El fracaso de los ídolos
Alejandro De Muro
DNI 5.081.245
MUÑIZ. BUENOS AIRES
En los clubes, los éxitos y las derrotas se contabilizan de manera taxativa; pasan a engrosar el historial de cada uno. En el caso de Boca Juniors, su reciente traspié ante Universidad Católica y su apartado de la Copa Libertadores ha generado una enorme desazón. La menos significativa se vincula con la cuantiosa pérdida económica sufrida. Sus arcas se han visto privadas de incorporar ingentes sumas; directamente relacionadas con el eventual ascenso en la pirámide competitiva.
Pero la que más cuenta -y deja huellas imborrables- afecta a los hinchas que vieron cómo, un desempeño paupérrimo de su equipo, los dejó fuera de un certamen por demás ansiado y esquivo desde hace varios años.
Logros y frustraciones tienen dueños que están estrechamente ligados a las cúpulas de poder. Desde que Román Riquelme es cabeza de la entidad, la magra participación en torneos locales e internacionales ha sido notoria. La evidencia marca que los ídolos, carentes de formación empresaria y devenidos en dirigentes, no garantizan aciertos. Gambetas, cabezazos y “caños” memorables, no dan por sentado que eso, por sí solo, faculta para elaborar un buen presupuesto o para saber elegir a un entrenador idóneo.
El “10” en cuestión, el mejor de la historia Xeneize, creyó que el desempeño al frente de la institución le granjearía ovaciones similares a las obtenidas sobre el césped de la Bombonera.
En un plano similar, Daniel Passarella, quizá el mejor “6” de los que actuaron en el fútbol argentino, también colapsó. Su gestión quedará asociada, por siempre, a un episodio humillante: el descenso del Millonario a la “B”. Duele advertir cómo funciones administrativas deslucidas esmerilan y pueden condenar al ostracismo a futbolistas excepcionales.
Alejandro De Muro
DNI 5.081.245
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