Cara a cara con cóndores: un viaje que tenés que hacer
La Posta de los Cóndores es la casa de la familia De la Vega. Este apacible puesto rural fue un lugar transitado por caudillos como Facundo Quiroga y el Chacho Peñaloza, donde se afincaron los abuelos de Joyo de la Vega. Su sangre corre por todas y cada una de las piedras y árboles centenarios. Y se dice que en una de sus habitaciones pernoctó el Chacho, que andaba controlando el ganado. Desde aquí parten cabalgatas hacia el encuentro con el cóndor.
LA QUEBRADA DEL CÓNDOR
Para llegar hasta aquí desde La Rioja se debe tomar la Ruta 38 hasta Punta de los Llanos y doblar hacia el sur en la Ruta Provincial 29 hasta la localidad de Tama. Desde aquí nace un camino de tierra (transitable por autos comunes) hasta Paca Tala (20 kilómetros) y luego hay que seguir 20 kilómetros más ascendiendo el cerro hasta Santa Cruz de la Sierra. La posta Quebrada de los Cóndores tiene cinco cuartos con capacidad para albergar unas 20 personas. La estadía incluye el desayuno, almuerzo y cena con comidas típicas. Más info en www.postaloscondores.com.ar. turismolarioja.gov.ar
Para acceder hasta la morada del cóndor hay que andar a caballo unas dos horas cuesta arriba, partiendo del puesto a paso lento, cruzando arroyos y sorteando tramos rocosos. Este sitio perfumado está repleto de plantas aromáticas como la jarilla y el poleo, sembrado de acacias, quebracho colorado y nogales de hasta doscientos años. Durante el verano las lluvias bendicen estas tierras relativamente secas e inundan la sierra de cactus en flor. Amarillos, naranjas y rojos furiosos, cuasi fosforescentes, decoran e insuflan de vida a los secos cactáceos. La última parte, imposible para los equinos, se recorre a pie. 
Los llanos riojanos esconden uno de los mejores sitios del país para avistar cóndores. Un paraíso de clima agradable, perfumado por exquisitas aromáticas y regado de cactus en flor y nogales centenarios. Una tierra fértil que fue habitada por diaguitas y transitada por viejos caudillos. Pero, sobre todo, un lugar para el mágico encuentro cara a cara con el amo y señor de las alturas.
Una vez en el mirador de los cóndores, un enorme peñasco a 1.800 metros de altura, sólo resta aguardar. El lugar es maravilloso, una vista privilegiada de montañas tapizadas de verde en cuyos recovecos anidan estas aves legendarias, el cóndor es carroñero y el olor a carne resulta irresistible. Por eso a veces para atraerlos es bueno llevar un poco de carne. 
El regreso al atardecer es un espectáculo aparte. Los cielos de la quebrada se tiñen de ocre y el sol cae lento tras las montañas. Los llanos riojanos siempre fueron relacionados con el desierto y la emergencia hídrica. La mayoría de la gente no sabe que existen estos lugares, un paraíso. Llegar hasta la posta ya es una aventura en sí misma, porque está en el corazón de la sierra. 
El cóndor es el ave insignia de Sudamérica, el dueño de las alturas, inspirador de leyendas milenarias. Antiguamente, era sacrificado por los pueblos originarios, convencidos de que bebiendo su sangre heredarían su energía y poder. Constituye una especie cuyas enormes dimensiones la convierten en el ave voladora más grande del planeta: puede llegar a medir más de tres metros desde una ala a la otra; aproximadamente un metro y medio de largo de la cabeza a la cola. Los machos pesan hasta quince kilos y las hembras unos once. El cóndor es monógamo y eligen a su compañero de por vida. Cuando uno muere, el otro se suicida tirándose en picada.
La Secretaría de Turismo de La Rioja está trabajando en obras de jerarquización turística. Una de ellas es el avance de los miradores de aves ubicados en lugares estratégicos en las sierras. El avistaje es un segmento del turismo que viene en franco crecimiento a nivel mundial y en la provincia el cóndor andino es el gran protagonista en las Sierras de los Quinteros. Estos miradores permiten tener la experiencia de apreciarlo a sólo pocos metros.
El cóndor, a lo lejos, puede confundirse con el jote, mucho más chico, de vuelo menos vistoso y sin el collar que caracteriza al emperador de las alturas. El cóndor juvenil se diferencia del adulto por el color del plumaje: son grisáceos y el collar debajo del cuello es color café. En tanto los mayores son negros con collar blanco. Su elegante vuelo, veloz y armónico, impresiona. Así como sus garras y su plumaje, que extendido resulta majestuoso e infunde tanta admiración como respeto.
Guido Piotrkowski
LA QUEBRADA DEL CÓNDOR
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