Celos

Por Redacción

-Consigamos dos alcancías. El que se pone celoso, mete un dólar. -¿Al oficial o al paralelo? -se desentendió Isidoro Reyes. -El que vos quieras, pero ponelo. Y sin trampa. Latana Buendía logró llegar a este acuerdo, medio en serio y el resto en broma. Nunca se consideraron celosos hasta que se chocaron con situaciones que demostraron lo contrario. -¿Por qué, ya ebrio, te pusiste celoso en el casamiento? -Bueno, me enteré en medio de la fiesta que habías tenido una historia con el flaco que se casaba. -¿Y? Básicamente todos tenemos una historia previa. -Yo solo estuve con vos. -Reyes, pensé que querías hablar en serio… Te confieso, algo: saber tu historia también me pone un poco celosa. -¿De verdad? Eso está bueno, contame más. -Qué infantil… Sí, me pongo rara cuando hablás de tu pasado o cuando dormimos en una cama en la que hubo otras. -Perfecto, ya entendí: cambiamos la cama. -Bue… ¿y me decís por qué te pusiste celoso? -Qué sé yo, ¿debe ser por algún miedo? -¿A qué? -No sé, ¿a perderte? Mi terapeuta dice que cuando estoy completamente seguro, me aburro. Que me ve mejor con una mujer libre. Me recuerda a Chiozza, que dice que los celos generan una especie de inestabilidad que al final puede ser saludable, más allá de que aclara que la estabilidad es un fundamento básico para la pareja. Explica que hay que alcanzar un equilibrio dinámico, que se mantiene gracias a cierta plasticidad para el cambio. Creo que un antídoto para los celos sería aceptar la incertidumbre, adoptarla como lo que es: parte de la vida. -Pese a que siempre creí que no era celosa, ahora no me da vergüenza admitirlo. -¿Te cayó mal el Campari? -¿Reyes, por qué no parás de hacerte el canchero? -El humor es un bálsamo para el alma… Te soy sincero: los celos para mí son un anticipo ante un sentimiento de posible pérdida. -¿Lo tenés a Benavente? El español, Nobel de Literatura. Bueno, dijo: “El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta”. La conversación se diluyó un rato. Reyes se enfocó en su celular: “¡Listo! ¡Me recibí, soy psicóloga!”, decía Roberta Moliné. “¡Muy bueno! Escuchame un cosa, licenciada, ¿qué pensás de los celos?”. -Ufff, celos…. Te respondo como en charla de café. Cuando son desbordantes, son insoportables. Todos dicen que son inseguridades propias. A mi, nada de celos me da la sensación de indiferencia. Cuando amás se mueve algo y a veces aparece en forma de celos. Es feo sentir celos pero es lindo que te celen un poco. La cabeza juega mucho: podés controlar, entender y hasta enfermarte de celos. Aunque son cosas distintas, en el mundo animal estar en celo es atraer al otro, y el otro se vuelve loco. Jugamos ese juego y tiene que ver también con la histeria. La histérica se siente desplazada, nunca le alcanza. Me parece que divagué, jaja. También hay celos entre amigos, hermanos o pares. A veces siento celos y me dura unos segundos, hasta que me doy cuenta de que no vale la pena contaminar la cabeza con cosas inútiles”. Reyes dejó el celular, le tocó el hombro a Latana y le dijo: “Creo que con lo de la alcancía vamos a estar parejos, eh, ¿arreglamos un empate?”.

Juan Ignacio Pereyra pereyrajuanignacio@gmail.com

–Consigamos dos alcancías. El que se pone celoso, mete un dólar. –¿Al oficial o al paralelo? –se desentendió Isidoro Reyes. –El que vos quieras, pero ponelo. Y sin trampa. Latana Buendía logró llegar a este acuerdo, medio en serio y el resto en broma. Nunca se consideraron celosos hasta que se chocaron con situaciones que demostraron lo contrario. –¿Por qué, ya ebrio, te pusiste celoso en el casamiento? –Bueno, me enteré en medio de la fiesta de que habías tenido una historia con el flaco que se casaba. –¿Y? Básicamente todos tenemos una historia previa. –Yo sólo estuve con vos. –Reyes, pensé que querías hablar en serio… Te confieso, algo: saber tu historia también me pone un poco celosa. –¿De verdad? Eso está bueno, contame más. –Qué infantil… Sí, me pongo rara cuando hablás de tu pasado o cuando dormimos en una cama en la que hubo otras. –Perfecto, ya entendí: cambiamos la cama. –Bue… ¿y me decís por qué te pusiste celoso? –Qué sé yo, ¿debe ser por algún miedo? –¿A qué? –No sé, ¿a perderte? Mi terapeuta dice que cuando estoy completamente seguro, me aburro. Que me ve mejor con una mujer libre. Me recuerda a Chiozza, que dice que los celos generan una especie de inestabilidad que al final puede ser saludable, más allá de que aclara que la estabilidad es un fundamento básico para la pareja. Explica que hay que alcanzar un equilibrio dinámico, que se mantiene gracias a cierta plasticidad para el cambio. Creo que un antídoto para los celos sería aceptar la incertidumbre, adoptarla como lo que es: parte de la vida. –Pese a que siempre creí que no era celosa, ahora no me da vergüenza admitirlo. –¿Te cayó mal el Campari? –¿Reyes, por qué no parás de hacerte el canchero? –El humor es un bálsamo para el alma… Te soy sincero: los celos para mí son un anticipo ante un sentimiento de posible pérdida. –¿Lo tenés a Benavente? El español, Nobel de Literatura. Bueno, dijo: “El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta”. La conversación se diluyó un rato. Reyes se enfocó en su celular: “¡Listo! ¡Me recibí, soy psicóloga!”, decía Roberta Moliné. “¡Muy bueno! Escuchame un cosa, licenciada, ¿qué pensás de los celos?” –Ufff, celos…. Te respondo como en charla de café. Cuando son desbordantes, son insoportables. Todos dicen que son inseguridades propias. A mí, nada de celos me da la sensación de indiferencia. Cuando amás se mueve algo y a veces aparece en forma de celos. Es feo sentir celos pero es lindo que te celen un poco. La cabeza juega mucho: podés controlar, entender y hasta enfermarte de celos. Aunque son cosas distintas, en el mundo animal estar en celo es atraer al otro, y el otro se vuelve loco. Jugamos ese juego y tiene que ver también con la histeria. La histérica se siente desplazada, nunca le alcanza. Me parece que divagué, jaja. También hay celos entre amigos, hermanos o pares. A veces siento celos y me dura unos segundos, hasta que me doy cuenta de que no vale la pena contaminar la cabeza con cosas inútiles”. Reyes dejó el celular, le tocó el hombro a Latana y le dijo: “Creo que con lo de la alcancía vamos a estar parejos, eh, ¿arreglamos un empate?”


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