Bad Bunny: algo distante

Por Carta de lector

Alejandro De Muro
demuroalejandro4@gmail.com
DNI: 5.081.245

BUENOS AIRES

Muchos hablan de Bud Bunny. Lo alaban y confirman, a través de teatros y estadios colmados, el hechizo que ejerce sobre ellos. En medio del pandemónium desatado por el puertorriqueño, entendí que no debía mantenerme al margen. No al extremo de concurrir a sus conciertos pero, por lo menos, de escucharlo para poder expedirme.

Mi primera conclusión, al oír su voz, fue que carecía de un timbre agradable y de una dicción clara. Después, el ritmo monocorde de sus temas y la ausencia de letras cautivantes, me convencieron de que debía bajarle el pulgar.

A esta altura de mi juicio sumarísimo, imagino los denuestos que recibiré de parte de sus admiradores. Sin embargo, a pesar de que me expreso -muy probablemente- ante un auditorio desigual, favorable al artista, considero que los muchos años vividos y mi condición de melómano (claro que de otros géneros, más autóctonos) me habilitan para opinar. Porque, en mi caso, discrepar no implica menoscabar.

Puerto Rico dio lugar a numerosas figuras que enriquecieron el cancionero del archipiélago. La música romántica y el bolero, en particular, añora la actuación de compositores e intérpretes de la talla de Tito Rodríguez, Boby Capó, Johnny Albino y Chucho Avellanet, entre otros. Asimismo, celebra que José Feliciano y Lucecita Benítez´(octogenarios) aún permanezcan a nuestro lado.


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