Los baches en la Ruta nacional 23




Jorge Castañeda VALCHETA

Como aquella viuda que menciona la Biblia que reclamaba insistentemente ante el Juez injusto que no la atendía no me canso de reiterar respetuosamente mis reclamos desde hace varios años para la colocación de balanzas sobre la Ruta Nacional N 23.

Quién la transita recurrentemente podrá apreciar que los baches crecen como hongos sobre la misma, la que en ciertos tramos está muy deteriorada.

Eso, supongo, por los camiones excedidos de peso, y sin ningún control por la ausencia de balanzas como se debería.

A veces llegamos a destino, como escribió Julio Cortázar en uno de sus poemas, “después de andar de bache en bache”, pero estos sí que no son ni cuento ni poesía. Están. Y al acecho del incauto automovilista. Algunos -con el perdón de la astronomía, parecen verdaderos agujeros negros.

Está a las puertas la próxima temporada estival y el año que viene, se espera, la terminación de la ruta. Pero quedan los baches. Y la reconstrucción del puente a la altura del arroyo de Nahuel Niyeu.

Y reclamo con todo respeto: “Por favor no se olviden de la 23”, porque ha costado mucho su realización.

Y completa y reparada que bueno sería festejar con otra “Caravana del Asfalto”, pero esto al verla terminada.

Del nombre, importa poco, para nosotros siempre será la 23, así, a secas nomás.


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