Instituciones que acompañan

Por Carta de lector

Fabián Wotnip
fwotnip@yahoo.com.ar

Pensé estas líneas en privado, pero el silencio, cuando es injusto, también hiere. Hay soledades que deben decirse para dejar de ser destino y volverse conciencia.
Estuve solo cuando murió mi paciente. Solo ante una vida que se apagaba y un sistema que no supo sostenerla. Estuve solo cuando la guardia se retiró. Estuve solo cuando la defensa institucional no me amparó. Estuve solo cuando la administración me despidió, como si la vocación pudiera archivarse. Estuve solo cuando me llevaron a juicio oral, no por una falta probada, sino por una sospecha convertida en condena.
De esa soledad aprendí lo que no enseñan los protocolos: que la resiliencia no es consuelo sino tarea; que el espíritu se afirma cuando no hay otra opción; que la dignidad, aun herida, puede sostenerse.
La Ley de Salud Mental, nacida para proteger, no puede en su aplicación distorsionada criminalizar al psiquiatra, perseguirlo o someterlo a procesos sin sustento. No se cuida a los pacientes desamparando a quienes deben cuidarlos. No hay salud posible desde la desconfianza sistemática.La psiquiatría necesita instituciones que acompañen, leyes que equilibren y una sociedad que comprenda la complejidad del sufrimiento psíquico.


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