Los testigos de la educación que impartimos: nuestros alumnos
El enfoque de este escrito, dirigido a docentes estudiantes, periodistas y público en general, analiza los conceptos más usados en nuestra vida diaria y en el aula, en los medios de comunicación y su manera de corregirlos con un lenguaje claro y sencillo que facilita su abordaje. No nos basamos en “eruditas” lecciones, planificaciones larguísimas que no sirven para aplicarlas en los educandos, sino, simplemente, en nuestra experiencia por haber transitado más de treinta años en las aulas. Uno de los problemas más serios por los que atraviesa la escuela media argentina es la necesidad de adecuación de planes y programas a los cambios que sufre la sociedad en general.
Sin embargo, si esto no se produjera, el profesor continúa siendo el “dueño” de su aula: allí optimizará la enseñanza a través de un diagnóstico que le mostrará la realidad de alumnos con los que debe interactuar en ese ciclo lectivo. Deberá, también, no pensar que el educando tiene saberes previos y que, por eso, no hay espacio para el aprendizaje; debe revisar convenientemente los contenidos de años anteriores o por lo menos los que necesita para transitar los nuevos. Y detenerse de ser necesario en ellos.
No es solo tarea del profesor de lengua corregir errores y el buen hablar. El profesor de matemáticas, de física, de química, de tecnología, por ejemplo, ejercita el lenguaje solicitándole al alumno la explicación del resultado del problema, cómo se llega a esa conclusión. Con esto queremos decir que en el aula el docente no debe marcar una barrera de discriminación, sino que debe corregir. Tanto la enseñanza de la Historia como de la Educación Cívica en la escuela media planteó y sigue planteando las mismas problemáticas: ¿cómo enseñar de manera correcta las Ciencias Sociales? ¿qué se debe hacer para que las clases sean amenas, claras y, sobre todo, comprensibles? ¿cómo se debe conducir el docente para traer las nociones históricas al presente del alumno, mediante ejemplos concretos y claramente reconocibles? Para ello, es necesario: seleccionar y ordenar contenidos, de acuerdo con el tiempo disponible por la currícula (no la acumulación informe de datos).
Además, el alumno debe lograr una expresión acabada y correcta de lo leído y traerlo a la realidad. Otro error frecuente es que se dan por sabido competencias y terminología que el alumno debió aprender en años anteriores, y a pesar de ello no tiene fijado ese conocimiento. La enseñanza de la Historia en la escuela técnica me hizo reflexionar acerca del “para qué” de su enseñanza, del sentido de su estudio. Es necesario el aprendizaje de las épocas históricas, la formación de la lengua castellana. Centraré esta guía en lo que creo básico para la enseñanza, no sólo de la Historia sino de todas las asignaturas: la expresión oral y escrita, tema central que debe ser cuidado por los profesionales de todas las disciplinas (tanto humanísticas como técnicas).
Sin ahondar demasiado en ello, quiero remarcar la correcta utilización del lenguaje y el adecuado análisis de textos, cuestión que adquiere gran incidencia en el fracaso al momento del ingreso a la universidad. La escuela de hoy debe brindar al educando un proceso de enseñanza-aprendizaje entendido como proceso formativo, integral y permanente del hombre, que posibiliten su desarrollo y sus capacidades para asumir y generar el cambio social. Para hablar de la realidad social y cultural no se debe ignorar el mundo antiguo clásico, los movimientos culturales, las revoluciones.
Observo con asombro que los colegas toman un hecho contemporáneo y durante todo el ciclo lectivo se centran en ese tema, y luego, por ejemplo, el alumnado, desconoce el hecho patrio que conmemoramos en determinado feriado.
Acompaño estas reflexiones acerca de la enseñanza de las Ciencias Sociales con una foto en la escalinata de la escuela San Martín en la década del ‘70, donde observamos a personal de la escuela, de izquierda a derecha: Sra. de Ellis; preceptora Orquídea; Prof. Benedicto Ocampos; Sra. Sara Santamaría; preceptora Rosita García; Prof. Aurelio García; Prof. Carolina de Lugones, entre otros, aquellos que fueron ejemplo de mi elección en el profesorado y que marcaron una huella profunda en mí.
Pero… ¿estamos seguros de que el alumno, ingresante a la universidad, al mundo del trabajo y a la vida cívica, está correctamente capacitado para leer, escribir, analizar un texto de cualquier materia, redactar una nota solicitando trabajo, comprender sus deberes cívicos, sus derechos y obligaciones, la Carta Magna de su país? A tantas preguntas… tantas respuestas… siempre con la cabeza y el corazón puestos en los testigos de la educación que impartimos: nuestros alumnos.
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