por su marco axiológico y la consabida fiscalización pública cooperativa, obligatoriamente más baratos que aquellos provenientes de abusos en la intermediación (privada, pública y mixta) y de lucros exorbitantes. Sin dudas hoy merece más que nunca la mayor promoción y fomento público posible, mediante vg., discriminaciones positivas en materia tributaria, tarifaria y de logística, cuanto del determinado auspicio, impulso y acompañamiento de compras en común u otras estrategias asociativas vecinales o comunales (finalidad: conseguir en el mientras tanto buenos precios en la compra de cualquier producto o en la contratación de algún servicio haciendo compras mayoristas directas, esto es reuniendo un determinado grupo de personas que necesitan lo mismo y así conseguir mejores precios que si lo adquirieran cada una por separado).


Finalmente, resulta más que razonable, útil y oportuno promover y facilitar excepcionalmente la disponibilidad y el acceso ciudadano inmediato a una “Canasta alimentaria cooperativa de emergencia” (con todos sus componentes de primera o segunda marca, cereales –maíz, arroz, pan, pastas, fideos, lentejas, etc.–, azúcar, té, yerba, café, aceite, frutas, verduras, lácteos, huevos y carnes (pollo, cerdo, ternera, pescado, etc.). Ello al menos durante el tiempo incierto que insuma este ya largo e impredecible discurrir pandémico.

* Experto Coneau/Cooperativismo


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