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Cancha barrosa

La muerte del fiscal Nisman abrió una caja de Pandora social y política, en un año electoral. Las imputaciones contra Cristina y varios de sus funcionarios preceden a la marcha del silencio. La jueza Arroyo Salgado trató de llevar una cuota de serenidad y búsqueda de la verdad con justicia.



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OPINIÓN

El cuadro institucional es preocupante. De gran complejidad. Mientras millares de argentinos continúan de vacaciones en centros de veraneo funcionando a pleno, la muerte del fiscal Alberto Nisman ha dividido en dos a la parte de la sociedad más politizada. En los barrosos días previos a la marcha convocada por un grupo de fiscales para el próximo miércoles 18 (18F), se suceden noticias de alto impacto: • A su regreso de la exitosa misión comercial a China, hablándole a la juventud que le insufla energía, la presidenta Cristina Fernández recomendó tender las manos y no enojarse: “Nos quedamos con el canto, la alegría y el ‘viva la Patria’ y a ellos les dejamos el silencio, ¿saben por qué? Porque no tienen nada que decir o ¡porque no pueden decir lo que piensan!”. • En el Congreso, el bloque de senadores del Frente para la Victoria (FpV), con aliados, dio media sanción a la ley que disuelve la Secretaría de Inteligencia (SI) y promueve la reforma de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). En paralelo, la oposición en una sesión especial debatió sobre las implicancias de la desaparición física de Nisman y los más de 20 años de impunidad en la causa AMIA y recibió el equilibrado mensaje de la jueza Sandra Arroyo Salgado, exesposa del fiscal y madre de sus dos hijas. • El viernes, tal como lo anticipó el diario “Clarín” (enemigo acérrimo del gobierno), el fiscal Gerardo Pollicita se hizo eco de la postrera denuncia de Nisman e imputó por encubrimiento de terroristas, ante el juez Daniel Rafecas, a Cristina, el canciller Héctor Timerman y otros connotados dirigentes K, entre ellos el expiquetero Luis D’Elía. • La procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, al informar sobre el cuerpo colegiado que reemplazará a Nisman, aseguró que nunca pensó en remover a éste de su cargo. • El gobierno, a través de Jorge Capitanich y Aníbal Fernández, habló de maniobras de “desestabilización democrática” y de “golpismo judicial activo”. Desde otra trinchera, el exfiscal Pablo Lanusse (tres años interventor en Santiago del Estero por decisión de Néstor Kirchner) despotricó contra “el autoritarismo fascista” de la administración K y focalizó sus dardos contra Cristina y el vicepresidente Amado Boudou. El odio visceral manifestado en los polos opuestos, como se dijo, tuvo en la exposición de Arroyo Salgado una cuota de sensatez, dado que como querellante hizo eje, “en este momento tan difícil para mí”, según recalcó, en la búsqueda de verdad y justicia. Escoltada por el radical Gerardo Morales y Darío Giustozzi, del Frente Renovador de Sergio Massa, sorprendió al elogiar a Liliana Alegre de Alonso y Miguel Pichetto, quienes promovieron en el recinto un minuto de silencio en homenaje a la labor de Nisman. Algunos interpretaron el ataque del senador rionegrino a D’Elía como parte de una estrategia para sacarle responsabilidad al Ejecutivo. En privado, Pichetto dijo que no consultó a nadie cuando calificó de “vende humo impresentable” al expiquetero y que su reconocimiento a la tarea del fiscal no tapa el hecho de que considera a su presentación como “trucha y destituyente” y “llena de agravios hacia la investidura presidencial”. Arroyo Salgado dijo no ser “ni oficialista ni opositora”. Agregó que en nada contribuye a la independencia judicial, es más, condiciona e interfiere “todo juicio de aprobación o desaprobación, provenga del ámbito que provenga”. Reclamó un trato “ético, prudente y responsable” a los “servidores públicos” y se quejó de los anticipos de la causa que se hacen a través de los medios y que según su criterio generan más confusión. Anticipó además que solicitará un veedor para la causa AMIA a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). “Lo que expresó Salgado es lo que piensa y predica Daniel Scioli”, precisó un colaborador del gobernador bonaerense, que, fiel a su estilo personal, se esforzará para que no crezca “la bola de nieve”. Comentó que hará lo posible por sacar “del barro” a los contendores, algo que todos reconocen como en extremo dificultoso. “Si la marcha del miércoles se desenvuelve pacíficamente, el gobierno tendrá aire, aunque el año electoral seguirá con innumerables problemas”, se evaluó desde las principales fuerzas representadas por el peronismo, el FR, el macrismo, el radicalismo y el socialismo. Una salida lógica sería aconsejable. La trágica derivación de la investigación que condujo a la pista iraní encubre propósitos nada santos: es cierto que hay sectores poderosos disconformes con la ubicación estratégica que adoptó la Argentina y personas y entidades muy molestas por el descubrimiento de cuentas en Suiza sin declarar. Fue clara Cristina al referirse, antes de encarrilar preocupaciones de la Unión Industrial, a los intereses contrarios a los acuerdos con China: “Nos quieren marcar la cancha desde afuera, pero no somos el patio trasero de nadie. Este es un país soberano. No vamos a aceptar ningún Braden más... no somos -subrayó- un país de cuarta, ni una república bananera para que nos vengan a dar indicaciones o consejos”.

Arnaldo Paganetti | arnaldopaganetti@rionegro.com.ar


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