“Canotaje sin barreras”

Redacción

Por Redacción

Soy docente en el área de Educación Física, además de ser instructor de canotaje y llevar adelante en Lamarque el plan denominado “Canotaje escolar” que hace tres años lanzó la provincia. Nuestra función es acercar a chicos de diferentes instituciones escolares al río para realizar esta hermosa y placentera disciplina. El motivo de estas líneas es contar una experiencia personal que me tocó muy de cerca en el transcurso de más de un mes que hace que comenzó el plan. Después de una larga espera, pudimos incorporar al proyecto a la Escuela Especial Nº 20 de nuestra localidad, participación que se retrasó no sólo por falta de medios sino también por motivos de inseguridad que uno vaya a saber por qué acarreamos a la hora de trabajar con alguna capacidad diferente, tanto por falta de información como por impericia pedagógica para afrontar esta labor. Afortunadamente, comenzaron a concurrir una vez por semana en grupos conformados por seis alumnos con capacidades diferentes que van desde una parálisis motora, pasando por parálisis cerebral, hasta síndrome de Down, problemas de aprendizaje y otros. Los chicos se acercan con algún temor al agua, ya que para algunos no sólo es su primer contacto con un kayak sino también es su primer acercamiento al río. Temores propios de su condición son apreciables en el momento en que de alguna manera tocan el agua, pero basta que comiencen a navegar para observar cómo sus facciones y sus reacciones cambian totalmente. Sólo se escuchan risas que demuestran total satisfacción y placer por lo que están haciendo, aunque vayan de acompañantes sin poder remar; el hecho de tocar el agua con sus manos basta y sobra para que por lo menos por un ratito se olviden del mundo en el que les toca vivir. A otros les alcanza con sentir el viento en la cara, ser salpicados por unas gotitas de agua que el profe levanta con su pala o pasear por la orilla un ratito. Una vez realizada la primera pasada de aquellos que únicamente sentían temor y algo de timidez se espera la pregunta hecha por los profes más importante para ellos: “¿quién quiere remar?”. La desesperación y la ansiedad los alborota de tal manera que debemos frenarlos para que no quieran sentarse todos en un solo kayak y remar a la vez… desean enormemente repetir la experiencia una y otra vez y se hace corta la hora y media que dura la clase. El predio de la Escuela de Canotaje se llena de alegría y diversión, lo que demuestra que, a pesar de las dificultades, las ganas y la fortaleza permiten superar todas las barreras que nos impone la vida. Para ellos es una experiencia inolvidable y un aprendizaje que, sin dudas, los acompañará toda su vida. Pero lo que ellos no saben es que quien realmente aprende y a quien realmente le están enseñando a vivir es a mí. Güido R. Antonelli DNI 29.764.309 Lamarque

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Soy docente en el área de Educación Física, además de ser instructor de canotaje y llevar adelante en Lamarque el plan denominado “Canotaje escolar” que hace tres años lanzó la provincia. Nuestra función es acercar a chicos de diferentes instituciones escolares al río para realizar esta hermosa y placentera disciplina. El motivo de estas líneas es contar una experiencia personal que me tocó muy de cerca en el transcurso de más de un mes que hace que comenzó el plan. Después de una larga espera, pudimos incorporar al proyecto a la Escuela Especial Nº 20 de nuestra localidad, participación que se retrasó no sólo por falta de medios sino también por motivos de inseguridad que uno vaya a saber por qué acarreamos a la hora de trabajar con alguna capacidad diferente, tanto por falta de información como por impericia pedagógica para afrontar esta labor. Afortunadamente, comenzaron a concurrir una vez por semana en grupos conformados por seis alumnos con capacidades diferentes que van desde una parálisis motora, pasando por parálisis cerebral, hasta síndrome de Down, problemas de aprendizaje y otros. Los chicos se acercan con algún temor al agua, ya que para algunos no sólo es su primer contacto con un kayak sino también es su primer acercamiento al río. Temores propios de su condición son apreciables en el momento en que de alguna manera tocan el agua, pero basta que comiencen a navegar para observar cómo sus facciones y sus reacciones cambian totalmente. Sólo se escuchan risas que demuestran total satisfacción y placer por lo que están haciendo, aunque vayan de acompañantes sin poder remar; el hecho de tocar el agua con sus manos basta y sobra para que por lo menos por un ratito se olviden del mundo en el que les toca vivir. A otros les alcanza con sentir el viento en la cara, ser salpicados por unas gotitas de agua que el profe levanta con su pala o pasear por la orilla un ratito. Una vez realizada la primera pasada de aquellos que únicamente sentían temor y algo de timidez se espera la pregunta hecha por los profes más importante para ellos: “¿quién quiere remar?”. La desesperación y la ansiedad los alborota de tal manera que debemos frenarlos para que no quieran sentarse todos en un solo kayak y remar a la vez... desean enormemente repetir la experiencia una y otra vez y se hace corta la hora y media que dura la clase. El predio de la Escuela de Canotaje se llena de alegría y diversión, lo que demuestra que, a pesar de las dificultades, las ganas y la fortaleza permiten superar todas las barreras que nos impone la vida. Para ellos es una experiencia inolvidable y un aprendizaje que, sin dudas, los acompañará toda su vida. Pero lo que ellos no saben es que quien realmente aprende y a quien realmente le están enseñando a vivir es a mí. Güido R. Antonelli DNI 29.764.309 Lamarque

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