De pequeños nietos, grandes reflexiones
Muniz, Buenos Aires
Alejandro De Muro
demuroalejandro4@gmail.com
Conversar con mis nietos pequeños y atesorar algunas de sus más lúcidas reflexiones, siempre fue uno de mis objetivos primordiales. Cuando advertí que el paso de los años minaba mi memoria y conspiraba contra ello, para que ese entrañable caudal no se perdiera, apelé a la escritura.
Sofía, de 7 años, testigo de la instalación de una alarma en mi casa, escuchó la enfática recomendación de mi esposa Ana: “¡Recordá -siempre- el código de seguridad!” Mi nieta esperó que se alejara y me consultó: “¿Escuchaste bien?” Por supuesto, la respuesta fue afirmativa y procuró tranquilizarla. Su comentario final, toda una advertencia: “Hacele caso y tené en cuenta que, yo, soy ‘la abuela Ana chiquita’”. Por si quedaran dudas dejó en claro quién, a partir de ese momento, en la retaguardia, asumía el rol de aliada.
Tanto a ella como a María Antonia y a Manuel, de 5 y 6 años respectivamente, el fallecimiento de mi mujer los afectó profundamente. La última de estas criaturas, el mismo día de producido, le dijo a su mamá: “¡Pobrecito abuelo; esta noche tendrá que dormir solo!” Compadecido y en orden a lo desvalido que quizá me veía, ni siquiera me adjudicó el título de pobre. Es probable que, en ese contexto, se haya preguntado de modo perturbador: “¿Y si yo estuviese en su lugar?…”
En otra ocasión, en el living de mi hogar, su inquietud fue: “¿Esos anteojos de abuela (para él, certeza plena), que están sobre la mesa, los dejás ahí para recordarla?” Le contesté que eran míos y poseía dos modelos: los puestos y los allí apoyados. Para ver de cerca y de lejos, agregué. Omitió pntualizarlo. Sin embargo es muy factible que, terminado el diálogo, creyera que su deducción no había sido tan descabellada.
La niña, a su vez, se lamentó: “¡Qué lástima que te hayas quedado ahora sin ‘familia’”! Deduje que, en su opinión, la pérdida iba más allá de una mera ausencia: no concebía un núcleo, de ese carácter, sin los dos miembros de una pareja juntos.
El collar de citas se cierra con una premonición también de Manuel: “Un día, mi mamá se va a quedar sin su papá. Vos te irás al cielo, para reencontrarte con abuela, y darle un beso en la boca…”
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