Cuando la calle marca el límite

Por Carta de lector

Cristian Edward Rodicio
DNI. 34.958.877
Pte. Mesa Viedma – Partido del Trabajo y la Equidad de Rio Negro

El intento del gobierno nacional de avanzar con la denominada “Ley de inviolabilidad de la propiedad privada” dejó al descubierto mucho más que una simple derrota legislativa, terminó exponiendo un desgaste político profundo, una desconexión evidente con amplios sectores de la sociedad y el límite que puede lograr imponer la voluntad popular cuando se la ignora.
Detrás de un título que, según el ala libertaria, buscaba resguardar derechos fundamentales, se escondían capítulos y disposiciones que generaron un fuerte rechazo social. No se trataba únicamente de una discusión técnica o jurídica, sino de medidas percibidas como perjudiciales para el conjunto del pueblo argentino. Esa lectura no tardó en trasladarse desde el análisis político a la calle.

La reacción social fue inmediata, donde ciudadanos, organizaciones y distintos sectores comenzaron a manifestarse, marcando un clima de tensión creciente que el oficialismo subestimó. En paralelo, la falta de coordinación interna, las tensiones con gobernadores y las diferencias dentro del propio espacio político fueron debilitando aún más la estrategia del gobierno en el Congreso. Lo que debía ser una demostración de fortaleza terminó convirtiéndose en un escenario de fragilidad.

Pero hubo un factor que terminó de torcer el brazo de algunos senadores a la hora de votar a favor de este proyecto, y tuvo que ver con la presión social, la cual logró trascender los ámbitos tradicionales de la política. Voces del mundo de la cultura y el espectáculo, con gran capacidad de llegada, comenzaron a expresarse públicamente en contra de la iniciativa. Esa intervención no fue menor en una sociedad donde las referencias simbólicas tienen peso, el pronunciamiento de figuras reconocidas contribuyó a instalar el tema en la agenda masiva y a consolidar el rechazo.

El Congreso, lejos de ser una burbuja aislada, sintió ese impacto. Los senadores, que no pudieron hacerse los despistados al pulso social de sus provincias, repensaron sus posicionamientos. La combinación de movilización ciudadana, presión mediática y fisuras políticas internas terminó inclinando la balanza.

Este episodio deja varias lecciones, la primera es que no hay construcción política sostenible si se avanza sobre medidas que la sociedad percibe como injustas o perjudiciales. La segunda es que la calle sigue siendo un actor central en la vida democrática argentina, poniendo los ojos sobre sus representantes, condicionando así sus decisiones.

Y la tercera, no menos importante, es que el poder político no puede subestimar el impacto de la opinión pública amplificada por nuevos actores sociales y culturales.
En definitiva, lo ocurrido confirma una verdad histórica de la política argentina, cuando el poder se aleja de la gente, la gente encuentra la forma de hacerse notar. Y cuando eso sucede, no hay mayoría parlamentaria que alcance para sostener lo insostenible.


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