Casi dos décadas de trabajo

Por Redacción

ROCA (ACE).- Carlos Somigliana es antropólogo, tiene 46 años y hace algo más de 19 que trabaja con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), creado en 1984 para el reconocimiento de las víctimas de la dictadura que figuraban como desaparecidas (NN).

Además de Argentina, el trabajo lo llevó a lugares como Etiopía, Centroamérica, El Salvador o Bolivia en julio de 1997, cuando el EAAF recuperó los restos del «Che» Guevara y de otros seis compañeros de Guevara que habían sido enterrados junto al líder guerrillero.

Se unió al EAAF mientras era estudiante de antropología, y trabajaba para la Justicia en el momento en que se llevaba a cabo el Juicio a las Juntas.

«Tenía compañeros de la carrera que eran parte del equipo, y me uní a ellos», dijo.

Estuvo en Roca cuando se llevaron a cabo las charlas que se realizaron con los fiscales federales que tienen a su cargo las causas de las víctimas de la última dictadura, los primeros días de agosto.

El trabajo del EAAF fue la primera evidencia científica de los «vuelos de la muerte», cuando el año pasado se identificaron los restos de las madres Azucena Villaflor de Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga, María Ponce de Blanco, los restos de la monja francesa Leonie Duquet y de otras siete personas.

Todo el grupo figuraba como NN en el Cementerio de Lavalle luego de aparecer en playas bonaerenses, y debido a los testimonios realizados en sede judicial por víctimas de la dictadura, se pudo establecer que habían sido secuestradas en la calle o en la iglesia, luego vistas en centros de detención clandestinos, «trasladados» por los responsables de los centros de torturas y con el aporte científico, se determinó que el destino final fue el de las tumbas NN tras ser recuperados sus cuerpos del Río de la Plata.