Capital
Surge la primera diferencia entre Jorge Sapag y Omar Gutiérrez: no acuerdan a qué candidato deben apoyar.
neuquén
Guillermo Berto gberto@rionegro.com.ar
Se presume que Horacio Quiroga mantendrá su promesa de convocar para algún domingo de septiembre a las elecciones de intendente de Neuquén. También, que es muy probable que se presente a la reelección. Esas dos variables, que dependen en forma exclusiva del actual jefe municipal, son las únicas con las que puede maniobrar en procura de una ventaja aunque sea mínima sobre sus competidores. Competidores que se mueven como si esas hipótesis (comicios en septiembre y Quiroga otra vez candidato) fueran certezas. Al Movimiento Popular Neuquino rara vez un proceso electoral lo sorprenderá con la guardia baja. Por eso ya convocó a internas abiertas para designar al candidato (o candidata) que lo representará cuando despunte la primavera. Anotados y anotadas en la línea de largada sobran, ya vendrá el pedido de “baño de humildad” (o el veto) para depurar la lista y al final quedarán, como mucho, dos. El Frente para la Victoria habla de una interna abierta para elegir candidatos que se haría junto con las PASO. Existe un compromiso previo entre dos de las fuerzas que convergieron en la elección de gobernador de apoyarse mutuamente: el Frente y la Participación de Ramón Rioseco y Libres del Sur de Jesús Escobar, que postula a Mercedes Lamarca. Habrá que ver si se mantiene y si conjuga con las otras agrupaciones. Quiroga calcula sus fuerzas, dicho en sentido amplio, antes de tomar una decisión. Sabe que en la ciudad capital tiene una base de votos interesante, intuye que si corrige rápido aspectos de la gestión y hace una campaña corta e intensa, pensar en el triunfo no es descabellado. Las correcciones ya las empezó, desalojando del gabinete al secretario de Servicios Urbanos, Sergio Sanfilippo. El motivo no fueron sus comentarios misóginos y homofóbicos en Twitter sino que no tapa bien los baches. Cada quien sabe a qué le da más importancia. En números (todos redondeados), Quiroga cosechó el 26A unos 40.000 votos en la ciudad que gobierna, más en la zona centro, menos en “los barrios del Oeste”. Es tentador inferir que ganó entre los vecinos que menos dependen de algunos servicios que el municipio presta muy mal (sí, el transporte colectivo) y donde es más difícil que incida el aparato del partido provincial. En el 2011, cuando se impuso en la intendencia, había obtenido más de 52.000 votos con un padrón de unos 20.000 electores menos. Son momentos distintos, candidaturas por lugares diferentes, con otro esquema de apoyos. Se incorporan al análisis con esas aclaraciones. Si repite en el municipio, ¿es para volver a ser candidato a gobernador en el 2019? Cuatro años son una eternidad como para semejante pronóstico. Lo que sí puede arriesgarse es una lectura contrafáctica: cuatro años sin cargo alguno para alguien como Quiroga equivalen a cruzar un largo desierto, más si su padrino político Mauricio Macri (¿lo sigue siendo?) es derrotado en las presidenciales. Hace 16 años que el Movimiento Popular Neuquino perdió la capital de la provincia. El más entusiasmado con la idea de recuperarla es Omar Gutiérrez, el gobernador que asumirá el 10 de diciembre. El 26 de junio serán las elecciones internas y abiertas de las que surgirá el candidato. Hasta ahora el gran elector del partido provincial ha sido Jorge Sapag. Las cosas le han salido tan bien que es difícil discutirle ese lugar. Pero los chicos crecen y Gutiérrez quiere tener, por lo menos, voz y derecho de veto. Si por él fuera, el candidato sería su amigo Pablo Bongiovani. Una de las contras del músico es que, si se presenta, en dos años habría atravesado tres elecciones pero sin completar ningún mandato: lleva apenas la mitad de su período de concejal y ni siquiera asumió como diputado provincial. La otra que suena con insistencia es Ana Pechen, pero si Gutiérrez es el elector (o al menos, ejerce poder de veto) sus chances disminuyen. Ambos arrastran rencores desde las PASO 2013, cuando la vice perdió contra Guillermo Pereyra y lo atribuye, entre otras razones, a la falta de apoyo del ministro de Hacienda (y del gobernador, vamos). Pechen y la otra aspirante que suele anotarse, Zulma Reina, comparten una desventaja adicional: no representan el recambio generacional, dicho con todo respeto. Si de lanzar nombres se trata, también hubo quienes hicieron circular el de Jorge Sobisch. Cualquiera sabe que nunca más ganará una elección, pero conserva un núcleo de votos propios. Sapag, huelga decirlo, ha tenido una actitud más bien generosa con su aparente adversario: nunca revisó sus actos de gobierno y hasta le permitió que aquí y allá meta gente de su palo en segundas o terceras líneas. Es decir, Sobisch no será candidato pero algún lugar le darán a referentes de su lista en la sábana de concejales. Quieren evitar que trabaje para algún adversario (¿Lamarca? ¿Quiroga?) o que con la excusa de “ayudar” en realidad tire gas pimienta y arruine a los propios. El abundante cronograma electoral está promediando. Arrancó en Chos Malal, siguió en Zapala (en ambos lugares el MPN volcó muchísimos recursos con diferente suerte, en los dos ganó el oficialismo municipal), después vino la provincial. Hoy hay elecciones en Plaza Huincul, una fecha tibia en el almanaque político. La temperatura volverá a subir con la competencia por la capital. Ni siquiera la elección de dos diputados nacionales y de un representante al Parlasur concita tanto interés. La razón es sencilla: quien gana la capital se pone en carrera para la gobernación. El Congreso, el Parlamento del Mercosur, en cambio, están muy lejos de la provincia. Ésta es la razón por la cual la elección del candidato del MPN a intendente de Neuquén, y la campaña misma por recuperar (o no) la ciudad, se está convirtiendo en el primer motivo de discrepancia entre Sapag y Omar Gutiérrez. Los dos piensan, en realidad, en el 2019.