Entre el caos para estacionar y los baches
Cristian Edward Rodicio
DNI. 34.958.877
VIEDMA
En Viedma el debate sobre el estacionamiento en el centro y sus alrededores volvió a escena, pero no por planificación ni por una política urbana consistente, sino por la acumulación de problemas que durante años no se quisieron (o no se supieron) abordar a tiempo.
Desde el Ejecutivo municipal se plantea que “tenemos que aggiornarnos y entender que no podemos pretender llegar a nuestro trabajo y encontrar estacionamiento en la puerta”, como si el problema fuera la comodidad de las personas y no la ausencia de una estrategia integral que ordene la ciudad.
La afirmación de la jefa de Gabinete, en lugar de transmitir previsibilidad, suena más a advertencia tardía que a solución pensada. Porque si algo queda claro es que el caos actual no apareció de un día para el otro. El crecimiento del parque automotor, la concentración de servicios en la zona céntrica, la incorporación de bicisendas y la falta de medidas reales no son novedad. Sin embargo, la respuesta llegó tarde, mal y sin consenso.
El problema del microcentro de Viedma no se limita solo a estacionar el auto. Basta con recorrer unas pocas cuadras para encontrarse con otro síntoma evidente de la falta de gestión, y tiene que ver con las roturas de las calles que hacen imposible transitar. Cada vez más, cada vez más grandes, y cada vez peor reparados. La escena se repite, se tapa un pozo con materiales precarios, llega la primera lluvia y la “solución” se desarma como si nunca hubiera existido.
Esa lógica de parche permanente no solo implica un derroche de recursos públicos, sino también una falta de respeto hacia quienes transitan la ciudad todos los días. Comerciantes, trabajadores, vecinos, todos padecemos las calles que no solo deterioran vehículos, sino también la calidad de vida urbana.
Lo más preocupante es la ausencia de medidas de fondo. No hay un plan sostenido de repavimentación, ni controles de calidad visibles en las obras, ni una estrategia que apunte a resolver el problema estructural. Se actúa sobre la urgencia, pero nunca sobre la causa concreta a tiempo.
Gobernar implica anticiparse, planificar y dar respuestas de fondo, no administrar la urgencia con soluciones precarias que se diluyen con la primera lluvia.
Viedma necesita decisiones firmes, inversión sostenida y una mirada integral que priorice la calidad de vida de sus vecinos.
Porque cuando el Estado se limita a reaccionar, la ciudad se deteriora, pero cuando decide ordenar y proyectar, la ciudad crece. Hoy, lamentablemente, estamos más cerca de lo primero que de lo segundo.
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