Canciones perdedoras y resignadas

Iván Noble, un roquero maduro en su nuevo disco “Perdido por perdido”

Redacción

Por Redacción

Música

“Perdido por perdido” es el nuevo trabajo de Iván Noble, músico argentino afianzado en el lugar del cantautor sobre romances de “hermosos y perdedores” con una base sonora más cercana al rock norteamericano del estilo de Tom Petty, Ryan Adams y en este último trabajo John Mayer. El disco tiene, además, una tapa que le valió más de una polémica en Twitter por posar con el torso desnudo abrazándose a si mismo.

Noble eligió a Benjamín López Barrios para coproducir la placa y consiguió la participación de los músicos de Mayer como Aaron Sterling en batería, Sean Burkley en bajo y Mark Goldenberg en guitarras, slide y lap Steel. Además de López Barrios hubo colaboradores argentinos como el correntino Rubén Casco y el Tano Ildo Baccega, de Ella es tan Cargosa.

El disco abre con la acústica “Malas temporadas” donde con arreglos de la eléctrica, Noble va desgranando el final de un triste amor, cargado de metáforas perdedoras. En “Perdido por perdido” Noble se hace cargo de sus 40 y de haber resignado el rol de roquer comprometido y crítico, lugar que prefiere dejarles a músicos jóvenes, pero también el de galán ganador que pasó de las revistas especializadas a aparecer, sin que le gustara ni medio, en programas como “Intrusos”.

“De Wilde a la cima” es una versión del sur profundo del conurbano bonaerense de “Princesa”, el clásico de Joaquín Sabina, donde Noble recuerda a esas actrices o modelos, que eran groupies en los 90 y hoy arman cualquier escándalo con tal de tener unos minutos en programas de farándula.

En “Abrázame” es puro romanticismo sin ponerse cursi, juguetón mimoso, curioso sobre la geografía femenina. Con un formato más roquero también se cuenta la romántica “¿Por qué no me alcanza con tus labios?”.

En “Hoy por hoy” se pone el traje del perdedor en el romance, que hoy prefiere llevar a su hijo a la Bombonera y encerrarse un sábado a la noche a ver películas. En la misma línea se puede contar a “Seguir”. “La sangre no es agua” está coescrita con Baccega, de Ella es Tan Cargosa, hermosamente arreglada con una slide, con un muy buen estribillo, una balada con esas frases que se quedan pegadas.

Para “Llenemos las petacas”, Noble se dio el gusto de invitar a David Lebón, que aporto esa voz impecable para una canción de amor posapocalíptico, donde Iván invita a su chica a huir antes de que los zombies comiencen la matanza. La canción empieza con un piano melancólico, y cuando aparece la voz de Lebón, se suman el resto de los instrumentos hasta que el ex Serú Giran mete un solo incendiario.

En “Madero Bovary” carga sutilmente contra aquellas modelos de piernas largas que buscan maridos entre los empresarios ricos, gateando, trabajando. El trabajo de la banda le da un formato bien Beatle, pero de la línea George Harrison. El estilo americano con un interesante punteo aparece en “Frankestein” en la que Noble habla con ese amigo cuarentón o cincuentón que sigue creyéndose la vida del sexo, drogas y rock and roll, o tal vez recuerda sus épocas de depredador en los 90, cuando los Caballeros de la Quema eran un éxito.

“Fuerte al medio” es un balance con la armónica de Fabricio Rodríguez, donde Noble recuerda lo positivo y lo negativo de los salvajes ’90, cuando los camarines de Los Caballeros de la Quema estaban llenos de aspirantes a groupies, pero también de jóvenes actrices, de productoras importantes, que con el correr de los años construyeron una notable trayectoria entre roqueros y sábanas.


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